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Alejandra Prat: “A los 50 estoy más segura de mí misma”

La periodista atraviesa una etapa de plenitud en la que conviven su regreso a la televisión, su pasión por la doma clásica y una familia que siempre ha sido su prioridad

Alejandra Prat.
Alejandra Prat.
Montaje: kiloycuarto

Alejandra Prat habla de su vida con la serenidad de quien no siente la necesidad de justificar las decisiones tomadas. A las puertas de los 50, asegura estar feliz con la mujer que es hoy, más segura de sí misma y capaz de mirar cada etapa con perspectiva, pero sin nostalgia. Durante años eligió reducir su presencia en televisión para acompañar de cerca la infancia de sus tres hijos, una decisión que nunca ha considerado una renuncia y que hoy recuerda como uno de los grandes privilegios de su vida.

Ahora, con sus hijos entrando en una etapa más independiente, Alejandra vuelve a encontrar espacio para otras inquietudes. Ha regresado a la televisión, recuperando así una de esas “espinitas” profesionales que todavía tenía pendientes, y ha retomado también la doma clásica, disciplina en la que llegó a ser ocho veces campeona de España y con la que sueña incluso con volver a competir internacionalmente. Hija de Joaquín Prat, habla con orgullo de su familia y de un apellido que nunca ha sentido como un peso, mientras reivindica la conciliación, la libertad de elegir y una forma de cumplir años alejada de exigencias imposibles.

 Alejandra, ¿estás donde querías estar a estas alturas de tu vida?

Disfruto el día a día, disfruto cada momento. Soy muy feliz con lo que tengo y con lo que he conseguido. Mi prioridad siempre ha sido mi familia y lo seguirá siendo.

Profesionalmente, haber podido volver después del parón de la maternidad para mí ha sido un auténtico lujo. Y si me preguntas si me gustaría ahora poder hacer más cosas porque vuelvo a tener más disponibilidad, te diría que sí. Pero creo que es un trabajo que hay que ir haciendo día a día y, sobre todo, no dejar pasar las oportunidades.

Has crecido en una familia donde la televisión y el periodismo estaban muy presentes. ¿Qué recuerdas de aquella casa cuando todavía no sabías que tu apellido era famoso? ¿Te ha pesado alguna vez ser “la hija de Joaquín Prat” o has sentido que tenías que demostrar quién eras tú?

Siempre hemos sabido que mi padre se dedicaba a la televisión, pero no vivíamos pensando que nuestro padre era famoso. Para nosotros, nuestro padre era una persona que trabajaba en la radio y en la televisión y que acompañaba a millones de personas a diario, en sus vidas, en sus hogares, en sus trabajos, en sus coches… Lo vivíamos como algo natural.

Nunca, jamás, me ha pesado ser hija de mi padre. Al contrario. Me siento muy orgullosa de quién era mi padre y muy orgullosa de quién es mi madre.

Creo que, como familia, todo eso nos ha marcado siempre de una manera positiva. Admiro profundamente a mi hermano Joaquín, a mi hermana Andrea y a mi hermano Fede, cada uno en su situación, pero nunca lo he vivido como algo negativo.

Fuiste ocho veces campeona de España de doma clásica. ¿Qué queda de aquella deportista de competición en tu manera de afrontar hoy la vida?

Es una disciplina que sigo practicando ahora también y después de años sin hacerlo, la he retomado. Mi gran ilusión sería poder volver a competir a nivel internacional. Estoy en ello: me estoy ajustando con un caballo, con otro voy probando… Vamos viendo hasta dónde podemos llegar. Pero para mí la hípica sigue formando parte de mi rutina y de mi día a día durante la semana.

¿Hay alguna profesión o vida alternativa que todavía te intrigue?

Siempre hay cosas que aparecen y te hacen gracia, pero no. He elegido exactamente el trabajo que me gusta, al que me quiero dedicar, y estoy donde quiero estar.

Además, ahora mis hijos están ya en edad de empezar la universidad; de hecho, la mayor este año ha empezado Derecho. Creo que hay muchísimos caminos y opciones, pero cada uno tiene que escoger el suyo… Y el mío es este.

Pero te diré una cosa: siempre me ha llamado mucho la atención ser detective. Esa afición por buscar, encontrar, conocer y descubrir también tiene mucho que ver con el periodismo.

Dejaste una etapa muy activa en televisión para dedicarte a tu familia. ¿Qué ganaste con aquella decisión y a qué sentiste que renunciabas?

