Meritorias

Carmen Ruiz, la estudiante de ingeniería de IA que prioriza sus estudios al fútbol

La madrileña está atenta a todos los avances tecnológicos, sobre todo los que puedan estar relacionados con el mundo del fútbol para "ponerlas en práctica en los terrenos de juego"

Al cumplir 18 años Carmen Ruiz tuvo que tomar la primera decisión importante de su vida. Se trataba, en la medida de lo posible, de encauzar su futuro profesional. Por un lado, estaba la idea de continuar ligada al fútbol, y de otro, empezar su formación como ingeniera de Inteligencia Artificial. Había que compatibilizarlo todo. No quería renunciar a nada. Priorizó los estudios y así fue como aterrizó en San Sebastián donde la escuela de ingenieros de la Universidad de Navarra, que tiene su campus en la capital guipuzcoana, llevaba dos años ofertando este grado y en Madrid solo había un centro que ofreciera esta materia.

Y como lo de ser futbolista era algo que tiene metido entre ceja y ceja “desde que estaba en tercero de primaria”, su padre le ayudó a buscar equipo. Eligió el Antiguoko -ubicado en el barrio de El Antiguo- “donde me han acogido con mucho cariño y donde nos apoyamos mucho entre todas”.

Tras su primer año fuera de Madrid, Carmen ya tenía ganas de volver a Madrid a pesar del calor “porque en esta época del año en San Sebastián se duerme bastante mejor”. Cuando vivía con sus padres siempre quería irse de viaje con sus amigos al llegar las vacaciones “para escapar un poco de aquí”. Ahora, la vida le ha cambiado. Prefiere estar relajada unos días con su familia. Esa era, al menos, la idea inicial porque el relax le ha durado esta vez bastante poco. Es una joven a la que siempre le ha atraído el mundo del voluntariado a raíz de varias experiencias vividas en Madrid con personas desfavorecidas. Por edad, nunca había podido hasta ahora cumplir su sueño de salir fuera para realizar la misma tarea, así que en breve se va a ir dos semanas con un grupo de jóvenes de su colegio mayor a una zona “muy pobre” de India “para cuidar a personas mayores y ayudar a los discapacitados”.

El balón, hasta de vacaciones

La madrileña es de las que se lleva el balón de fútbol a todas partes, hasta en vacaciones. Y así, desde bien niña, cuando jugaba en la “urba” con sus hermanos. “Es algo que siempre me ha gustado”, espeta. Tenía tanta afición que su padre, junto a otros progenitores, se vio un tanto obligado a reconvertir un club de tiempo libre llamado Abedul en un equipo de chicas. Poco a poco Carmen fue reclutando a algunas compañeras para unirse al grupo. Era el alma mater de todo, la que liaba al resto para acompañarle en su aventura “aunque la verdad es que al final creo que ninguna de ellas siguió jugando cuando dejaron el colegio”.

El equipo de sus amores

Tres años después se enroló en el Atlético de Madrid -el equipo de sus amores- y un año más tarde se fue al Tacón, lo que hoy en día es el Real Madrid femenino. El cambio de nombre llevó aparejado la desaparición de las categorías inferiores del club y no le quedó más remedio que buscarse la vida en otra parte.

Finalmente recaló en el Madrid Club Fútbol Femenino donde permaneció cinco años desde infantil hasta juvenil. No era un destino cualquiera. Había sido fundado en 2010 y desde hace ocho temporadas milita en la Primera División del fútbol femenino. Se trata, además, de un club que solo tiene equipo de chicas y que es uno de lo más prolíficos en formar buenas jugadoras debido a su política de cantera. No es extraño, por tanto, que en San Sebastián se uniera al Antiguoko, con una política bastante similar. Fue una recomendación de por su propio padre que lo conocía de haber estudiado la carrera en San Sebastián. “Vamos, que ya tenía equipo antes incluso de saber si me aceptaban en la universidad”, añade.

Tal vez en Inglaterra desconozcan que tres entrenadores de la Premiership salieron de allí: Andoni Iraola (Liverpool), Mikel Arteta (Arsenal) y Xabi Alonso (Chelsea) o jugadores mundialistas como Martín Zubimendi (Arsenal). En su versión femenina -creada hace seis temporadas- se ha convertido en un club “muy familiar”, según comenta Carmen Ruiz, que ha quedado en la sexta posición dentro de la Liga vasca. No estar en la élite no significa en modo alguno que las jugadoras puedan relajarse lo más mínimo en la época estival. Los entrenadores les ponen en planning que tienen que cumplir para regresar en buenas condiciones en pretemporada. “Todas sabemos que cuidarnos en nuestra obligación así que nadie se queja”, señala.

Una vida espartana

Su vida en San Sebastián es un poco espartana. “Me levanto todos los días a las siete en punto y a las nueve ya estoy en la universidad”. Cuando acaba -sobre las 13.30 horas-, tiene una hora para comer. Después se pone estudiar hasta la hora que tenga que ir a entrenar “que suele ser sobre las seis de la tarde”. Si de algo está orgullosa la ciudad es de su equipo de fútbol. “Aún recuerdo cómo estaban los alrededores del ayuntamiento cuando vinieron de ganar la Copa”, dice. Lo que obvia es que lo hicieron tras vencer a su equipo del alma, así que no tenía motivos para la celebración. “En cambio varias amigas mías del colegio mayor sí fueron hasta La Concha por el ambiente que había”. Ella prefirió quedarse en la sala de estudios repasando sus apuntes. “Fue una pasada, aunque yo estaba un tanto deprimida estudiando”, afirma entre risas.

