Con apenas 18 años, Valeria Sainz Palomo tiene muy claro que su futuro profesional está en el aire. Alumna de la escuela European Flyers, su intención es convertirse en piloto de helicóptero. Su vocación no es casual: creció viendo a su padre volar y escuchando historias de rescates que realizaba en Salvamento. Hoy, ese recuerdo familiar se ha convertido en su proyecto de vida.
“Siempre lo tuve claro. Me llamaba la atención el mundo del helicóptero porque permite llegar a lugares donde otros medios no pueden. Además, puedes participar directamente en misiones de emergencia como incendios, rescates o servicios sanitarios.”
Convertirse en piloto requiere de una preparación exigente. El proceso de formación combina clases teóricas con horas de vuelo reales y simulador.

La formación
“El curso de mi escuela dura aproximadamente dos años y combina parte teórica y práctica. Primero estamos viendo asignaturas como meteorología, navegación, derecho aéreo y factores humanos. Poco a poco también vamos avanzando en la parte práctica. Para obtener la licencia comercial se necesitan alrededor de 150-155 horas de vuelo, que incluyen vuelos con instructor, vuelos en solitario, vuelo nocturno e instrumental básico, además de simulador y los exámenes correspondientes.”
Desde fuera, pilotar un helicóptero puede parecer una profesión extrema, peligrosa. Sin embargo, quienes se forman en este ámbito hablan más de respeto que de miedo.
Más respeto que miedo
“Lo que se siente es respeto. Al principio todo es nuevo y puede impresionar un poco, pero con la formación vamos aprendiendo a planificar bien cada vuelo y poco a poco vamos ganando seguridad”.
La seguridad y la anticipación forman parte esencial del aprendizaje de cualquier piloto. En la escuela, explica Valeria, se entrenan diferentes situaciones para aprender a reaccionar ante posibles incidentes.
“Trabajamos mucho la anticipación y la seguridad. Aprendemos a analizar bien la meteorología, calcular el combustible necesario y tener siempre alternativas antes de volar. También entrenamos diferentes procedimientos, como la autorrotación, vuelo con viento y en espacios reducidos. Además, los instructores de la escuela nos enseñan la importancia de la comunicación y del trabajo en equipo”.
Dentro de las distintas salidas profesionales que ofrece el helicóptero —como transporte o rescates— Valeria tiene claro el ámbito en el que le gustaría desarrollar su carrera.
“Me gustaría trabajar en emergencias y rescates, para poder ayudar a las personas en situaciones difíciles, como en misiones de rescate marítimas, aunque no descarto otro tipo de servicios”.
La aviación sigue siendo un sector tradicionalmente masculinizado, aunque la presencia femenina crece poco a poco. Durante su formación, Valeria ha podido ver cómo cada vez hay más mujeres en cabina.
“Durante mi formación he visto instructoras y mujeres piloto que son un gran referente, hace unos años había menos, pero ahora cada vez hay más mujeres en la aviación que inspiran y motivan”.
En su caso, nunca ha sentido prejuicios por ser mujer dentro del sector. “No he encontrado ningún rechazo. Al contrario, me siento muy integrada y respetada por mis compañeros.” Aun así, la presencia femenina sigue siendo minoritaria. De hecho, en su curso actualmente es la única mujer, aunque confía en que esa realidad cambie en los próximos años.
Más mujeres piloto
“Poco a poco la situación está cambiando y cada vez se ven más mujeres piloto, lo que anima a otras a seguir este camino. Al final, lo importante en esta profesión es la formación, la responsabilidad y la pasión por volar, independientemente de si eres hombre o mujer. Aunque paradójicamente en mi promoción actualmente soy la única mujer, cada vez hay más interés por parte de mujeres en el sector aeronáutico y en promociones anteriores se ha visto mayor número de alumnas”.
Apenas ha cumplido la mayoría de edad y ya está a un paso de conseguir su sueño: salvar vidas subida a un helicóptero. Con respeto a las hélices, pero sin miedo a volar.
Para cruzar el Estrecho entre Algeciras y Ceuta como hacía su padre, pero esta vez, con ella a los mandos.
