La presentación del nuevo libro de María Dabán en Artículo14 fue una celebración viva, cómplice y muy en sintonía con Cada loco con su historia, el libro con el que la periodista se adentra en algunos de los episodios más extravagantes, inesperados y delirantes del pasado para recordar algo que ella misma ha resumido con una frase perfecta: “La humanidad siempre ha estado loca, y eso es lo que hace la historia tan fascinante”. El libro ya va por su tercera edición y tendrá continuación, como avanzó en exclusiva este viernes en la sede de nuestro periódico.
La autora, columnista de esta casa y rostro habitual de la conversación pública española, estuvo acompañada por Pablo Montesinos, adjunto a la directora del periódico, que ejerció de presentador de la velada, en un acto que reunió a compañeros, amigos y lectores. Entre los asistentes estuvo también Juan del Val, compañero de El Hormiguero, que quiso arropar a Dabán en una tarde de complicidad profesional y personal, una de esas citas donde el libro sirve de excusa para algo más amplio: celebrar una voz propia. También conocidos periodistas como Patricia de Arce, Natalia Junquera, Almudena Guerrero, Antonio Montilla, Helena Crespí, entre otros muchos.

Publicado por Ediciones B, Cada loco con su historia propone un recorrido por 19 episodios de la historia universal llenos de personajes improbables, escenas inverosímiles y giros que parecen inventados, pero no lo están. El subtítulo editorial ya marca el tono: reyes a dieta, monjas salvadoras, visionarios, fanáticos y extravagantes. La apuesta de Dabán consiste precisamente en mirar el pasado desde otro ángulo, sin convertirlo en una lección solemne ni en un museo polvoriento, sino en un repertorio de historias que iluminan la condición humana desde su lado más absurdo, más excesivo y también más reconocible.
Ese es uno de los grandes aciertos del libro y también de la conversación que lo acompañó en Artículo14. María Dabán no utiliza la historia como pedestal ni como excusa para la erudición ornamental. La usa como un espejo deformante y, por eso mismo, útil. Porque si algo sugiere Cada loco con su historia es que el presente no ha inventado ni la extravagancia, ni la megalomanía, ni el disparate, ni la capacidad humana para torcer la lógica hasta límites cómicos. Cambian los decorados, cambian los códigos, pero el fondo sigue siendo sorprendentemente familiar.
En esa misma línea, la autora ya había explicado en entrevista con Artículo14 que su intención era rescatar episodios poco conocidos, curiosos o directamente delirantes para demostrar que la historia no solo se compone de grandes batallas, tratados y fechas solemnes, sino también de detalles insólitos y personajes que se salen del guion. Y ahí está buena parte del encanto del libro: en la mezcla entre rigor, ironía y capacidad narrativa.

La presentación en Artículo14 tuvo ese tono: lejos del acto académico o del lanzamiento rígido, se respiró un ambiente de conversación compartida, muy coherente con un libro que quiere ser leído con placer y con sorpresa. De hecho, las risas con Pablo Montesinos y con gran parte del público fueron una constante y se repitió después en el “pica pica” -en palabras del adjunto- que organizó Doble & Gilda en las instalaciones del periódico. No se trataba solo de presentar una novedad editorial, sino de reivindicar una manera de contar el pasado sin reverencia innecesaria y sin perder de vista que la historia, antes que una colección de datos, es también un archivo gigantesco de pasiones humanas.
Cada loco con su historia recorre episodios que parecen inventados, pero no lo están: desde el rey leonés Sancho I el Craso, que logró perder la mitad de sus 220 kilos gracias a un médico judío en una especie de “Ozempic medieval”, hasta el destino trágico de Esporo, el joven esclavo castrado por Nerón para convertirlo en doble de su esposa muerta. Dabán no busca la anécdota por la anécdota, sino esa grieta por la que la historia revela su dimensión más humana, absurda o cruel. “Hay vidas sin un solo momento de felicidad. Desde que Nerón se fijó en él, Esporo no tuvo un día bueno”, recuerda la autora en una de las historias más duras del volumen.
El libro avanza así entre personajes desmesurados y episodios improbables: Balduino IV, el rey leproso de Jerusalén que derrotó a Saladino pese a su extrema debilidad física; Jacobo de Molay, último gran maestre templario, cuya ejecución alimentó una de las maldiciones más célebres de la historia; o Enrique II de Francia, muerto en una justa organizada para celebrar la boda de su hija Isabel con Felipe II. Dabán se detiene en el detalle que abre lecturas mayores. Sobre el final del Temple, por ejemplo, deja caer una observación de plena vigencia: “Si tú tienes mucho poder, siempre va a haber alguien que vaya contra ti. Esto también pasa ahora”.

Hay también espacio para figuras menos conocidas pero igual de novelescas, como François Vatel, el maestro de ceremonias que se suicidó convencido de haber arruinado un banquete real justo antes de que llegara el pescado, o Emily Warren Roebling, la mujer autodidacta que terminó liderando la construcción del puente de Brooklyn y después se convirtió en defensora del sufragio femenino. A María Dabán le interesan especialmente estos personajes que parecen secundarios y, sin embargo, sostienen el pulso de la historia desde sus márgenes. “La inteligencia de esa mujer tuvo que ser portentosa”, dice sobre Emily, uno de los retratos más admirativos del libro.
La autora también viaja al siglo XX para abordar episodios mucho más sombríos, como el internamiento de ciudadanos estadounidenses de origen japonés durante la Segunda Guerra Mundial o la extraña teoría según la cual Ramón Mercader, asesino de Trotski, pudo desarrollar un cáncer de huesos a causa de un reloj radiactivo regalado por la KGB. Ese cruce entre la rareza, la tragedia y el poder es lo que da al libro su personalidad. Cada loco con su historia no convierte el pasado en estampita ni en clase magistral: lo devuelve a su temperatura original, llena de excesos, contradicciones y giros imposibles, para recordarnos que la historia, cuando se mira de cerca, siempre resulta más extraña -y más reveladora- de lo que parece.









