Qué comer

Almara, un oasis mediterráneo en pleno paseo de la Castellana

Una propuesta con cocina de confianza, para venerar el buen producto nacional y disfrutar de los placeres sencillos al sosiego del frescor de su terraza

Las cosas que funcionan no hay por qué cambiarlas. Es el caso de la cocina mediterránea, las cosas sencillas y nutritivas, los pequeños placeres y también las buenas ideas. En ese compendio se encuentra Almara (última apertura del Grupo La Fábrica), que se inauguró a principios de año pleno Paseo de la Castellana con una máxima tan asequible como absoluta: rendir tributo al sabor del Mediterráneo.

Perfecta para la llegada de la temporada estival, su terraza se despliega como una extensión más de su personalidad, además de como una magnífica solución para comer o cenar con calma al resguardo de las horas (extras) tras la jornada intensiva y las más amables noches. Su carta “entre horas”, además, facilita las citas a horas intempestivas o los refrigerios que se convierten en aperitivos improvisados, sin afectar a la logística ni perder un ápice de espontaneidad.

Una personalidad renovada para el verano 

El informal y, a la vez, cuidado espacio que sorprende al entrar en la terraza de Almara se concibe desde la casa como una suerte de “jardín urbano” más que como una terraza de restauración al uso. El motivo, según explican desde el madrileño establecimiento, ha sido precisamente el de dar un impass a sus clientes, aportando un poco de respiro en la capital. “Más que un espacio independiente, nuestra terraza es otra forma de vivir el restaurante: misma cocina, otro tempo, y la sensación de estar fuera sin salir de la ciudad”.

Si su interior, diseñado por Pablo Baruc, se inspira en “los paisajes, la naturaleza, la cultura y la forma de vida tranquila del Mediterráneo”, con un paisaje que ya se percibe al pisar sobre un suelo de terrazo de fondo blanco o desde sus paredes de pintura a la cal, ese hilo conductor con el azul del mar, la brisa y la propia arquitectura que lo define impregna también la terraza; allí el verde y los tonos miel se cambian por un azul bicolor y un neutro que devuelve al origen de su ADN, arropado por las texturas de unos materiales que se mimetizan con el tranquilo y refrescante ambiente de su jardín protegido. Tal y como lo definen, se trata de un ambiente “acogedor, lleno de serenidad, contemporáneo y cálido, vinculado a ese mar tan nuestro en un local amplio y muy luminoso”, que conecta ambos ambientes gracias a sus ventanales de más de cuatro metros de altura.

Un proyecto macerado cuidadosamente por Paco y Gonzalo Talavera, segunda generación al frente del grupo familiar, que han apostado por crear un restaurante tan acogedor como determinante en una propuesta gastro “muy nuestra, con esos platos de tradición, entendida desde la actualidad, con sabores reconocibles y productos que llenan de disfrute las mesas y las sobremesas”.

Una premisa que han encomendado al Aitor Mena, chef ejecutivo del grupo. Cocinero de profesión, este navarro de origen cuenta con una temprana y variada trayectoria; desde su formación en la escuela de hostelería de Pamplona, ha pasado por Barcelona (donde trabajó en el hotel boutique Neri y en el restaurante del hotel Omm, Moo Roca, reconocido con una estrella Michelin), así como por los restaurantes de Quique Dacosta y El Celler de Can Roca. Más recientemente, y tras su paso por Australia, Inglaterra o Irlanda, ha vuelto a Almara como su casa, con una completa representación de huerta, mar y tierra.

Una carta refrescante y con esencia 

La gamba blanca, el atún rojo o el espárrago de Navarra son algunos de los placeres nacionales, pero también ya universales, que vertebran su nueva carta de temporada. Una propuesta comandada por el navarro Aitor Mena, que lidera su cocina con una apuesta total por el producto, donde brillan los canelones de txangurro, la parpatana de atún rojo al oloroso o la lubina a la parrilla, y que se completan con otros que ya llevan el sello de la casa de la casa como la gilda XXL, la ensaladilla con ventresca, el stear tarta sobre patata hojaldrada o el puerro a la brasa con mojama. 

Además, su carta de barra permite añadir opciones para compartir “como croquetas, gildas, el trío AL-marino de anchoa 00, boquerón y atún rojo, jamón 100% ibérico de bellota con pan cristal, conservas o milhojas de patata con salsa brava y alioli”, explican desde el local de Grupo La Fábrica. Sin olvidar los postres, que cobran especial relevancia cuando suben las temperaturas, gracias a propuestas como su el flan con yemas de huevo de corral y chantillí, la torrija caramelizada con helado de dulce de leche, el chocolate, AOVE y pan, o, todo un must estival: su refrescante de piña especiada (con crema de vainilla, cacahuete y sorbete de coco); un festival de sabores que no defrauda.

Todo ello pensado para, si la ocasión lo permite, regarse con una buena botella de su bodega, que además está pensada específicamente “para disfrutar por copas y alargar la ocasión (comida, cena o aperitivo) sin prisa”. Concebida una prologanción natural de su cocina, cuenta con una selección que recorre algunas de las denominaciones más emblemáticas de España y combina grandes clásicos con referencias de marcado carácter; “destacan blancos atlánicos como albariños, godellos y txakolis ideales para elaboraciones más frescas, junto a una cuidada selección de tintos de Rioja y Ribera del Duero, además de vinos singulares de otras zonas”, explican. La propuesta se completa con champagnes de prestigio, vinos internacionales y una amplia oferta por copas con 25 referencias entre espumosos, rosados, blancos y tintos perfectos para cada ocasión. Además, como extra Almara cuenta con una carta especial de Vega Sicilia, “con referencias como Valbuena 5º Año, Alión o Macán Clásico, además de vinos excepcionales como Oremus Aszú, donde el tiempo y la vitiocultura paciente se convierten en un ingrediente más”, detallan.

Una suerte de reducto de felicidad para los amantes de lo sencillo y lo espectacular de nuestras fronteras, que también es un respiro urbano para poder recibir el verano como se merece.

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