Hay partidos que valen tres puntos. Y hay otros que valen mucho más. Este domingo 29 de marzo, el Real Sporting de Gijón Femenino volverá a pisar el césped de El Molinón – Enrique Castro Quini, el corazón del club rojiblanco. Será solo la segunda vez en su historia.
La primera quedó grabada el 21 de abril de 2019, una fecha que supuso un punto de inflexión. Aquel encuentro abrió camino, dio visibilidad y colocó al equipo femenino en un escenario que durante años parecía lejano. Hoy, el regreso llega con un proyecto más maduro, una identidad definida y un crecimiento que empieza a dar sus frutos.
En ese contexto emerge la figura de Nuria Cueto, canterana, capitana y reflejo del sentimiento sportinguista. Su trayectoria, marcada por la constancia y el arraigo al club, resume a la perfección la evolución de un equipo que sigue escribiendo su propia historia.
Puro sentimiento rojiblanco
Para Nuria, el Sporting no es solo un equipo: es parte de su vida. Y su vida, de alguna manera, también se entiende a través del Sporting. Lleva cerca de una década en el club, pero su historia con el club rojiblanco empezó mucho antes, cuando aún lo vivía desde la grada. “De pequeña, ir al Molinón era el mejor día de la semana”, recuerda. “Era algo especial, ir con ilusión y vivir el ambiente”.
Sus primeros recuerdos no se limitan a los partidos. También están ligados a pequeños detalles que marcaron su infancia: coleccionaba cromos de los jugadores, acudía con su equipo cuando repartían entradas y, con el paso del tiempo, convirtió esa rutina en un hábito constante. Ya como jugadora del Sporting, El Molinón siguió siendo una cita habitual cada fin de semana.
Ahora, años después, la historia completa su recorrido. “Solo de pensarlo me emociona. Tengo miedo de salir al campo y echarme a llorar”, confiesa. “Es un sentimiento difícil de explicar. Para mí, El Molinón lo es todo. Soy del Sporting desde siempre y poder jugar allí es algo increíble”.

2019, el primer gran paso
Aquel primer partido en El Molinón, en abril de 2019 no fue solo una experiencia puntual, sino el comienzo de algo mucho más grande. Entonces era muy joven, no formaba parte de la convocatoria pero, aún así, lo vivió desde dentro. “Fue un día increíble. Había más de 9.000 personas y sentimos que se abría una puerta para que la gente conociese el fútbol femenino”, recuerda.
Aquel encuentro dejó una huella que todavía permanece en el vestuario. No fue solo un partido, sino un punto de inflexión que marcó el crecimiento del equipo y su visibilidad. “Desde entonces, el fútbol femenino ha evolucionado muchísimo. Teníamos muchas ganas de que se repitiese algo así, porque supone un foco mediático muy importante”, explica.
Lo que en su momento fue una novedad, casi una excepción, hoy se percibe como una necesidad dentro del proceso de crecimiento del fútbol femenino. “Es importante que la gente se acerque y vea cómo es realmente un partido. Muchas veces se habla de fútbol femenino, pero no se ve”, concluye.
Mucho más que tres puntos
El Sporting afronta la cita en El Molinón con un contexto competitivo exigente. Enfrente estará el CD Olímpico de León, un rival que ya puso en dificultades al equipo en la primera vuelta. “Fue un partido muy complicado que conseguimos ganar en el último minuto. Esperamos algo similar, un encuentro duro, porque ellas también se juegan mucho”, explica Cueto.
El conjunto rojiblanco llega con sensaciones positivas, aunque los últimos resultados no hayan acompañado del todo. Más allá de la clasificación, el vestuario se queda con el crecimiento mostrado sobre el terreno de juego. “Venimos de una racha más irregular, pero el último partido nos dejó muy buenas sensaciones. Salimos reforzadas como equipo”, señala.

En ese escenario, jugar en El Molinón aparece como un impulso añadido. Un factor emocional que puede marcar la diferencia. “Nos va a dar toda la fuerza que necesitamos. Si ya teníamos ganas de ganar, ahora tenemos el triple”, afirma.
La mente, la gran aliada
Si hay un concepto que explica la temporada de Nuria Cueto es la confianza. No tanto desde lo físico o lo táctico, sino desde un plano más profundo, menos visible, pero determinante: el mental. “Es la temporada que más estoy disfrutando en toda mi vida. Hacía mucho tiempo que no me sentía así jugando”, asegura.
El cambio, explica, no ha estado en el cuerpo, sino en la cabeza. “La parte mental es fundamental. Puedes estar en un gran momento físico, pero si tu mente no acompaña, no rindes”. Una idea que resume con claridad: la confianza transforma por completo a la futbolista: “Cuando tienes confianza eres una jugadora totalmente diferente. El cambio es enorme”.
Detrás de esa evolución hay un trabajo constante, tanto a nivel colectivo como individual. El cuerpo técnico ha sido una pieza importante, pero también lo ha sido su propio proceso personal: “Intento hablarme mejor, no castigarme tanto por los errores y reforzar lo positivo. Es un trabajo muy personal”.
Ese crecimiento también se refleja en los detalles: la preparación mental antes de cada partido, la visualización de jugadas o la definición de objetivos concretos: “Me imagino situaciones de juego, lo que tengo que hacer y cómo reaccionar si algo no sale como espero. Soy una jugadora que visualiza mucho”.
Sacrificio para seguir soñando
Detrás de Nuria Cueto hay una realidad que muchas veces pasa desapercibida: la de una joven que compagina el fútbol con los estudios y la preparación de unas oposiciones. Una rutina exigente que requiere organización, constancia y renuncias: “Por las mañanas estudio y por las tardes entreno. Intento sacar algo de tiempo para mi vida personal, aunque sea un rato”, explica.
Un equilibrio complejo, pero también necesario para sostener ambas facetas. En ese día a día tan ajustado, el fútbol se convierte en mucho más que un deporte: “Entrenar es el mejor momento del día. Es lo que me despeja de todo”, reconoce.
Su experiencia, además, se transforma en un mensaje para quienes vienen detrás. Un reflejo de la realidad del fútbol femenino y de todo lo que implica: “Hay que sacrificar muchas cosas, pero merece la pena. Y, sobre todo, hay que confiar en una misma”.
Liderar desde el ejemplo
En el vestuario rojiblanco, el liderazgo de Nuria se construye lejos de la imposición. Como capitana, su manera de entender el rol pasa por acompañar, sumar y marcar el camino desde el comportamiento diario. “No soy una capitana de imponer. Intento ayudar, estar para todas y dar ejemplo”, explica.
Esa forma de liderar cobra especial importancia con la llegada de jugadoras más jóvenes, a las que trata de guiar en su adaptación al equipo. “Están subiendo muchas niñas y me gusta acompañarlas, ayudar en todo lo que pueda”.

