En el interior de la provincia de Alicante, lejos del bullicio costero, se esconde un paraje donde la naturaleza y la tradición oral se dan la mano. El Barranco de la Encantada, en el término municipal de Planes, es uno de los enclaves más sorprendentes del interior valenciano: aguas intensamente azules, senderos encajonados entre montañas y una leyenda que sigue viva.
Un valle escondido entre montañas
El barranco se abre paso entre paredes de roca caliza, modeladas durante siglos por la erosión del agua. El entorno es plenamente mediterráneo: pinos, carrascas y arbustos aromáticos acompañan el recorrido mientras el sonido del río actúa como banda sonora constante.
La ruta más habitual ronda los seis kilómetros entre ida y vuelta, dependiendo del punto de inicio. No presenta un gran desnivel acumulado, pero sí tramos pedregosos, estrechos y con firme irregular. Por ello está considerada de dificultad moderada: apta para senderistas acostumbrados a caminar por montaña, aunque no recomendable para quienes busquen un paseo completamente llano o señalizado como vía verde.
El terreno puede volverse resbaladizo tras lluvias, especialmente en las zonas próximas al cauce. El uso de calzado adecuado y con buena suela es fundamental para disfrutar del recorrido con seguridad.
Las pozas de agua azul que sorprenden al visitante
El gran reclamo del Barranco de la Encantada son sus pozas de agua cristalina, cuyo color varía entre el turquesa intenso y el azul profundo. La tonalidad se debe a la pureza del agua y a la composición calcárea del terreno, que refleja la luz de forma especial.
En primavera, cuando el caudal aumenta, pequeñas cascadas alimentan estas piscinas naturales y el espectáculo visual alcanza su máximo esplendor. En verano, aunque el nivel del agua puede descender, muchas pozas conservan suficiente profundidad como para ofrecer un baño refrescante.
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No se trata de un espacio acondicionado: no hay pasarelas ni zonas de acceso artificial. Precisamente ahí reside su encanto. El visitante encuentra naturaleza en estado casi intacto, sin infraestructuras invasivas, lo que refuerza la sensación de descubrimiento.
Eso sí, conviene actuar con prudencia. Algunas zonas pueden ser resbaladizas y la profundidad del agua varía según la época del año. La conservación del entorno depende también del comportamiento responsable de quienes lo visitan.
La leyenda que da nombre al barranco
Más allá de su atractivo natural, el lugar debe su nombre a una historia transmitida durante generaciones. La leyenda habla de una joven mora conocida como la Encantada, que habría quedado hechizada tras la conquista cristiana de estas tierras.
Según el relato popular, la joven aparece cada cien años, en la noche de San Juan, sentada sobre una roca junto al agua. Se la describe peinando su larga cabellera con un peine de oro, ofreciendo riquezas a quien logre liberarla del encantamiento. Sin embargo, la condición es clara: quien intente romper el hechizo debe demostrar pureza y renunciar a la codicia.
Quienes no lo han conseguido, cuenta la tradición, quedaron atrapados para siempre en el barranco. La historia añade un aura de misterio a las pozas más profundas, donde la luz apenas alcanza el fondo y el agua adquiere un tono más oscuro.
Senderismo con historia y carácter
El Barranco de la Encantada no es solo un destino para el baño o la fotografía. Es un espacio donde confluyen paisaje, esfuerzo físico y memoria colectiva. La dificultad moderada de la ruta ayuda a preservar su carácter tranquilo, alejándolo de la masificación que afecta a otros enclaves naturales.
Quien recorre este sendero encuentra algo más que agua azul. Encuentra silencio, ecos del pasado y la sensación de estar caminando por un lugar que conserva su identidad. En un contexto donde el turismo rápido gana terreno, este rincón del interior de Alicante invita a detenerse, observar y escuchar.
