El pasado sábado, tras la eliminación del Red Bull Bragantino en el Campeonato Paulista, El defensa Gustavo Marques trasladó la frustración deportiva hacia un terreno ajeno al juego. No habló únicamente del arbitraje. Habló del género de quien lo ejercía.
Y, en cuestión de segundos, el foco dejó de estar en el partido.
El contexto de la reacción
Normalmente la derrota suele generar respuestas emocionales, y eso es parte del fútbol. Lo que no forma parte del juego, o no debería, es que esa reacción derive en cuestionamientos vinculados al sexo de una árbitra.
“No tiene sentido que pongan a una mujer a pitar un partido de esta magnitud”, afirmó Marques.

Después llegaron las disculpas y las explicaciones. Pero el mensaje ya estaba pronunciado.
La respuesta inmediata
La repercusión fue tan rápida como el propio discurso. Aún en el estadio, el futbolista y el director deportivo acudieron al vestuario arbitral para disculparse personalmente con Daiane Muniz. Minutos después, Marques compareció ante la prensa para rectificar públicamente.
El club tampoco tardó en posicionarse. A través de sus canales oficiales, el Red Bull Bragantino rechazó las declaraciones y pidió disculpas, subrayando que la frustración por la eliminación no justificaba lo dicho.

El ciclo fue breve: declaración, impacto, rectificación institucional.
Dos días más tarde llegó la sanción. Una multa equivalente al 50% de sus ganancias totales y su exclusión de la convocatoria para el siguiente encuentro. El importe, según informó la entidad, será destinado a una organización que trabaja con mujeres en situación de vulnerabilidad en la región.

La figura en el centro del ruido
Mientras el debate se instalaba en torno al jugador, Daiane Muniz volvía a ocupar un lugar incómodo.
Daiane, profesora de educación física, no es una recién llegada. La árbitra FIFA desde 2018 de 37 años, fue pionera al convertirse en la primera mujer en ejercer como oficial VAR en un torneo masculino de la CONMEBOL Sudamericana en 2023, dentro de un proceso que ha ampliado progresivamente la presencia femenina en competiciones históricamente reservadas a hombres.

Su trayectoria, que incluye designaciones en torneos mundiales femeninos y experiencias en grandes escenarios internacionales, rara vez aparece en el centro del debate cuando arbitra. Sí lo hace, en cambio, cuando su condición de mujer es utilizada como argumento.
Un patrón que se repite
El episodio encuentra eco en antecedentes recientes. En la Copa Sudamericana del año pasado, voces del entorno de Mushuc Runa cuestionaron públicamente la designación de un equipo arbitral femenino. Las críticas no giraron en torno a decisiones concretas, sino a la idoneidad de las árbitras para dirigir encuentros masculinos.
Lo que nos deja una muestra de que el arbitraje femenino avanza en designaciones, pero continúa enfrentando resistencias discursivas que rara vez aparecen cuando el género no entra en juego.

Entre el error y la presión
Por otra parte, la rapidez de las disculpas introduce otra capa de análisis. ¿Se trata de un arrepentimiento genuino o de una reacción condicionada por la presión social e institucional?
El fútbol contemporáneo convive con una mayor vigilancia pública. Las palabras ya no se diluyen con la misma facilidad. Rectificar se convierte en una necesidad inmediata, casi automática, y esto no invalida el perdón, pero sí invita a observar el fenómeno con matices.
Lo que queda después
La sanción llegará, la polémica se apagará como en todos los casos similares, y el calendario seguirá su curso.
Lo que permanece es la sensación de estar ante un debate que el fútbol todavía no logra cerrar del todo. Las estructuras cambian, las designaciones avanzan, pero ciertos prejuicios continúan emergiendo con una facilidad desconcertante en momentos de tensión competitiva.
Las disculpas pueden reparar el daño inmediato, sin embargo la cultura que origina el discurso requiere algo más que rapidez.
