Hay prendas que pertenecen a un lugar con tanta claridad que cuesta imaginarlas fuera de él. Un albornoz necesita un cuarto de baño. Un neopreno, el mar. Y hasta hace muy poco, un pareo necesitaba prácticamente arena bajo los pies. En el verano de este año, ya no.
El mismo rectángulo de tela que durante años hemos llevado enrollado sobre el bikini aparece ahora sobre pantalones de vestir, debajo de chaquetas de sastrería, combinado con camisetas impecables y acompañado por bolsos que definitivamente no contienen una toalla.
El punto de inflexión llegó después del desfile primavera-verano 2026 masculino de Dries Van Noten, bajo la dirección de Julian Klausner. Pocos días después, según Nicole Phelps, directora global de Vogue Runway y Vogue Business, los pareos ya estaban apareciendo en la redacción neoyorquina de Vogue, llevados solos o superpuestos sobre pantalones.
Pero lo interesante es que el nuevo pareo no pretende simplemente sustituir a la falda, se convierte en una capa; y quizá por eso resulta mucho más interesante que el pareo playero que conocemos.

De Java al armario occidental (por qué una tela anudada tiene tanta historia)
Conviene hacer una pequeña precisión antes de convertir todo tejido rectangular atado a la cintura en una tendencia de Instagram. La moda occidental utiliza hoy indistintamente palabras como sarong, pareo, scarf skirt o falda pañuelo, aunque no sean históricamente exactamente lo mismo.
El sarung forma parte desde hace siglos de distintas culturas del sudeste asiático y está especialmente asociado a Indonesia. El Metropolitan Museum conserva ejemplos javaneses de los siglos XIX y XX y explica que podían existir como grandes telas rectangulares para envolver el cuerpo o como prendas tubulares cuyos extremos estaban cosidos. Los tejidos, estampados y formas de colocarlos podían contener además información sobre procedencia, comunidad y posición social. Occidente simplificó después buena parte de ese universo hasta convertir el pareo o sarong en sinónimo de vacaciones tropicales.
Hollywood ayudó. El exotismo cinematográfico de mediados del siglo XX, los destinos del Pacífico convertidos en fantasía turística y, más tarde, la explosión del resortwear consolidaron la imagen de una mujer con bañador, tela estampada a la cintura, sandalias y cóctel.

En los años sesenta y setenta, esa manera de envolver el cuerpo encontró además un terreno perfecto en la moda bohemia: telas indias, batiks, pañuelos, túnicas, faldas envolventes y una nueva fascinación occidental por prendas que no necesitaran estructuras rígidas. Pero lo interesante de este año es que la moda está despojando al pareo de todo ese decorado vacacional.
No necesita palmeras. Ni bikini. Ni siquiera buen tiempo en sentido estricto. En Dries Van Noten aparece superpuesto sobre pantalones, una combinación que habría parecido redundante hace unas temporadas y que ahora resume bastante bien el gusto actual por las capas inesperadas.
En Khaite, la falda Shay blanca de popelín interpreta la idea desde el minimalismo neoyorquino: limpia, asimétrica y suficientemente rotunda como para funcionar con un pantalón estampado debajo. En Joseph, el pareo Nixie se acerca más a una falda que a una prenda de playa. Toteme, como cabría esperar, lo lleva al terreno escandinavo y propone combinarlo con una camisa azul, pantalón de Khaite, sandalias de tacón y un clutch de Bottega Veneta.
Loewe x Paula’s Ibiza aprovecha su relación natural con el Mediterráneo, pero incluso sus pañuelos de seda estampados se proponen ahora sobre pantalones de seda y con accesorios urbanos. Matteau lo hace de lunares; Johanna Ortiz, con estampados de vocación claramente tropical; