Trabajar diez horas seguidas al aire libre, bajo el sol del verano madrileño, convierte el calor en un reto diario. Karina Ramírez, socorrista de 38 años, se enfrenta a esa realidad. Desde 2024 vela por la seguridad de los bañistas en una piscina privada al norte de la capital, donde pasa buena parte de la jornada expuesta a las altas temperaturas. Mientras unos buscan refrescarse en el agua durante los días más calurosos del año, ella permanece vigilante desde las doce del mediodía hasta las diez de la noche para prevenir accidentes y actuar con rapidez ante cualquier emergencia.
La vocación fue lo que la llevó a dedicarse al socorrismo. Explica que eligió esta profesión por su “pasión por salvar y proteger a los demás, también por la importancia de la prevención educativa, la formación sanitaria permanente, mantenerme en forma física y controlar mis emociones” para “responder con eficacia en cualquier situación de alarma”.
Dedicación completa bajo el sol
Las jornadas estivales son largas y físicamente exigentes. El calor forma parte del trabajo y obliga a adoptar una rutina muy estricta para evitar que las altas temperaturas pasen factura.

“Trabajo 10 horas diarias, de 12:00h a 22:00h, suelo dedicar media hora para comer a las dos y media de la tarde y un descanso de otros quince minutos a las seis de la tarde. Las claves son hidratación constante, evitar la exposición directa al sol en horas centrales, protector solar y mantener húmedo el uniforme y la cabeza”, explica.
Aunque en su puesto no existe un protocolo específico para afrontar las olas de calor, ha aprendido con la experiencia cuáles son las medidas que mejor funcionan para sobrellevar jornadas enteras bajo el sol. “Lo que hago es mantener mi respectivo uniforme húmedo, lavarme la cabeza y la nuca constantemente, usar protector solar, beber abundante agua y, al ser dos socorristas, se extienden los descansos al doble”, señala.
Formación y educación para los bañistas
Su labor no consiste únicamente en vigilar la piscina. Una parte muy importante de su trabajo es la prevención y la educación de los bañistas, especialmente durante los días de temperaturas extremas, cuando aumenta el riesgo de golpes de calor, insolaciones o síncopes. Por eso insiste siempre en las mismas recomendaciones. “Hay que evitar la exposición directa al sol entre las dos y las cinco horas, mojar la cabeza y la nuca, usar protector solar y mantenerse hidratado bebiendo agua con frecuencia. También ducharse con agua fresca antes para evitar un choque térmico”.

Hasta la fecha, cruza los dedos porque no ha tenido que intervenir para atender a nadie por un golpe de calor o una insolación. Sin embargo, ella misma sí ha sufrido las consecuencias de trabajar durante tantas horas a pleno sol. El verano pasado experimentó lo peligroso que puede llegar a ser el calor extremo incluso para quienes están acostumbrados a convivir con él. “Sí, en verano del 2025. En dos ocasiones recibí un golpe de calor. Tuve náuseas, fiebre, vómito, dolor de cabeza y algo de confusión”.
Imprudencias con los niños pequeños
La experiencia como socorrista durante estos dos años también le ha permitido detectar cuáles son las imprudencias que se repiten verano tras verano entre los bañistas. En los más pequeños, el principal problema suele ser la falta de vigilancia por parte de algunos adultos. “Algunos padres descuidan a sus bebés tanto en la piscina pequeña como en el recinto y jardín. Se han pasado comunicados de atención y prevención de accidentes por descuido a los padres.”
En niños y adolescentes, el riesgo suele aparecer durante los juegos dentro del agua. “En su mayoría suelen hacer aguadillas y se hacen daño. Se evita en lo posible los grupos grandes.”
Los adultos tampoco están exentos de comportamientos peligrosos. Según explica, algunos nadan sin tener en cuenta al resto de usuarios, y pueden provocar accidentes y discusiones. “Suelen hacer largos y nadar sin precaución, sin tener en cuenta a otros bañistas y se hacen daño. Suele haber discusiones incluso”.
Cuidado y atención a las personas mayores
En el caso de las personas mayores, el mayor riesgo aparece al acceder al vaso de la piscina. “Porque en algunas ocasiones pierden el equilibrio. Se ha tomado la medida de que deben bajar con algún acompañante.”
Las olas de calor no solo ponen a prueba a quienes buscan un respiro en la piscina. También a los profesionales encargados de velar por su seguridad. Karina Ramírez pasa muchas horas bajo el sol, pendiente de cualquier incidencia y aplicando sobre sí misma las recomendaciones que repite a los bañistas: hidratarse, protegerse del sol y evitar la exposición durante las horas centrales del día. En un verano marcado por las altas temperaturas, insiste en que esos pequeños gestos pueden marcar la diferencia.