¿Cómo lleva lo del euskera una madrileña? “Pues ahí vamos, poco a poco”, admite. De hecho, se suelta un poco en los entrenamientos con algunas palabras. Entre sus amigas del colegio mayor, como es lógico, no existen problemas porque todas son del fuera del País Vasco. Cosa bien distinta que cuando acude a las instalaciones deportivas del Antiguoko. “Es que todas ellas son de allí y hasta el entrenador se pone a hablar en euskera sin darse cuenta”, comenta.

La cosa nunca pasa a mayores porque hay alguien que se da cuenta de su presencia y con un: “¡Eh, que está Carmen!”, todo queda arreglado al instante. Lo curioso es que al fisio no se le debe dar muy bien hablar en castellano y se lo tienen que traducir. Su intención para la próxima temporada es ir aprendiendo aún más palabras y frases, una forma de demostrar que su proceso de adaptación al club es una realidad más que un deseo pasajero.

Ingeniería de IA

Como estudiante de Ingeniería de Inteligencia Artificial está atenta a todos los avances tecnológicos, sobre todo los que puedan estar relacionados con el mundo del fútbol. “No me importaría dedicarme en el futuro a este tipo de actividades para aplicar todas las enseñanzas recibidas y ponerlas en práctica en los terrenos de juego”, indica. De momento el campo a explorar es muy amplio, aunque tal vez todo vaya demasiado deprisa. Y es  que ya hay quien es capaz de atreverse a acertar el próximo campeón de la Copa del Mundo. El grupo de banca de inversión estadounidense Goldman Sachs ha revelado que la gran favorita es España. ChatGPT primero, y más tarde una IA aplicada a la competición, llegaron a la misma conclusión.

El último pronóstico se basó en un algoritmo de aprendizaje automático que combina resultados de partidos históricos, la capacidad de cada equipo basada en las cuotas de 24 casas de apuestas, la calificación promedio de los jugadores de cada equipo, según su desempeño individual en sus clubes y selecciones nacionales, e incluso el valor de mercado promedio de todos los jugadores. Al margen de pronósticos basados en algoritmos que el propio fútbol es capaz de sepultar en décimas de segundo, Carmen Ruiz ve “muchísimas” otras aplicaciones que pueden resultar de lo más útiles tanto a los jugadores como a los entrenadores o incluso a los árbitros. La estudiante madrileña explica que la IA puede servir para analizar el comportamiento del equipo rival, las estrategias a diseñar, la planificación de fichajes y hasta para prevenir lesiones.

Hasta los árbitros podrían tener una herramienta más útil con la IA ya que la FIFA pretende automatizar la señalización de los fuera de juegos gracias a que la tecnología permitirá a los linieres recibir alertas en tiempo real cuando se detecten posiciones adelantadas claras. Así, en esta Copa del Mundo los árbitros asistentes cuentan con la información recogida de 15 cámaras instaladas en cada uno en los distintos estadios y de los datos generados por Trionda, la pelota inteligente de Adidas, que dispone de un sensor que registra posición, giro o impacto 500 veces por segundo. “Al final va a servir para muchas cosas, pero eso sí, hay que saber utilizarla”, comenta.

La aplicación de la inteligencia artificial

Carmen Ruiz cree que incluso se puede aplicar en la preparación física de los jugadores para que después, “en función de sus características”, ponerles en la posición donde mejor rindan o, según como vaya el partido, saber si el rival te exige ser defensivo u ofensivo “o si tienes que jugar más por dentro o por fuera”. Pone como ejemplo a un jugador del Atlético de Madrid como Marcos Llorente “que es muy versátil y tienes que ver en cada partido en qué posición debe jugar para favorecer el rendimiento del equipo”. Ante tanto avance tecnológico, a nadie le extraña ya que un entrenador tire de la IA para mejorar los resultados de su equipo. “El mío todavía no me ha dicho nada, pero si lo hace lo haría encantada”, subraya.

Todas esas evoluciones vienen acompañadas, además, por los cambios de un deporte que, en su variante femenina, provoca que se vaya abandonando poco a poco ese romanticismo y amor eterno a unos colores. Las recientes fugas a Inglaterra de Alexia Putellas, Ona Batlle o Mapi León son buena prueba de ello. “Es cierto que, como ya ocurrió en el fútbol masculino, se esté perdiendo algo el romanticismo, pero aquí en España no ganas mucho dinero como futbolista y si quieres ser profesional…”. Lo que no ha cambiado por desgracia es la presencia de impresentables en los campos de fútbol. Cuando habla con amigos que han ido a verla a jugar los comentarios no pasan de “no sois tan malas porque pensé que eráis peores”. Son palabras nada hirientes que se pueden admitir como una broma, otra cosa son los exabruptos de desconocidos. “Nunca los he oído, pero sí pasa todavía porque algunas amigas me lo han contado”. Atajar ese tipo de comentarios sigue siendo una asignatura pendiente en el fútbol femenino.

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