Las princesas Beatriz (37) y Eugenia de York (35) atraviesan uno de los momentos más delicados de su trayectoria pública. En medio del renovado escándalo que rodea a su padre, el príncipe Andrés, distintas informaciones publicadas en Reino Unido apuntan a que ambas no formarán parte este año de la tradicional procesión de carruajes de Royal Ascot, una de las citas más simbólicas del calendario social británico.
Royal Ascot no es solo un evento hípico; es uno de los grandes escenarios de visibilidad para la familia real. El desfile de carruajes y el palco real representan una imagen de unidad institucional cuidadosamente proyectada cada año.
En ediciones anteriores, Beatriz y Eugenia habían acudido con normalidad, compartiendo protagonismo con sus primos y otros miembros destacados de la Casa Real. Sin embargo, este año todo apunta a que no ocuparán ni carruaje ni asiento en el palco, en una decisión que, aunque no confirmada oficialmente, responde a una estrategia de perfil bajo.
Un contexto marcado por la investigación a su padre
La medida llega en un momento especialmente sensible. El príncipe Andrés fue detenido el pasado 19 de febrero por la policía de Thames Valley en el marco de una investigación relacionada con un presunto uso indebido de información confidencial durante su etapa como enviado comercial del Reino Unido.
Tras pasar varias horas bajo custodia y producirse registros en propiedades vinculadas a él, quedó en libertad sin cargos, aunque bajo investigación. El duque niega cualquier irregularidad.
El caso ha reavivado el foco sobre sus antiguas relaciones con Jeffrey Epstein y ha devuelto a la familia York al centro del debate público.
La aparición de sus nombres en nuevos documentos
La publicación reciente de documentos vinculados al archivo Epstein ha intensificado la presión mediática. En algunos correos electrónicos difundidos se menciona a Sarah Ferguson, exesposa del príncipe Andrés, así como viajes realizados en el pasado por Beatriz y Eugenia cuando eran jóvenes.
No existe ningún indicio de conducta ilegal por parte de las princesas. Sin embargo, la sola mención de sus nombres ha generado un nuevo desgaste reputacional.
Fuentes cercanas aseguran que ambas están “profundamente afectadas” por la situación y por la utilización de su imagen en el contexto del escándalo.
Una estrategia de discreción
Aunque Beatriz y Eugenia no son miembros activos de la institución, hasta ahora habían mantenido cierta presencia en actos destacados, como celebraciones en los jardines de Buckingham o el desfile de Trooping the Colour. Incluso tras la retirada de honores militares y patronazgos a su padre, el rey Carlos III había querido escenificar respaldo familiar en determinadas apariciones públicas.
Ahora, la prioridad parece ser la prudencia. Reducir la exposición en eventos de alto perfil como Ascot responde a una estrategia clara: evitar que la controversia eclipse la agenda oficial.
La imagen, en el centro del tablero
Mientras las investigaciones siguen su curso, el Palacio de Buckingham insiste en proyectar una imagen de respeto a la independencia judicial. Sin embargo, cada movimiento se mide al detalle.
La posible ausencia de las princesas en Ascot simboliza hasta qué punto la crisis del duque de York sigue teniendo consecuencias colaterales. En una institución donde la percepción pública es fundamental, el apellido paterno se ha convertido, por ahora, en un factor de riesgo.
En este delicado equilibrio entre lealtad familiar y protección institucional, Beatriz y Eugenia optan por la discreción, conscientes de que, en tiempos de escrutinio constante, cada aparición cuenta.
