Europa tiene un enorme problema con sus ahorros. Los hogares acumulan cantidades extraordinarias de dinero en cuentas corrientes, depósitos y otros productos líquidos, pero una parte muy reducida llega finalmente a los mercados financieros. Un nuevo estudio de J.P. Morgan Asset Management calcula que esta escasa inversión ha supuesto un coste de oportunidad de 2,4 billones de euros desde la pandemia.
La cifra es impactante, aunque necesita contexto. No significa que los europeos hayan perdido físicamente 2,4 billones de sus cuentas. J.P. Morgan calcula cuánto habrían obtenido si los 2,8 billones adicionales acumulados desde 2020 en efectivo o instrumentos equivalentes hubieran sido destinados a acciones globales.
Según esa simulación, esos 2,8 billones valdrían actualmente unos 5,4 billones si hubieran seguido la evolución de la renta variable mundial. Conservados en productos líquidos, su valor habría aumentado hasta aproximadamente 3 billones. La diferencia entre ambos escenarios explica los 2,4 billones.
Europa acumula 12,4 billones de euros en liquidez
El problema va mucho más allá del dinero ahorrado durante la pandemia. J.P. Morgan estima que los hogares europeos mantienen actualmente unos 12,4 billones de euros en efectivo o productos similares.
La preferencia por la seguridad constituye una característica histórica del ahorro europeo, pero la diferencia respecto a Estados Unidos es muy importante. El Banco Central Europeo calcula que aproximadamente el 80% de los hogares de la eurozona no tiene acciones ni otros activos financieros vinculados a los mercados.
Esta situación preocupa también a las instituciones comunitarias, que intentan estimular la inversión mediante la denominada Unión de Ahorros e Inversiones. El objetivo no consiste únicamente en mejorar la rentabilidad potencial de las familias, sino también en conseguir que una parte mayor del ahorro europeo financie empresas, innovación e infraestructuras.
El 43% ni siquiera se plantea invertir en Bolsa

Para comprender las razones, J.P. Morgan y Opinium entrevistaron a 17.000 adultos de entre 18 y 65 años en Alemania, Francia, Italia, España, Polonia, Países Bajos, Bélgica, Suecia y Finlandia.
El estudio refleja una profunda aversión al riesgo. El 27% afirma mantener la mayoría de sus ahorros no destinados a emergencias en efectivo, mientras solo el 21% concentra principalmente su dinero en acciones.
Más significativa resulta otra cifra: el 43% nunca se ha planteado invertir en renta variable o directamente no sabe cómo hacerlo. Y más de un tercio de quienes evitan los mercados identifica como principal motivo el miedo a perder dinero.
La falta de educación financiera también condiciona la inversión. Un 18% de los encuestados considera que el efectivo ofrece la mejor rentabilidad a largo plazo, frente al 15% que señala las acciones.
La inflación también castiga el dinero parado
El riesgo de invertir suele ser muy visible. El de no hacerlo, mucho menos. J.P. Morgan pone como ejemplo 100 euros depositados a comienzos de 2020. Su valor nominal habría aumentado hasta 109 euros, pero descontando la inflación su poder adquisitivo equivaldría actualmente a solo 89 euros.
Esos mismos 100 euros invertidos en renta variable global habrían alcanzado 194 euros nominales y unos 158 euros después de descontar la inflación, según los cálculos de la gestora.
Eso no significa que la inversión garantice beneficios. Las acciones pueden caer, los mercados atraviesan periodos prolongados de pérdidas y las rentabilidades pasadas no aseguran las futuras. Mantener una reserva de liquidez también resulta fundamental para afrontar imprevistos.
El debate se concentra, por tanto, en el exceso de efectivo destinado a objetivos de largo plazo, no en el dinero necesario para emergencias o gastos inmediatos.
España aparece entre los países que más preocupan

Las diferencias entre países son considerables. J.P. Morgan sitúa a Suecia, Finlandia y Países Bajos entre los sistemas que mejor canalizan el ahorro hacia la inversión, apoyados en sistemas de pensiones, incentivos fiscales y mecanismos que facilitan el acceso a los mercados.
En el extremo contrario aparecen Francia, Polonia y España. La gestora detecta en estos países una mayor dependencia de la liquidez y también una elevada confianza en que el Estado garantizará una parte importante de los ingresos durante la jubilación.
Más de la mitad de los europeos cree que podrá mantener durante su jubilación el nivel de vida que desea. Sin embargo, menos de una cuarta parte dispone de un plan definido para conseguirlo.
El ahorro europeo se convierte en un problema económico
Javier Dorado, director general de J.P. Morgan Asset Management para España y Portugal, resume la paradoja: “Aunque el ahorro es una tradición europea muy saludable, el exceso de dependencia en instrumentos de liquidez tiene un gran impacto negativo sobre la riqueza de los hogares y sobre la actividad económica”.
La cuestión ha dejado de ser únicamente personal. Europa necesita cientos de miles de millones de euros adicionales cada año para financiar tecnología, energía, defensa e infraestructuras, mientras mantiene enormes cantidades de ahorro fuera de sus mercados de capitales.
La inversión se convierte así en una de las grandes asignaturas pendientes de la economía europea. No se trata de sustituir completamente el ahorro seguro por activos de riesgo, sino de encontrar un equilibrio entre liquidez, protección y rentabilidad a largo plazo. Los 2,4 billones calculados por J.P. Morgan muestran cuánto puede costar, al menos sobre el papel, no encontrarlo.
