FÚTBOL

Érika González se sincera tras romperse el cruzado: “Estoy rota, pero voy a volver mejor”

La jugadora del Levante abre su lado más humano tras la lesión, dejando ver su proceso emocional y su carácter competitivo.

A sus 21 años, Érika González atraviesa el momento más exigente de su joven carrera. La jugadora del Levante se sinceró en el podcast El Patio en una entrevista marcada por la lesión de ligamento cruzado anterior que la mantiene alejada de los terrenos de juego.

En una charla tan cercana como reveladora, la futbolista dejó ver una mezcla de vulnerabilidad, ambición y madurez. En lugar de esquivar el foco, optó por mostrarse tal y como es y compartir no solo la cara visible del fútbol profesional, sino también su parte más difícil.

El golpe más duro

La lesión de rodilla se convirtió en el eje de una conversación marcada por la honestidad. La futbolista relató con total claridad el instante en el que todo cambió, un momento que recuerda con nitidez: “Lo único que se me pasó por la cabeza fue: estoy rota”. Una reacción inmediata que, según reconoce, incluso a ella misma le sorprendió por su lucidez.

Acostumbrada a ver este tipo de lesiones en otras jugadoras, admite que nunca se está realmente preparado para vivirlo en primera persona: “Siempre lo ves cerca, pero piensas que a ti no te puede pasar”.

La futbolista Érika González tras su operación por la lesión en el ligamento cruzado anterior
@erikaalombiidez_

La futbolista apuesta por un enfoque constructivo. Asume la lesión como parte del camino y como una oportunidad de aprendizaje: “Si para que vengan cosas muy bonitas tengo que pasar por estos malos momentos y aprender de esto, pues bienvenido sea”.

Sin embargo, el proceso no está exento de dificultades. En su día a día, la recuperación se convierte en un reto físico y mental constante, con altibajos evidentes: “Hay días que estoy bien y otros no tanto”. Una montaña rusa emocional que refleja la dureza de una lesión de larga duración.

Crecer en medio de la incertidumbre

Más allá del tema físico, la entrevista deja entrever un profundo proceso de crecimiento personal. Érika se detiene a reflexionar sobre su identidad en un momento clave de su vida, reconociendo con naturalidad las dudas propias de su edad: “¿Quién soy? Con 21 años no sé quién soy todavía”.

Esa incertidumbre, lejos de frenarla, convive con una ambición firme. La jugadora mantiene intactas e incluso, reforzadas, sus metas deportivas pese al contratiempo: “Tenía objetivos grandes y ahora son más grandes aún, porque tengo que pasar por esto”.

Érika González durante un encuentro del Levante contra el FC Barcelona
@erikaalombiidez_

Con la mirada puesta en el futuro, su discurso transmite determinación. La asturiana tiene claro cuál es el camino para volver: trabajo y constancia. “No sé si seré mejor o peor, pero voy a reventar a entrenar”, afirma, dejando entrever una mentalidad competitiva que se mantiene intacta incluso en el momento más complicado de su carrera.

El espejo de Alexia Putellas

En su proceso de recuperación, Érika ha encontrado un apoyo clave en una de las grandes referentes del fútbol: Alexia Putellas. Tras sufrir la lesión, no dudó en ponerse en contacto con la internacional española para conocer de primera mano cómo afrontar un camino tan exigente. Su intención era clara desde el inicio: cuidar cada detalle. “Quería calcularlo todo al detalle y no dejar nada al azar”, explica. De ese intercambio, se queda con una idea que ha marcado su forma de encarar la recuperación: “Todo lo que dependa de ti, contrólalo”.

La admiración hacia Alexia, lejos de disminuir, se ha reforzado tras compartir una experiencia similar: “Si la admiraba antes, la admiro más ahora que estoy viviendo lo mismo”.

Este vínculo refleja el peso que tienen las referentes dentro del fútbol femenino, no solo por su rendimiento sobre el césped, sino también por su capacidad para guiar a otras jugadoras en momentos complejos como una lesión de larga duración.

El apoyo que lo cambia todo

El lado más humano del fútbol aparece con fuerza en uno de los pasajes más emotivos de la entrevista. La jugadora recuerda su salida en ambulancia tras la lesión como un momento marcado no solo por el dolor, sino también por el cariño recibido. “Se llenó de gente mirando, pero de verdad, preocupada”, relata.

Lejos de centrarse en el impacto físico, aquella escena le hizo reflexionar desde otra perspectiva: “Pensé: igual algo estoy haciendo bien, no sé si a nivel de fútbol, pero a nivel de persona”. Una reacción que evidencia el peso de lo emocional en un contexto tan duro.

Érika González durante un partido del Levante
@erikaalombiidez_

Ese respaldo también se trasladó al vestuario del Levante, en una situación deportiva delicada. Aunque rehúye etiquetas como la de “estrella”, sí admite que tenía un rol importante dentro del equipo: “El equipo se estaba apoyando mucho en mí y eso me hacía querer ayudar más todavía”. Un sentimiento de responsabilidad que refuerza su compromiso tanto dentro como fuera del campo.

La visibilidad del fútbol femenino

La presencia en redes sociales es otro de los pilares que Érika quiere desarrollar en esta etapa. Antes incluso de la lesión, ya tenía la intención de reforzar su perfil digital, aunque el contexto actual le ha dado un sentido más profundo a esa idea.

Su propósito va más allá de lo personal: busca visibilizar una realidad que, en su opinión, sigue siendo poco conocida. “Quería darme a conocer y enseñar qué hay detrás de una futbolista”, explica. Y lanza una reflexión sobre la diferencia de percepción: “Creo que de un futbolista sí sabemos lo que hay detrás, pero de una futbolista no lo tenemos tan presente”.

En este camino, su objetivo es compartir el proceso de recuperación y hacerlo más cercano: “Me gustaría que la gente se sintiera parte de la lesión”. Una forma de convertir una experiencia complicada en un espacio de conexión con quienes la siguen.

Consciente de la exposición que implica, Érika asegura afrontar este paso con seguridad: “Estoy tranquila con quién soy y con lo que hago”. Una base que considera clave para gestionar cualquier posible crítica.

El fútbol, siempre presente

Pese a estar temporalmente alejada de los terrenos de juego, la futbolista mantiene intacto su vínculo con el fútbol. La lesión no ha cambiado su forma de sentir el deporte, que sigue ocupando un lugar central en su vida: “No veo más allá del fútbol”.

Esa conexión va más allá de lo profesional y se cuela incluso en lo cotidiano. Antes de la lesión, su mente seguía compitiendo incluso en descanso: “Soñaba que estaba jugando el partido que había vivido el día anterior”.

Una muestra de una pasión que no se detiene y que apunta a un regreso que no será únicamente físico, sino también emocional, impulsado por una relación con el fútbol que sigue más viva que nunca.

Érika González durante un entrenamiento con el UD Levante
@erikaalombiidez_

Resiliencia en estado puro

La entrevista dibuja un perfil que va más allá del talento. Érika se muestra como una jugadora con una increíble fortaleza mental, capaz de afrontar la adversidad con naturalidad, ambición y  madurez. Su forma de entender el momento actual queda resumida en una frase que define su manera de competir y de vivir: “Me lesiono tranquila conmigo misma”. Una declaración que refleja una idea clara: darlo todo y aceptar las circunstancias cuando escapan al control propio.

El proceso de recuperación será largo y exigente, pero sus palabras dejan una sensación evidente: está preparada para asumir el reto y construir, paso a paso, su regreso.