Dejar la televisión para mí nunca ha sido una renuncia. Fue algo que hice voluntariamente porque sentía que, en ese momento, era lo que tenía que hacer.

No siempre fue una decisión que todo el mundo comprendiera, tanto mujeres como hombres, pero creo que es una opción absolutamente personal. Tan válida es la decisión de seguir con tu trabajo, continuar creciendo profesionalmente y renunciar a determinados momentos de la maternidad, como la de aparcar durante un tiempo tu carrera.

Yo tampoco la dejé al cien por cien; intenté seguir vinculada de alguna forma. Pero poder vivir el día a día de mis hijos, acompañarlos en cada etapa escolar cuando eran pequeños, estar con ellos… Creo que ha sido un lujo de la vida.

Lo he disfrutado muchísimo y la relación que tengo hoy con mis hijos también es maravillosa. Hay muchísima confianza, una relación muy abierta, comprensión, cariño y respeto. Para mí ha sido una suerte.

Tienes tres hijos. ¿Qué clase de madre imaginabas que serías y cuál has terminado siendo?

Todavía estoy en ese proceso. Cada día vas descubriendo cosas de ti misma. En muchas cosas me parezco a mi madre y en otras hago las cosas de manera diferente.

Creo que hago un buen equipo con mi marido y que hemos formado una gran familia con nuestros hijos. A nosotros nos gusta cómo es. Es la nuestra, es diferente y es la que hemos creado.

¿Qué te gustaría que aprendiesen de ti?

Eso casi tendrían que decirlo ellos. No lo sé. Al final es más interesante saber en qué te admiran y en qué no.

Yo admiro muchísimo a mis hijos y aprendo mucho de ellos cada día. Y también aprendo muchísimo de mi madre: de su vitalidad, de su fuerza, de cómo ha sabido mirar siempre hacia delante y disfrutar de la vida a pesar de muchas cosas y de haber pasado por momentos muy duros.

Se habla mucho de conciliación, ¿crees que tenemos que seguir hablando de ello?**

De conciliación hay que hablar todo el rato. Sigo pensando que, en muchos casos, es imposible desde el momento en que se exige a la mujer que sea quien asuma muchos momentos de renuncia y quien soporte gran parte de la carga familiar.

Hay familias en las que no es así y las responsabilidades se comparten, por supuesto, pero creo que en la mayoría de los casos sigue recayendo principalmente sobre la mujer. Es un rol que continúa estando muy presente socialmente y que todavía asociamos mucho a nuestra condición femenina. Al menos, yo lo he vivido así.

Estás a las puertas de los 50. ¿Te gusta más la mujer que eres hoy que la de los 30?

Me encanta la mujer que soy hoy en día. Creo que a los 50 estoy más segura de mí misma, soy capaz de reflexionar más sobre las cosas que me suceden y también de respetar mucho más a los demás.

Pero a los 30 también me encantaba. He vivido cada etapa de mi vida al máximo y con 50 años sigo haciéndolo.

Creo que nunca hay que dejar de hacer cosas y nunca hay que dejar que “el viejo” entre en ti.

Se habla muchísimo de aging well, especialmente en las mujeres. ¿No hemos convertido también el “envejecer bien” en una nueva exigencia?

Envejecer bien no debería ser una exigencia. Creo que cada uno tiene que llevar ese concepto a su propia realidad.

Envejecer bien significa hacerlo desde la edad que tienes, desde el cuerpo que tienes y desde tus propias cualidades. No somos todos iguales y no podemos pensar que va a ser igual para todo el mundo.

¿Hay algún sueño profesional o personal que hayas ido posponiendo y que ahora quieras recuperar?

He podido volver ahora a la televisión, que era una de esas espinitas que tenía clavadas, y soy feliz ahí.

Y también me gustaría llegar más lejos en la doma clásica. Me gustaría volver a ese momento en el que estaba cuando lo dejé, siendo una de las mejores españolas compitiendo en Europa, y retomar aquel nivel.

¿Qué te hace feliz? ¿Cómo es para ti un día perfecto?

Me hace feliz no tener planes. Levantarme por la mañana y no tener que pensar qué voy a hacer o qué no voy a hacer. Disfrutar de cada instante, poder estar cerca de los míos y tener salud.

Para mí, eso es un día perfecto: disfrutar de la gente a la que más quiero, compartir con ellos y ver pasar el día entre risas, cariño y amor. Hablar de recuerdos, hablar del futuro y, sobre todo, disfrutar del momento.

Para mí, eso es ser feliz.

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