Análisis

El riesgo (oculto) para las hoteleras españolas si Trump toma Cuba

Meliá, Iberostar o Barceló están en el punto de mira de Estados Unidos por sus negocios en la isla y ante el riesgo comienzan a salir del país caribeño

Renunciar a Cuba o a Estados Unidos.

Es la decisión a la que se enfrentan las empresas españolas con intereses en la isla.

El plan de Donald Trump de estrangular la economía cubana penalizando a las empresas extranjeras que trabajen con el Gobierno golpea de lleno al turismo. Y puede ser un callejón sin salida para las cadenas hoteleras nacionales, con Meliá e Iberostar a la cabeza.

Esta es la situación actual.

Este viernes entrará en vigor la orden ejecutiva firmada por Trump, que por primera vez desde 1961 introduce el concepto de “sanciones secundarias”.

Estados Unidos ya no castiga al Estado o a personas cubanas concretas, sino a compañías extranjeras que operen o tengan relaciones comerciales con entidades de la isla.

Incluso, aunque no exista un vínculo directo entre esa empresa y Estados Unidos.

Con esta medida, los grupos hoteleros españoles —Meliá, Iberostar, Valentín, Roc, Blau y Barceló— pasan a estar, automáticamente, en el punto de mira.

Comienza la salida de Cuba

El repliegue ya ha comenzado: primero con Iberostar, a la que se acaba de sumar Meliá.

Iberostar anunció el 2 de junio que ha dejado la gestión de 12 de sus 18 hoteles en la isla.

En concreto, los que son propiedad, a través de Gaviota, de Grupo de Administración Empresarial SA (Gaesa), el conglomerado militar que controla la economía del país. Seguirá operando seis que son propiedad de otras empresas vinculadas al Gobierno cubano (Cubanacán y Gran Caribe).

La cadena de la familia Fluxà era la segunda hotelera española con más presencia en Cuba (18 hoteles), solo superada por Meliá (34 establecimientos).

Precisamente, esta última acaba de informar, justo un día después (3 de junio), que también deja de operar sus establecimientos en Cuba.

Meliá Hotels International, a través de su filial portuguesa Ilha Bela, ha concluido “de manera inmediata la prestación de los servicios de gestión y comercialización, así como la cesión de uso de sus marcas hoteleras en Cuba, afectando a 15 hoteles”, informó a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV).

Una decisión obligada ante el riesgo que afrontan. En febrero, su presidente y consejero delegado, Gabriel Escarrer, descartó dejar el país. “Nos sentimos muy cómodos con nuestra estructura operativa y nuestra posición de liderazgo”, aseguró.

Hace unos días, Escarrer, a quien se le vetó entrar en EEUU en 2020 por los negocios de Meliá en Cuba, dijo: “Estamos colocando a los pocos clientes que quedan en los mismos hoteles. Hoy poca gente sabe qué va a pasar”.

Hasta ahora, las hoteleras españolas gestionaban más de la mitad de los 120 establecimientos de Gaesa.

El riesgo es que, si Estados Unidos toma el control en Cuba, estos contratos, en algunos casos firmados hace más de 30 años, se rescindan unilateralmente.

De la noche a la mañana, las marcas españolas podrían dar paso a rivales como Marriott, Hyatt o Hilton.

Semana decisiva para entender el tablero de juego

La llave del cambio está en manos de Marco Rubio, secretario de Estado de EEUU.

A partir del viernes, tendrá el poder de decidir a qué sectores se apunta.

La orden ejecutiva de Trump cita industrias estratégicas —energía, defensa, minería, servicios financieros— y cualquier otro que determine el secretario del Tesoro, Scott Bessent, en consulta con Rubio.

El turismo, motor de la economía y fuente de entrada de divisas, tiene muchas papeletas.

Cuba ha sido un dolor de cabeza más o menos acuciante según el momento para las cadenas españolas por la aplicación de la Ley Helms-Burton.

La norma permite, en virtud del Título III, reclamar en Estados Unidos reparaciones a quienes se lucren de bienes exportados por el régimen de Fidel Castro en Cuba a partir de 1959.

Ese epígrafe estuvo congelado hasta 2019. Ningún presidente estadounidense quiso recurrir a él para evitar problemas con otros gobiernos y en organismos internacionales.

Hasta que Trump accedió a la presidencia y, en su primer mandato, endureció el embargo a Cuba y lo activó, abriendo la caja de los truenos y avivando los problemas de aprovisionamiento, lo que abrió la puerta de salida de la isla a compañías como RIU.

