Crisis migratoria

“Ceuta necesita sentir que no está sola”

Las calles vuelven poco a poco a la normalidad, pero el cerebro necesita tomarse su tiempo. El neuropsicólogo clínico Emilio Díaz-Moreno analiza la herida emocional que deja esta crisis y la necesidad de no quedar olvidada cuando desaparezcan las cámaras

Marroquíes cruzando a Ceuta.
Miles de personas en la frontera entre Castillejos (Marruecos) y Ceuta
EFE

A simple vista, Ceuta comienza a parecerse otra vez a la ciudad que era hace unas semanas. Pero la tranquilidad tiene una curiosa manera de regresar. “La normalidad siempre vuelve antes a las calles que a la mente de las personas”, nos avanza el neuropsicólogo clínico Emilio Díaz-Moreno, director del centro de psicología homónimo en la ciudad autónoma. La emergencia puede haber remitido, pero sus efectos continúan en la vida cotidiana de miles de ceutíes.

Durante varios días, la ciudad autónoma ha vivido entradas masivas, sirenas, despliegues policiales y militares y mucho caos. El cerebro, según explica Díaz-Moreno, no desconecta con la misma rapidez con la que se normaliza el paisaje urbano. Cualquier movimiento vuelve a activar el recuerdo y al atravesar algunas de las zonas más afectadas vuelve una inquietud que no desaparece de un día para otro. En Ceuta esta reacción psicológica se agrava porque ya ha sufrido otros episodios de tensión fronteriza y esa memoria colectiva modifica la forma en que la población interpreta el presente. ¿Y si vuelve a suceder? Es una pregunta siempre abierta.

La resiliencia no es inmunidad

“Cuando esa incertidumbre se instala, la sensación de seguridad tarda mucho más en recuperarse”, explica el neuropsicólogo. La resiliencia, una palabra tan repetida en los últimos años, tampoco significa inmunidad emocional. Los ceutíes han demostrado una enorme capacidad para adaptarse a situaciones difíciles y seguir adelante. Sin embargo, esa fortaleza no impide que cada crisis vaya dejando pequeñas cicatrices invisibles. “Ser resiliente no significa que nada te afecte. Significa tener la capacidad de levantarte después de una situación difícil”.

Mirar constantemente el teléfono móvil, estar pendiente de cualquier ruido, evitar determinadas calles, dormir peor o sentirse más irritable. Son solo algunas de las reacciones habituales. Durante estos días incluso han aparecido comportamientos que recuerdan a los primeros compases de la pandemia, como el acopio preventivo de alimentos o productos básicos. “Comprar víveres no suele responder a una necesidad objetiva, sino a la sensación de estar haciendo algo útil frente a una realidad que no pueden controlar”, indica Díaz-Moreno.

La suspensión de los festejos ha supuesto otro golpe emocional duro. Para Ceuta, la feria representa uno de los grandes rituales colectivos del año. Es el momento en que regresan quienes viven fuera, se reúnen familias enteras y los amigos recuperan viejas costumbres. Desde el punto de vista psicológico, perder ese espacio de encuentro tiene consecuencias importantes. “Las fiestas patronales no representan únicamente unos días de ocio. En una ciudad como Ceuta constituyen uno de los principales símbolos de normalidad, de reencuentro y de identidad colectiva”, advierte el doctor.

Queda mucho por reparar

A ello se suma el impacto económico. Detrás de cada caseta hay inversiones, pequeños empresarios, hosteleros, comerciantes, feriantes y cientos de familias que confiaban en el mes de agosto para recuperar buena parte de sus ingresos anuales. “Ya no hablamos solo del miedo a lo que pueda ocurrir, sino de la incertidumbre de no saber cómo afrontar las consecuencias de lo que ya ha ocurrido”.

CEUTA, 03/08/2026.- Cientos de inmigrantes marroquíes descansan en las calles de Ceuta, este lunes. La vigilancia en el entorno de la frontera del Tarajal, tanto por vía marítima como terrestre, así como los nuevos medios de contención en la zona con la instalación de una barrera en el mar han reducido al mínimo las entradas a nado desde Marruecos. EFE/Reduan
Cientos de inmigrantes marroquíes descansan en las calles de Ceuta, este lunes.
EFE/Reduan

Uno de los mecanismos que mejor ayudan a recuperar el equilibrio consiste en volver cuanto antes a las rutinas. El cerebro interpreta esa recuperación de la vida cotidiana como una señal inequívoca de que el peligro ha quedado atrás. En Ceuta ese momento no ha llegado. “El miedo no solo aparece por lo que puede suceder; también por aquello que dejamos de hacer porque sentimos que todavía no podemos volver a nuestra vida normal”, insiste el experto.

Y en una ciudad donde prácticamente todos se conocen, ese impacto emocional se multiplica. La preocupación de un comerciante termina siendo también la de sus vecinos. La cercanía, una de las grandes fortalezas de Ceuta, hace que también las emociones circulen con extraordinaria rapidez.

La ciudad entera compartió el mismo sobresalto y ahora vive con esa sensación de incertidumbre, impotencia y vigilancia constante que impide al cerebro desconectar. Díaz-Moreno habla de un “periodo de estrés comunitario”. “No significa que la población vaya a desarrollar un trastorno psicológico; lo esperable es que la mayoría recupere progresivamente su equilibrio emocional, especialmente cuando vuelvan las rutinas, la información sea clara y exista una percepción de control sobre la situación”.

