Regularidad. Fue una de las palabras más repetidas en la celebración del Barcelona por su nuevo título de Liga F Moeve. El número once. Séptimo de manera consecutiva. Desde 2020, el equipo azulgrana ha presentado un dominio sin igual a nivel nacional. Un poderío histórico al que nunca nadie se había acercado. En medio del júbilo, comedido por el cercano partido de la semifinal de la Champions ante el Bayern, surgieron las primeras voces de la conciencia.

“No es fácil lo que estamos consiguiendo… Los primeros años no ganábamos ligas, hay que valorarlo mucho, se lo comentaba a Clara Serrajordi y se sorprendía”, decía Patri Guijarro en rueda de prensa. La balear, acompañada de la joven canterana y de Carla Juliá, daba valor al éxito de su equipo mientras sus compañeras sonreían tímidamente. El vídeo pronto se hizo viral. Pues su simbolismo es máximo.
Una plantilla equilibrada
Por un lado, una de las veteranas y estrellas del Barça haciendo balance del camino recorrido y de lo que ha costado mantenerse en lo más alto. Por otro, dos de los frutos de una apuesta por jóvenes talentos y La Masía femenina: Clara Serrajordi y Carla Juliá. Sin quererlo, entre la inocencia de unas y la experiencia de otra, se mostraba donde se encuentra el secreto de esta plantilla tan equilibrada.
Todas, con rotaciones y una buena gestión del vestuario -mérito de Pere Romeu-, han sabido mantener la regularidad necesaria para llegar al tramo final de temporada con la liga en el bolsillo. Sobreponiéndose a todo. Al mal sabor de boca que dejó la final de Champions perdida el pasado año, a las bajas o problemas económicos en el club y a las múltiples lesiones. También a las dudas, con una mancha con la derrota ante la Real Sociedad que dolió y sirvió de aprendizaje.
La reflexión de Alexia y la gestión de Romeu
“Todo el trabajo que hemos hecho se ha visto recompensado“, apuntaba en TV3 también Alexia Putellas, que insistía en el mérito de la regularidad de su equipo. Una línea que siguió Pere Romeu, que ha dado una masterclass este año de cómo nutrirse de la mejor manera posible de la cantera azulgrana.

Muestra de ello fue el partido, en el derbi ante el Espanyol en la CE Dani Jarque, en el que el Barça certificó su título de campeón de Liga F Moeve. Romeu se presentó con rotaciones y una alineación que apenas superaba los 22 años de media de edad. Entre las titulares, cuatro canteranas y una debutante: Rosalía Domínguez. Y la juventud volvió a no defraudar. Tres de los cuatro goles tuvieron aroma a nuevo, con tantos anotados por Carla Julià, Martine Fenger, con un doblete.
El premio a la regularidad
“Es un premio a la regularidad de muchos meses de trabajo”, remarcaba en DAZN el entrenador catalán, que mantenía los pies en el suelo y recordaba poco después que al día siguiente tendría “turra de vídeo” para ganar al Bayern. Antes, una tímida celebración con bailes, fotografías y sonrisas. Porque lo conseguido no es poco.
El Barça ha sido campeón con un balance de 25 victorias y una sola derrota. Y, un año más, supera la barrera del centenar de dianas anotadas. 116, para ser más exactos. Con un ritmo de cuatro o más goles en la mayoría de sus encuentros. Aunque, sin duda, la cifra llamativa se encuentra en los que ha encajado: sólo siete en 26 partidos.
La maquinaria perfecta
Sin duda, el FC Barcelona ha dejado de ser solo un equipo que gana. Se ha convertido en una maquinaria perfecta. La conquista de la Liga F tras imponerse en el derbi ante el RCD Espanyol no fue un título más. Fue, más bien, la confirmación de que el sistema sigue funcionando. Es el resultado lógico de un proceso. La salida de balón, la presión tras pérdida, la ocupación de espacios, la circulación… todo responde a una idea que atraviesa al club desde la base. No hay improvisación, sino repetición. No hay inspiración aislada, sino sincronización colectiva.
Aunque no siempre fue así. Hubo años de aprendizaje, de derrotas, de distancia respecto a otros grandes equipos europeos. Años en los que el proyecto se estaba gestando, en silencio, lejos de los focos que hoy lo acompañan. Patri lo sabe porque lo vivió. Y su advertencia encierra una idea clave: el éxito sostenido puede distorsionar la percepción del camino.
El Barça actual es la culminación de un modelo que ha sabido combinar talento individual con rigor colectivo. Porque el éxito del equipo azulgrana, más allá de sus estrellas, reside en su estructura. Es el premio a la regularidad. En el juego y en apuesta.