Desde entonces, las demandas contra las cadenas españolas se han resuelto con acuerdos extrajudiciales.

Hace dos semanas, Iberostar selló un pacto por un hotel expropiado en Cuba en 1959.

Ahora, con la entrada en vigor de la orden ejecutiva de Trump, el riesgo pasa a máximos.

“En caso de sanciones internacionales, el sector hotelero está especialmente atrapado”, apunta José Luis Iriarte, catedrático de Derecho Internacional Privado en la Universidad Pública de Navarra y of counsel en Lupicinio International Law Firm.

Elegir entre Cuba o Estados Unidos

Las cadenas no son dueñas de los hoteles. Tienen personal y negocio —este último muy mermado desde que Estados Unidos ha estrechado el cerco sobre Cuba, dejando al país sin luz ni combustible—. Y reciben un fee por operar el activo y por la comercialización.

Por el contrario, las aerolíneas funcionan con derechos de vuelo que se negocian bilateralmente entre países y que solicitan al Gobierno de su país de origen. Quedan fuera del marco sancionador; en su caso, el problema es la falta de actividad.

Iberia ha suspendido sus operaciones entre Madrid y La Habana, a la espera de poder retomarlas el 25 de octubre con las mismas frecuencias (3 semanales), si la situación mejora.

Air Europa, que se queda en solitario, opera 5 vuelos semanales —el trayecto de ida es directo y, a la vuelta, el avión reposta en República Dominicana— y estudia llegar a una conexión diaria.

El problema para las empresas españolas no sólo es que se las sancione, sino que se las incluya en la lista SDN (Specially Designated Nationals and Blocked Persons List), que implica el bloqueo de activos en Estados Unidos o fuertes restricciones para acceder al sistema financiero internacional u operar en dólares.

“Ahora mismo, deben actuar con extrema cautela y evaluar con quién se relacionan, monitorizar la evolución de los acontecimientos y sopesar sus intereses en Cuba y en Estados Unidos, valorando en cada caso de cuál podrían prescindir“, anticipa Iriarte.

En el caso de Meliá, opera dos hoteles en Nueva York y Orlando.

Iberostar, por su parte, regresó a Estados Unidos el año pasado con dos establecimientos en Miami.

Más significativa es la presencia de Barceló, dueña de una gestora hotelera independiente, Crestline Hotels & Resorts, que alcanzaba los 113 establecimientos a cierre de 2025.

¿Y si el peor escenario no es Cuba?

El primer hotel de Meliá en Cuba.
Meliá

Meliá fue la primera hotelera internacional que gestionó un hotel en Cuba: el Hotel Sol Palmeras, que abrió en 1990, tres años antes de la llegada de Iberostar.

Hasta ahora, gestionaba más de 14.000 habitaciones y, en 2025, ingresó en el país 11,5 millones de euros, con un resultado bruto de explotación (ebitda) de unos 5 millones.

La ocupación de sus hoteles fue del 40%, frente al 61,7% de un año antes, con unos ingresos por habitación disponible (RevPar) de 29,7 euros.

Ahora, “con una conectividad tan baja y una situación que ha llevado a cerrar hoteles, esperamos que tengan pérdidas a nivel operativo“, señala Iván San Félix, analista de Renta 4 Banco.

A la espera de calibrar la amenaza, hay un escenario más negativo para las hoteleras españolas que elegir entre Cuba y Estados Unidos: que Trump prohíba a los estadounidenses alojarse en sus establecimientos.

“Sería gravísimo, palabras mayorísimas”, destaca Iriarte.

“Prohibir alojarse en los hoteles españoles es una posibilidad que no excluyo según los pasos políticos que se vayan dando“, señala.

Si ese fuera el caso, sería un impacto en una fuente de rentabilidad clave para la hotelería: el Caribe.

Estados Unidos y Canadá son los principales países emisores de turistas a destinos como República Dominicana o México.

En 2025, los estadounidenses realizaron 109 millones de viajes al exterior. El 10% fueron al Caribe.

En los últimos años, cadenas como Iberostar y Palladium se han aliado con grandes grupos estadounidenses. ¿El objetivo? Acceder a los millones de clientes de sus programas de fidelidad, ganas reconocimiento de marca, llenar sus hoteles.

Ese es el riesgo oculto de soliviantar a Estados Unidos por defender la posición en Cuba.