Hay deportistas que cuentan los días entre competiciones. Irati Mitxelena también los mide entre entrenamientos, horas de laboratorio y jornadas en las que el alto rendimiento convive con la investigación. Lejos de entender ambas facetas como caminos incompatibles, la donostiarra ha encontrado el equilibrio para seguir creciendo dentro y fuera de la pista. Un equilibrio que no solo ha moldeado a la atleta, sino también a la persona que hay detrás de cada salto.
El atletismo, una pasión que fue creciendo
Aunque hoy atraviesa el mejor momento de su carrera deportiva, el atletismo no formó parte de la vida de Irati Mitxelena desde siempre. La donostiarra, de 28 años, reconoce que comenzó más tarde que muchas de sus rivales, aunque el deporte siempre estuvo muy presente en casa. “A mi hermano y a mí siempre nos ha gustado el deporte en general y el atletismo también. Cada vez que había Juegos Olímpicos veíamos todos los deportes”, recuerda. Entre aquellos referentes que seguía de pequeña, uno destaca por encima del resto: Yelena Isinbáyeva. Además, crecer en Donostia también le permitió fijarse en atletas de primer nivel mucho más cercanos. “Era fácil tener referentes”, explica.
Sin embargo, ni siquiera ella imaginaba entonces el camino que terminaría recorriendo. “Si me lo dices hace diez años, cuando empecé la universidad, sin duda no me imaginaría estar a este nivel”, reconoce. Una evolución que atribuye al trabajo constante y a una progresión natural: “Poco a poco me he ido profesionalizando, pero de una manera natural”.
“Más que sacrificio, yo creo que es un estilo de vida”
Con el paso de los años, el atletismo dejó de ser una afición para convertirse en el eje de su rutina. “Más que sacrificio, yo creo que es un estilo de vida”, resume. Y es que, como explica, el trabajo de un deportista de élite va mucho más allá del entrenamiento. “No solo nos dedicamos a entrenar dos horas al día, sino que luego hay que descansar, ir al fisio, dormir bien y comer bien”. Una exigencia que también condiciona su tiempo libre. “A veces no puedo ir de vacaciones con mis amigas o tengo que renunciar a algunos planes. A veces no vas al mismo ritmo que la gente de tu edad”, admite. Pese a ello, Mitxelena prefiere quedarse con la parte positiva: “También tiene muchas cosas buenas que la gente de mi edad tampoco tiene la suerte de vivir”.

El gran salto
El gran momento de forma que atraviesa Irati Mitxelena quedó reflejado hace apenas unos días en el meeting de Ordizia, cuando firmó un salto de 6,77 metros, un registro que le permitió conseguir la mínima directa para el Campeonato de Europa. Sin embargo, más allá de la cifra, la donostiarra se queda con las sensaciones que le dejó una competición prácticamente perfecta.
“Fue mi mejor competición de siempre”, asegura. Y no solo por la marca final. “Hice seis saltos válidos y creo que el peor fue 6,67, que para mí es muy buena marca”, explica, orgullosa de la regularidad mostrada durante toda la prueba. De hecho, reconoce que, mientras avanzaba la competición, solo pensaba en poner el broche definitivo a una actuación que ya estaba siendo sobresaliente
Ese salto terminó llegando. El 6,77 mejoraba en un centímetro su anterior mejor registro y, aunque la diferencia pudiera parecer mínima, para Irati tuvo un significado mucho mayor. “Aunque la mejora realmente solo haya sido de un centímetro, volver a estar en esos saltos y hacer la mínima directa, que es la primera vez que la hago, me hizo mucha ilusión“, reconoce. A ese logro se sumó también el récord de su club, otro aliciente para una jornada que difícilmente olvidará.
Pese a todo, la atleta guipuzcoana está convencida de que todavía no ha alcanzado su techo. “Creo que el trabajo es acumulativo”, reflexiona, antes de mirar al futuro con ambición. “Todavía puedo rascar algunos centímetros más”, afirma, convencida de que su mejor salto aún está por llegar.

La ciencia detrás de cada salto
Cuando termina el entrenamiento, Irati cambia las zapatillas de clavos por la bata de laboratorio. La donostiarra compagina el atletismo de élite con un doctorado en Neurociencia, centrado en la investigación de terapias de edición genética para la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una enfermedad neurodegenerativa para la que todavía no existe cura.
Aunque hoy tiene completamente interiorizada esa doble rutina, reconoce que los comienzos no fueron sencillos. “Aunque sea un doctorado, es un trabajo”, subraya. “Es un trabajo de investigación que requiere ocho o nueve horas diarias en el laboratorio”. A esa jornada había que sumar después los entrenamientos, un ritmo que, admite, le costó asumir al principio. “No es lo mismo estudiar o trabajar unas horas y luego entrenar que hacer una jornada completa y después intentar hacerlo bien”, explica.
Con el paso del tiempo, sin embargo, ambas facetas han terminado complementándose. “Me sirve de distracción del atletismo”, afirma sobre su trabajo como investigadora, convencida de que cambiar de entorno le ayuda a mantener el equilibrio mental. Esa perspectiva también se refleja en su forma de afrontar la competición. “Una derrota o un mal día no cambia nada”, sostiene. “Es parte del proceso y luego, cuando sale todo, hace más ilusión”, concluye, trasladando al deporte la misma paciencia que exige la investigación científica.

El legado mas allá de las marcas
Más allá de los resultados, Mitxelena también reivindica el momento que atraviesa el atletismo femenino. A diferencia de otras disciplinas, considera que este deporte ha logrado avanzar hacia una igualdad real entre hombres y mujeres. “Creo que es un deporte en el que hay mucha igualdad”, afirma. “Las competiciones son mixtas, los grupos de entrenamiento también y los premios son iguales”. Una realidad que, a su juicio, contribuye a que la diferencia de visibilidad sea menor. “Si alguien ve atletismo, ve las dos cosas y hace que no haya tanta diferencia”, explica.
Esa evolución también la percibe en las nuevas generaciones, ya que cree que las niñas de hoy tienen más facilidades para descubrir deportistas en los que mirarse. “Con las redes sociales y también porque cada vez se nos conoce más, las niñas ahora tendrán más referencias. Creo que es súper importante”, sostiene.
“Que hablen bien de ti personalmente tiene más valor”
Sin embargo, cuando se le pregunta cómo le gustaría ser recordada, Irati no habla de medallas ni de récords. “Más allá de las marcas, preferiría que la gente tenga buen recuerdo de mí”, reconoce. Y concluye con una reflexión que resume la filosofía con la que afronta tanto el deporte como la vida: “Que hablen bien de ti personalmente tiene más valor”.

