Ellas lideran

Anat Ashkenazi, la mujer que lleva las cuentas de Alphabet en la carrera por la IA

Su papel es tan estratégico que algunos analistas la consideran una de las personas más influyentes de toda la industria tecnológica, aunque permanezca lejos de los focos mediáticos

La carrera a contrarreloj por la inteligencia artificial tiene rostros masculinos muy reconocibles. Sam Altman en OpenAI, Dario Amodei en Anthropic o Jensen Huang en Nvidia. Pero también descubrimos mujeres, quizás no en primera línea, pero fundamentales para la financiación de la tecnología del futuro. Como Anat Ashkenazi, directora financiera de Alphabet, la matriz de Google. La compañía acaba de anunciar una ampliación de capital histórica de hasta 80.000 millones de dólares con un objetivo muy concreto: financiar la conquista de la inteligencia artificial. La operación, una de las mayores realizadas jamás por una empresa tecnológica, llega en un momento decisivo para la industria y refleja hasta qué punto la inteligencia artificial está transformando la tecnología.

Alphabet, valorada en torno a 4,5 billones de dólares, es considerada la segunda empresa más valiosa del mundo, solo por detrás de Nvidia. En su comunicado oficial, dice que este movimiento de captación de recursos está destinado para “usos corporativos generales”. Sin embargo, el mercado interpreta que la verdadera intención es financiar el enorme esfuerzo inversor que exige la nueva generación de inteligencia artificial.

Centros de datos, procesadores especializados, infraestructura de computación, consumo energético y desarrollo de modelos avanzados están obligando a las grandes tecnológicas a movilizar cantidades de dinero sin precedentes.

Y quien debe manejar las cuentas en Alphabet es Ashkenazi. Su llegada a la compañía en julio de 2024 fue considerada uno de los fichajes más importantes de Silicon Valley. Procedente de la farmacéutica Eli Lilly, donde había desarrollado toda su carrera profesional durante más de dos décadas, aterrizó en Google con una reputación excepcional dentro del mundo financiero.

Licenciada en Economía y Administración de Empresas y con un MBA por la Universidad de Tel Aviv, Ashkenazi ha ocupado distintos puestos estratégicos dentro de Lilly hasta convertirse en directora financiera. Durante su etapa en la compañía, el grupo farmacéutico vivió una extraordinaria revalorización bursátil impulsada por el éxito de sus tratamientos contra la obesidad y la diabetes.

Su experiencia llamó la atención del consejo delegado de Alphabet en un momento en el que la compañía afrontaba un desafío radicalmente distinto a los de años anteriores. Durante décadas, Google había sido una máquina de generar dinero gracias a la publicidad digital. Pero la irrupción de la inteligencia artificial cambió las reglas del juego.

De golpe, el negocio ya no consistía únicamente en monetizar búsquedas o vídeos. El reto pasa a ser construir una infraestructura tecnológica capaz de competir con OpenAI, Microsoft, Anthropic y Meta. Y eso requiere de inversiones gigantescas.

La misión de Ashkenazi consiste en garantizar que Alphabet pueda financiar esa carrera sin poner en riesgo la rentabilidad de una empresa que sigue teniendo la obligación de responder ante millones de accionistas.

Su papel es tan estratégico que algunos analistas la consideran una de las personas más influyentes de toda la industria tecnológica, aunque permanezca lejos de los focos mediáticos.

La ampliación de capital es toda una declaración de intenciones. Hace apenas unos años habría resultado difícil imaginar que una compañía con decenas de miles de millones de dólares en caja recurriera a una operación de semejante tamaño. Sin embargo, la magnitud de las inversiones previstas para los próximos años está obligando incluso a los gigantes tecnológicos a replantearse sus estrategias.

La figura de Ashkenazi simboliza una nueva realidad empresarial que apuesta por la tecnología pero que tiene que hacer equilibrios para cuadrar los números. Ella es quien paga la factura de la inteligencia artificial.