Cada crisis desgasta un poco más

El problema aparece cuando esa sensación de control no termina de consolidarse. “La repetición no siempre fortalece; en ocasiones también desgasta”. Cada nueva crisis fronteriza reactiva el recuerdo de las anteriores. Aunque los escenarios nunca sean exactamente iguales, el cerebro interpreta que la amenaza puede repetirse en cualquier momento y mantiene activados sus mecanismos de alerta mucho más tiempo del necesario.

Por eso resulta tan difícil pasar página. “Nuestro sistema de alerta interpreta la seguridad a partir de las señales del entorno”. Incluso un elemento tan cotidiano en Ceuta como la presencia del Ejército adquiere un significado diferente durante una crisis. Los militares forman parte del paisaje habitual de la ciudad. Muchas familias tienen algún miembro destinado allí y cruzarse con uniformes no genera, en circunstancias normales, ninguna inquietud. Lo que cambia es el contexto. “El uniforme deja de percibirse como parte del paisaje habitual y pasa a convertirse en un recordatorio constante de que se está viviendo una situación extraordinaria”.

CEUTA, 30/07/2026.- Vista de la entrada ilegal a nado en Ceuta de migrantes marroquíes y argelinos este jueves. Los centros de acogida de adultos y menores de la ciudad autónoma de Ceuta siguen colapsados tras la llegada irregular de unos 1.500 migrantes en los últimos nueve días, lo que ha llevado a su presidente, Juan Jesús Vivas, a pedir una acción “contundente y sin dilación” al Estado ante la “dimensión de la crisis migratoria.EFE/ Reduan Dris
Vista de la entrada ilegal a nado en Ceuta de migrantes marroquíes y argelinos.
EFE/ Reduan Dris

Si los adultos encuentran dificultades para salir de ese círculo, los menores constituyen uno de los colectivos más vulnerables. Los niños rara vez verbalizan el miedo con las mismas palabras que los mayores. Lo expresan durmiendo peor, mostrando mayor irritabilidad, formulando preguntas repetidas, buscando constantemente la cercanía de sus padres o quejándose de dolores físicos sin una causa médica aparente. “Los menores se fijan mucho en cómo reaccionan los adultos”, señala Díaz-Moreno. Por eso recomienda limitar la exposición a imágenes especialmente impactantes y explicarles lo sucedido con un lenguaje adaptado a su edad, transmitiendo siempre una idea fundamental: que ahora están seguros.

Entre el drama y la seguridad

Pero uno de los aspectos más delicados que ha dejado esta crisis es el conflicto emocional que muchos ceutíes describen cuando hablan de lo vivido. Por un lado, la preocupación por la seguridad de la ciudad. Por otro, el sufrimiento de quienes llegan jugándose la vida. “Los ceutíes están acostumbrados a convivir con la realidad migratoria y, en general, saben distinguir entre el problema de seguridad y el drama de las personas que llegan. Se puede sentir preocupación por la ciudad y, al mismo tiempo, compasión por quienes se juegan la vida intentando cruzar”.

Mantener simultáneamente esas dos emociones tiene un elevado coste psicológico. “Las personas ven sufrimiento, muertes, menores solos y familias desesperadas, pero sienten que no pueden hacer nada. Esto puede producir agotamiento emocional, impotencia e incluso una cierta necesidad de desconectar para poder seguir funcionando”. Añade una reflexión que refleja el espíritu con el que muchos vecinos afrontan estos días: “Creo que una sociedad puede estar preocupada por su seguridad sin perder su humanidad”.

CEUTA, 30/07/2026.- Vista de la entrada ilegal a nado en Ceuta de migrantes marroquíes y argelinos este jueves. Los centros de acogida de adultos y menores de la ciudad autónoma de Ceuta siguen colapsados tras la llegada irregular de unos 1.500 migrantes en los últimos nueve días, lo que ha llevado a su presidente, Juan Jesús Vivas, a pedir una acción “contundente y sin dilación” al Estado ante la “dimensión de la crisis migratoria.EFE/ Reduan Dris
El drama humano produce agotamiento emocional. EFE/ Reduan Dris

Nos habla también de la sensación de que, cuando ocurre una crisis, Ceuta tiene que resistir primero y esperar después a que llegue la respuesta. Y duele especialmente en una ciudad donde el vínculo con España forma parte de la propia identidad colectiva. “Los ceutíes tienen un profundo sentimiento de pertenencia a España. Quizá precisamente porque vivimos separados geográficamente de la Península, ese vínculo se vive con una intensidad especial”.

Sin embargo, el neuropsicólogo rechaza terminar el diagnóstico desde el pesimismo. “Si algo caracteriza a Ceuta es su capacidad para salir adelante. Es una ciudad acostumbrada a afrontar dificultades, profundamente solidaria, donde vecinos, comerciantes, profesionales, fuerzas y cuerpos de seguridad, sanitarios y militares forman parte del mismo tejido social”. Pero hará falta que Ceuta deje de sentirse aislada una vez retiradas las cámaras. “Ceuta no necesita que la recuerden únicamente durante la crisis; necesita sentir que no está sola cuando los periodistas se marchen”.

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