El sentimiento colectivo es, precisamente, una de las grandes fortalezas del grupo. Un vestuario unido que convierte la convivencia en un factor clave dentro y fuera del campo: “El equipo está muy unido. Antes de los partidos hacemos piña, hablamos, cantamos… tenemos incluso nuestras propias rutinas”.
Entre ellas, hay una que nunca falla y que ya forma parte de la identidad del grupo. “La canción ‘Gijón del alma’ siempre suena antes de salir al campo”.
El origen de su pasión
Si hay un hilo conductor en la historia de Nuria, ese es su familia. Un apoyo constante que ha estado presente en cada paso de su camino y que volverá a ocupar un lugar especial en la grada en un día tan señalado: “Me hace muchísima ilusión que estén ahí (en El Molinón). Son muy del Sporting y poder vivir esto con ellos es algo muy especial”, reconoce.
Entre todos ellos, su hermano ocupa un papel fundamental. Fue su primer referente y quien despertó en ella la pasión por el fútbol: “Empecé a jugar por él. Era mi referente cuando era pequeña”, explica.
Una lesión le obligó a dejar el fútbol, pero su influencia sigue muy presente en la carrera de Nuri. No solo en el recuerdo, sino también en los pequeños detalles que la acompañan cada día: “Llevo el dorsal 7 por él, porque siempre jugaba con ese número. Incluso lo tengo tatuado”.
Ese vínculo también se refleja en gestos más íntimos, casi invisibles para el resto, pero esenciales para ella. Antes de cada partido, hay una rutina que nunca falla: “Siempre llevo en la mochila, en el mismo bolsillo, una foto con mi pareja, Iván. Nunca la saco de ahí” Un anclaje emocional que forma parte de su preparación y de su manera de competir.

Y si el domingo llega el momento soñado, lo tiene claro: “Si marco, será para mi familia”.
Crecer siendo ejemplo
A sus 22 años, la futbolista empieza a asumir un papel que durante mucho tiempo no percibía: el de referente para las generaciones más jóvenes. “Ahora sí soy consciente de que podemos ser un ejemplo para las niñas”, reconoce.
El crecimiento del fútbol femenino no solo se refleja en los estadios o en la visibilidad mediática, sino también en ese impacto directo sobre quienes empiezan: “Cada vez más niñas se te acercan, te reconocen… y es algo increíble”, explica.
Una realidad que asume con responsabilidad y cercanía, consciente de lo que puede significar para quienes sueñan con seguir sus pasos. Por eso, su mensaje es claro y directo: “Que confíen en sí mismas, que trabajen y que no se rindan. Habrá momentos difíciles, pero todo merece la pena”.
Cumplir lo que siempre soñó
Para Nuria, este domingo no es solo un partido, sino la materialización de un sueño que llevaba años construyéndose: “Siempre soñé con jugar en El Molinón y ese momento va a llegar ahora”, explica.
Un objetivo personal que se entrelaza con el crecimiento colectivo del equipo. Porque, más allá de este hito, la mirada sigue puesta en el futuro: “Ojalá podamos seguir creciendo como equipo y ver al Sporting Femenino subir de categoría. Ese es el siguiente paso”.
La evolución del fútbol femenino en el club ha cambiado por completo el horizonte: “Hace unos años ni siquiera imaginábamos que algo así pudiera pasar. Y ahora es una realidad”. Un reflejo de que el camino recorrido no tiene por qué tener un límite.

El inicio de algo mayor
Más allá del resultado, Nuria tiene claro el verdadero significado del encuentro. No se trata solo de competir, sino de abrir una puerta: “Me gustaría que este partido fuese un punto de partida”, afirma.
Un paso más en la conexión entre el Sporting de siempre y su equipo femenino, todavía en pleno proceso de crecimiento: “El sportinguismo es algo increíble. Ojalá ese apoyo también se acerque a nosotras”, expresa. Este domingo, El Molinón volverá a abrir sus puertas para ellas. Pero lo que está en juego va mucho más allá del marcador.
Es una oportunidad para seguir creciendo.
Es un reconocimiento al trabajo realizado.
Y es, sobre todo, el reflejo de un camino que no ha hecho más que empezar.
