Durante casi cinco años, Marcela Velasco ha sido el rostro risueño de toda una comunidad de vecinos de Madrid. Argentina de nacimiento y española por adopción, es la conserje de un edificio de dieciséis plantas y sesenta y cuatro viviendas que ahora afrontan con tristeza su jubilación.
“Madintegra, la empresa para la cual trabajo, me propuso esta portería, muy cerca de mi domicilio y la verdad es que ha ido genial”, explica sobre cómo llegó a un puesto que ha acabado marcando la recta final de su vida laboral.
Su día a día está repleto de tareas. Trabaja en jornada partida y comienza cada mañana ocupándose de algunas de las funciones más físicas del edificio. “Lo primero que hago es guardar los cubos de basura para evitar que nadie deje residuos fuera de horario. Una vez cambiada, reparto los periódicos que traigo para mis vecinos. Después limpio los cubos”.
Jornada laboral
A partir de ahí, arranca una rutina de mantenimiento constante en una gran comunidad. “La torre tiene dieciséis plantas, y treinta y dos descansillos. Sus barandillas, ventanas y puertas de ascensor. Sin olvidar los trasteros para sesenta y cuatro vecinos. Y dos patios. Reparto los cinco días de la semana para limpiar lo más posible. Menos los trasteros, que se hacen cada quince días”, detalla.
Por las tardes, el trabajo adquiere una dimensión más social. Es entonces cuando da rienda suelta a su faceta comunicativa y sociable. “Los vecinos prefieren que esté en la garita para recibirlos, y como soy una excelente relaciones públicas, siempre tengo una palabra y una risa para todos ellos”.
Diferencias entre conserje y portero

Frente a quienes piensan que el trabajo consiste únicamente en abrir puertas, Marcela reivindica la importancia de las tareas diarias. “Hay diferencias entre conserje y portero. Desde luego, yo hago de todo, de lo que puedo, claro. Debo decir que he aprendido mucho. Lo primordial es la limpieza. No es que los vecinos vayan pasando el dedo, pero se nota cuando no limpias”.
Su experiencia le ha permitido conocer a fondo la vida de una comunidad numerosa y ya se ha hecho con todas las tareas de un oficio que tradicionalmente ha estado copado por hombres pero que ella desempeña con la misma eficacia. “Hace varios años que trabajo en la portería. Ya no hay nada difícil. Sí, son muchos vecinos, pero soy muy familiar para todos ellos. Y se me da muy bien actuar ante diferentes situaciones”.
Esa cercanía también se refleja en la valoración que recibe de quienes conviven con ella. “Por supuesto que valoran mi trabajo. En cuanto a que es una profesión poco reconocida, no lo sé, no es mi caso”.
Dificultades

Como ocurre en cualquier edificio, ha tenido que afrontar situaciones delicadas, especialmente durante sus primeros meses. “Creo que al principio de trabajar allí. Pero yo hago todo lo que esté en mi mano. Si no, o bien lo comento con el presidente de la comunidad. O llamo a la gestoría”.
Marcela tampoco ha sentido que ser mujer haya supuesto un obstáculo en su profesión. “No, no noto ni noté nunca nada por ser mujer. Lo único que noto es que me quieren mucho, están satisfechos con mi trabajo y me cuidan mucho”.
Si hay una parte especialmente gratificante de su trabajo, son las relaciones humanas que ha construido día a día. “Las tardes son más relajadas y puedo interactuar más con mis vecinos. Hay varios perros en la comunidad, y tengo chuches para ellos. Y claro, me adoran por ello. Yo tengo dos gatos”.
Su historia personal también está marcada por esa capacidad para conectar con los demás. “Soy argentina, nacionalizada española hace muchos años, muy agradecida por ello. Radicada en Madrid desde siempre. Era bailarina”. Pero tuvo que reinventarse y encontró en la portería su lugar.
Después de décadas observando a las personas convivir en distintos lugares, tiene una reflexión clara sobre la vida en comunidad, la clave para vivir en armonía. “Conozco cientos de ciudades, creo que adaptarte es la mejor convivencia”.
Ahora, cuando se acerca el momento de cerrar esta etapa profesional, la emoción es compartida también por sus vecinos. “Llevo casi un lustro en este trabajo. Estoy a punto de jubilarme, y estamos todos muy tristes”.

