Telefónica cerró 2025 con una fotografía ambivalente. Por un lado, la compañía mejoró su negocio operativo y elevó sus ingresos un 1,5%, hasta 35.120 millones de euros en términos comparables. Por otro, el grupo registró pérdidas de 4.318 millones de euros por el impacto de extraordinarios ligados a reestructuraciones y desinversiones en Hispanoamérica. La lectura, por tanto, exige separar el ruido contable de la evolución real del negocio.
Esa es precisamente la idea que Telefónica ha querido trasladar al mercado en su primer ejercicio completo con Marc Murtra al frente: asumir de una vez los costes más duros, limpiar balance y encarar 2026 con una estructura más ordenada. La compañía defiende que, sin esos impactos no recurrentes, el resultado ajustado de las operaciones continuadas fue positivo, con un beneficio neto de 2.122 millones de euros.
Pérdidas contables, pero mejora en el negocio recurrente
El gran titular financiero del ejercicio son esas pérdidas de 4.318 millones, pero su origen está muy concentrado. Telefónica ha imputado en 2025 el coste de su proceso de reestructuración y el efecto de la salida del perímetro de varias filiales de Hispanoamérica, entre ellas Argentina, Perú, Uruguay y Ecuador. La combinación de ambos elementos explica el grueso del golpe contable.
En paralelo, el negocio que permanece dentro del grupo ofrece una imagen más estable. El resultado ajustado de 2.122 millones permite a Telefónica sostener que el desempeño operativo no se ha deteriorado en la misma proporción que refleja la cuenta final. Es una distinción clave para entender estas cuentas. Una cosa es el resultado reportado, muy penalizado por extraordinarios, y otra el comportamiento recurrente del negocio.

La compañía, de hecho, subraya que ha cumplido sus objetivos financieros de 2025 y ha acelerado el crecimiento en el último tramo del año, un mensaje con el que busca reforzar la idea de transición y no de retroceso estructural.
España, el mercado que sostiene la rentabilidad
Dentro del grupo, Telefónica España vuelve a ocupar el centro de gravedad. El mercado español fue el más rentable y el que mejor reflejó la mejora operativa, con crecimiento simultáneo de ingresos, Ebitda y caja. Algo que la compañía destaca como un hito tras años de fuerte presión competitiva. Según los datos facilitados por Expansión, la facturación en España ascendió a 13.012 millones de euros, con un alza del 1,7%.
También avanzaron el Ebitda en España y la generación de caja, en un contexto en el que sigue pesando la competencia de bajo coste. Ese comportamiento refuerza una de las prioridades del grupo: proteger márgenes en sus mercados clave mientras gana tamaño o eficiencia en segmentos donde aún hay fragmentación. En la práctica, España vuelve a ser el ancla del grupo en un año marcado por decisiones duras.
Telefónica remarca además el peso creciente del negocio español dentro del conjunto del grupo, tanto en ingresos como en resultado operativo. Esa fortaleza explica en parte por qué Murtra insiste en una estrategia de disciplina financiera antes de abordar movimientos corporativos de mayor calado.
Murtra acelera el ajuste y prepara el tablero para 2026
El primer año completo de Marc Murtra ha estado marcado por una hoja de ruta reconocible: reducir exposición en mercados no estratégicos, simplificar estructura, ajustar costes y concentrarse en operaciones que aporten valor real. En ese marco encajan las ventas en Hispanoamérica y también medidas más sensibles, como el ERE, que han tenido un impacto económico y social muy relevante.

Telefónica ha optado por concentrar en un solo ejercicio buena parte de estos costes extraordinarios. Es una decisión agresiva en términos contables, pero coherente con la idea de presentar 2026 con menos lastres heredados. La empresa busca trasladar que el dolor se ha adelantado para ganar margen de maniobra después.
En ese mismo movimiento estratégico se enmarca la compra de Netomnia en Reino Unido, una operación que refuerza su posición en el mercado mayorista de fibra británico y apunta a una lógica de consolidación selectiva. La compañía mantiene el discurso de crecimiento, pero con una condición: que cualquier operación sea rentable y compatible con la disciplina financiera.
