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Buñol, mucho más que tomates: un recorrido entre castillos, calles medievales y cascadas

A apenas 40 kilómetros de Valencia, Buñol esconde tras su fama internacional de La Tomatina, un castillo medieval, barrios de calles estrechas y un entorno marcado por el agua

Buñol (Valencia) - Sociedad
Vista general de la localidad valenciana de Buñol
Wikipedia

Hablar de Buñol es hacerlo inevitablemente de tomates. Cada último miércoles de agosto, las calles de este municipio valenciano se transforman durante unas horas en el escenario de una batalla conocida como la Tomatina. Pero basta alejarse de esa imagen para descubrir que la localidad tienes bastante que ofrecer.

Situado a unos 39 kilómetros de Valencia ciudad, Buñol se encuentra en un entorno montañoso, en el que el patrimonio y naturaleza conviven a poca distancia. Su castillo domina el núcleo urbano, las calles conservan su trazado histórico y el río acompaña al visitante hacia otros rincones como la Cueva del Turche. Un recorrido ideal para completar e un día, una primera parte andando por el casco histórico, mientras que en la segunda necesitarás un calzado cómodo para adentrarte en sus alrededores.

El Castillo, una puerta de entrada a la historia de Buñol

El recorrido comienza en la parte alta del municipio, frente al Castillo de Buñol. La fortaleza tiene sus orígenes entre los siglos XI y XII, aunque fue remodelada posteriormente tras la conquista cristiana. Su ubicación tiene un fuerte significado fronterizo, entre los barrancos del río Buñol y Borrunes. Todavía existen viviendas habitadas dentro de sus muros, algo que le convierte en uno de los castillos más singulares de la Comunidad Valenciana.

La visita puede comenzar atravesando la torre hasta llegar a la antigua Plaza de Armas, desde donde podremos disfrutar de una buena panorámica del municipio. En el interior, aparecen la Torre Mayor, el Palacio Gótico y el Palacio de Mercader, donde se encuentra el museo arqueológico. Su colección reúne piezas de diferentes épocas, desde el Paleolítico y Neolítico, hasta las culturas íbera y romana.

Una gran ventaja para el visitante es que el recinto exterior del castillo tiene acceso libre, sin necesidad de realizar una visita guiada.

Del Castillo a las calles donde nació el Buñol medieval

La salida de la zona inferior de la fortaleza conduce directamente al Barrio del Castillo. Las calles se estrechan y las pendientes aparecen entre casas encaladas y pequeñas plazas. El recorrido conserva su origen musulmán. El barrio ofrece además, una de las perspectivas más características del castillo, que parece surgir directamente sobre las viviendas. Sus rincones llegaron a servir de inspiración al artista Joaquín Sorolla, que pintó algunas de sus calles.

Según bajas, encontrarás la Plaza del Pueblo, con un ritmo cotidiano hasta el día de La Tomatina. Se trata de una de las festividades más reconocidas y tiñen de rojo al municipio. La fiesta está declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional y se celebra el último miércoles de agosto.

 

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Este año ha batido un récord histórico con una lluvia de más de 150.000 kilos de tomate, es decir, 30.000 más que la del año pasado. La tradicional fiesta ha alcanzado su 79º edición y ha reunido a más de 20.000 personas. Los asistentes provienen del propio Buñol y alrededores, así como de múltiples nacionalidades como Estados Unidos, Japón, Rumanía o Italia. Como cabe recordar, se trata de una cultivación especial, las hortalizas no son aptas para el consumo.

San Pedro Apóstol y el recuerdo de una localidad industrial

Desde el entorno de la Plaza del Pueblo, el siguiente destino es la iglesia de San Pedro Apóstol, otro de los edificios más visibles del casco urbano gracias a su característica cúpula azul. El templo, construido en el siglo XVIII, constituye una de las principales referencias monumentales del centro de Buñol. A su vez, sirve para entender el desarrollo de la ciudad: su pasado industrial.

Para descubrirlo hay que dirigirse hacia el Molino de Galán. Lejos de quedar abandonado, el molino fue rehabilitado y actualmente alberga distintos usos culturales entre ellos la biblioteca municipal y espacios de exposiciones. En este mismo lugar, se encuentra el Museo de la Tomatina, que permite conocer el origen y evolución de la fiesta más conocida del municipio.

El agua toma protagonismo en San Luís

Tras varias horas entre piedra, historia y calles estrechas, el agua toma al escenario principal. El Parque de San Luis, situado junto al río y rodeado de vegetación, ofrece una cara más tranquila de la localidad. Desde aquí, se puede continuar el curso del río por el Parque Fluvial, un espacio recuperado sobre terrenos que anteriormente pertenecieron a la actividad industrial. Todavía quedan algunos restos de ese pasado, aunque actualmente está pensado principalmente para caminar y disfrutar del paisaje.

La presencia constante de fuentes, manantiales, ríos y pozas explica por qué una de las propuestas senderistas más conocidas de Buñol recibe precisamente el nombre de Ruta del Agua.

La Cueva del Turche, el final más espectacular

Para terminar la jornada hay que abandonar el casco urbano y dirigirse hacia la Cueva del Turche, probablemente el espacio natural más conocido del municipio.

El elemento que llama inmediatamente la atención es su cascada. En épocas de abundancia de agua, el salto alcanza aproximadamente 60 metros de altura antes de caer sobre la poza situada a sus pies. El lugar permite descansar junto al agua y contemplar uno de los paisajes más fotografiados de la comarca.

Conviene adaptar la visita a las condiciones meteorológicas. Con lluvia los senderos pueden volverse resbaladizos y el caudal de los barrancos puede variar considerablemente. La imagen del lugar tampoco es siempre la misma: la espectacularidad de la cascada depende en buena medida de las precipitaciones.

Para quien disponga de más tiempo, el recorrido puede prolongarse hasta otros enclaves como la Cueva de las Palomas o el Charco Mañán, donde pequeños saltos de agua forman nuevas pozas en mitad del paisaje.

Cueva del Turche

 

Una parada para saborear el Buñol más tradicional

Después de caminar, llega el momento de sentarse a la mesa. Y aquí aparece otra sorpresa: pese a que el municipio es mundialmente conocido por el tomate, este fruto no es precisamente el único protagonista de su cocina.

Como ocurre en buena parte del interior valenciano, el arroz ocupa un lugar importante en el recetario local. Entre las elaboraciones tradicionales aparecen variedades como el arroz con bledas o el arroz acompañado de costillas de cerdo. También son habituales platos más contundentes, como el arroz al horno y diferentes guisos y ollas tradicionales.

Se trata de una cocina sencilla y ligada históricamente al territorio, especialmente apropiada después de dedicar buena parte de la jornada a recorrer el municipio y sus senderos.

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