ATLETISMO

Isabel Macías, la olímpica a la que salvó el deporte: “Mi madre y yo éramos víctimas del maltrato”

La actual entrenadora y conferenciante se sienta con Articulo14 donde se sincera sobre unos inicios durísimos: "No nos podíamos permitir pagar las 1.000 pesetas al mes que costaba el atletismo"

Pocas personas pueden decir que han dedicado toda una vida al atletismo desde perspectivas tan distintas. Isabel Macías (Zaragoza, 1984) pasó de competir en la élite internacional a formar a jóvenes atletas, participar en la gestión del deporte español y divulgar su experiencia a través de conferencias. En conversación con Artículo14, la exatleta olímpica repasa el recorrido que ha marcado su vida dentro y fuera de las pistas.

El deporte que le cambio la vida

Isabel Macías tenía nueve años cuando el atletismo irrumpió en su vida por pura casualidad. No fue una decisión meditada ni un deporte que hubiera soñado practicar desde pequeña.

Todo comenzó con una excursión organizada por el colegio a la que se apuntó porque su madre, que trabajaba en hostelería, no podía quedarse con ella aquel domingo. Durante la jornada se celebró una carrera popular en la que terminó séptima, un resultado que llamó la atención de su profesor de Educación Física y que acabaría marcando el rumbo de su vida.

Detrás de aquella escena había una realidad mucho más dura de la que aparentaba, se escondía una infancia marcada por la violencia. “Mi madre y yo éramos víctimas del maltrato”, recuerda la exatleta, que también creció en un hogar con graves dificultades económicas.

Cuando el profesor propuso que empezara a entrenar atletismo, la respuesta fue tan sencilla como demoledora: la familia no podía asumir las mil pesetas anuales que costaba la actividad extraescolar. Lejos de dar un paso atrás, el profesor se ofreció a pagarlas de su propio bolsillo. “Ese gesto de confianza en una niña que había vivido lo que había vivido fue lo que me dio fuerza. El deporte fue una oportunidad y, sin duda, un salvavidas”, afirma. “Gracias al atletismo construí un futuro que la vida no había previsto para mí“, comenta a menudo. 

Del colegio a los juegos olímpicos

Con el paso de los años, Isabel Macías fue abriéndose camino hasta consolidarse en la élite nacional, proclamándose campeona de España de 1.500 metros en todas las categorías y dando el salto a la escena internacional. El punto culminante llegó en 2012, cuando cumplió el sueño de disputar los Juegos Olímpicos de Londres. Apenas un año después, volvió a firmar uno de los mayores éxitos de su carrera al conquistar la medalla de plata en los 1.500 metros del Campeonato de Europa en pista cubierta, un resultado que confirmó su lugar entre las mejores especialistas del continente.

Detrás de esos logros, sin embargo, también hubo una realidad menos visible. La exatleta reconoce que el deporte en la élite exige una dedicación absoluta y una fortaleza mental constante para convivir con la presión de las marcas, las clasificaciones y la incertidumbre de cada temporada. “Cuando abandonas el alto rendimiento queda un vacío, aunque también llega una tranquilidad”, reflexiona. Una sensación compartida por muchos deportistas de élite, que encuentran difícil llenar el espacio que deja atrás una vida marcada durante años por la competición y la búsqueda del máximo rendimiento.

Isabel Macías en los Juegos Olímpicos de Londres 2012

La lucha por una igualdad real

Aunque el atletismo ha sido tradicionalmente uno de los deportes más igualitarios en aspectos como los premios o las becas, Isabel también vivió de primera mano algunas de las desigualdades que durante años marcaron el deporte femenino.

La exatleta explica que, hace apenas dos décadas, una deportista podía perder ayudas económicas o quedarse sin contrato al comunicar que estaba embarazada, una realidad que afectaba especialmente a una disciplina en la que la mayoría de los vínculos laborales dependían de renovaciones anuales. “Eso lo he vivido de primera mano”, asegura.

“Conseguimos modificar y hacer más igualitaria la decisión de ser madre”

Lejos de resignarse, decidió dar un paso al frente. Con el respaldo de un asesor legal, impulsó cambios en las ayudas de maternidad del Consejo Superior de Deportes para que ser madre dejara de convertirse en un obstáculo para las deportistas y otros colectivos, como las juezas. “Conseguimos modificar y hacer más igualitaria la decisión de ser madre”, destaca con orgullo.

Aun así, considera que todavía queda camino por recorrer. Aunque celebra los avances logrados en visibilidad y oportunidades, insiste en que el gran reto pasa ahora por aumentar la presencia de mujeres en los puestos donde se toman las decisiones. “Faltan mujeres referentes en las cúpulas que deciden y, muchas veces, deciden sobre las mujeres”, concluye.

Un nuevo capitulo

Lejos de desligarse del atletismo tras colgar las zapatillas de la élite, Isabel Macías ha encontrado una nueva forma de seguir vinculada al deporte. Actualmente compagina su labor como entrenadora, directiva de la Real Federación Española de Atletismo y conferenciante, además de impulsar proyectos de carácter social como Rural Athletics Girls. A todo ello se suma su faceta como madre y su participación en competiciones híbridas como Hyrox, donde recientemente disputó el Campeonato del Mundo junto a su marido, el también olímpico Luis Alberto Marco. Entre sus próximos retos, incluso se plantea debutar en maratón coincidiendo con los 42 años.

Sin embargo, más allá de los nuevos desafíos deportivos, Macías tiene claro cuál quiere que sea su huella. Defiende una forma de entrenar basada en la cercanía y el ejemplo, muy distinta a la figura tradicional del entrenador que observa desde la distancia.

Siempre que puede comparte las sesiones con sus atletas, corre junto a ellos y vive el esfuerzo en primera persona. “No quiero ser la típica entrenadora que está con un cronómetro desde fuera”, explica. Esa implicación, sostiene, le permite comprender mejor lo que siente cada deportista y acompañarlos durante el proceso. “Ese pulso te lo da estar con ellos”, afirma.

Una filosofía con la que demuestra que, aunque su etapa como atleta de élite quedó atrás, su manera de entender el deporte sigue siendo exactamente la misma.

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