El Chelsea Women ha puesto sobre la mesa una cuestión que durante años apenas ha tenido espacio en el fútbol femenino: cómo compatibilizar una carrera deportiva al máximo nivel con el deseo de ser madre. El club inglés financiará la congelación de óvulos y otros tratamientos de fertilidad para sus futbolistas, una iniciativa pionera en la Women’s Super League (WSL).
El proyecto permitirá a sus jugadoras acceder a servicios relacionados con su salud reproductiva sin tener que asumir íntegramente su coste. La decisión llega, además, cuando en España se prepara una iniciativa similar y crece el debate sobre si el deporte debe facilitar que las atletas retrasen la maternidad o, directamente, crear mejores condiciones para que puedan ejercerla durante sus carreras.
Un fondo de seis cifras para toda la plantilla
El Chelsea ha reservado al menos 189.000 libras (unos 219.000 euros) para este programa. La cantidad permitiría cubrir el tratamiento de toda la plantilla si todas sus integrantes decidieran congelar sus óvulos.
Las 27 jugadoras tendrán cada temporada una cantidad disponible en Fertility Plus, una clínica especializada de Londres. La congelación de óvulos cuesta actualmente 6.995 libras en ese centro y el almacenamiento posterior supone otras 425 libras anuales.
El dinero también podrá emplearse en otros tratamientos. Entre ellos está la fecundación in vitro (FIV), cuyo precio parte de las 13.750 libras, además de revisiones ginecológicas, anticoncepción y consultas especializadas sobre el ciclo menstrual.

Una posibilidad, no una exigencia
El club inglés no está pidiendo a sus jugadoras que congelen sus óvulos. La decisión corresponde exclusivamente a cada futbolista, y el club tampoco determinará cuándo debe realizarse el tratamiento.
El proceso dura aproximadamente tres semanas. Durante buena parte de ese periodo se administran inyecciones hormonales para estimular los ovarios y, posteriormente, se extraen los óvulos mediante un procedimiento realizado bajo sedación. Estos quedan almacenados para poder intentar utilizarlos más adelante.
La técnica, sin embargo, no garantiza que una mujer pueda ser madre en el futuro. Los especialistas recuerdan que la edad en la que se congelan los óvulos sigue siendo un factor esencial y que el procedimiento no debe considerarse un seguro de fertilidad.
Además, requiere tiempo y puede afectar temporalmente a la actividad deportiva y las deportistas tendrán que valorar especialmente cómo encajar el tratamiento en sus calendarios competitivos.
Cuando competir y ser madre coinciden en el tiempo
El problema tiene una particularidad en el deporte profesional: la etapa de máximo rendimiento suele coincidir con los años en los que muchas mujeres se plantean formar una familia.
Algunas deportistas han decidido ser madres durante sus carreras y regresar posteriormente a la competición. Serena Williams, por ejemplo, volvió al tenis después de sus embarazos. Otras han optado por esperar al final de su trayectoria. Es el caso de Millie Bright, histórica exjugadora del Chelsea y de Inglaterra, que anunció recientemente su embarazo después de retirarse.
También existen atletas que han recurrido a la preservación de la fertilidad. Nat Sciver-Brunt, capitana de Inglaterra de críquet, se sometió a una congelación de óvulos en 2024 y se perdió un partido internacional contra Pakistán, aunque volvió a jugar la semana siguiente.

España sigue el mismo camino
El movimiento del Chelsea coincide con una iniciativa que prepara la Real Federación Española de Fútbol (RFEF). La Federación trabaja en un acuerdo con una clínica de fertilidad para ofrecer a las jugadoras de la selección española la posibilidad de preservar sus óvulos.
La propuesta pretende proporcionar a las internacionales una herramienta más para decidir sobre su futuro y eliminar parte del coste que supone este tipo de tratamiento.
Sin embargo, la iniciativa española también ha generado críticas. La atleta olímpica Ana Peleteiro ha cuestionado que la respuesta a las dificultades de las deportistas para ser madres pase por modificar sus tiempos reproductivos en lugar de transformar las estructuras deportivas.
Su planteamiento abre una cuestión de fondo: si una institución ofrece congelar los óvulos para que una deportista pueda seguir compitiendo, ¿está ampliando sus opciones o corre el riesgo de convertir el retraso de la maternidad en una expectativa?
Un cambio que va más allá de congelar óvulos
El Chelsea no es el único ejemplo de cómo el deporte profesional está incorporando nuevas medidas relacionadas con la fertilidad. En Estados Unidos, las jugadoras de la WNBA cuentan con ayudas para determinados tratamientos, mientras que la WTA ha establecido medidas para proteger a las tenistas que se ausentan del circuito por maternidad o por determinados procedimientos de fertilidad.
El debate, por tanto, va mucho más allá de la congelación de óvulos. La maternidad empieza a ocupar un lugar propio en las políticas del deporte femenino, desde las ayudas económicas hasta la protección de las deportistas durante el embarazo y su regreso a la competición.
El paso dado por Chelsea se suma a ese cambio de enfoque y pone sobre la mesa una cuestión que seguirá ganando peso: cómo conseguir que la maternidad deje de ser un obstáculo para construir una carrera deportiva al máximo nivel.

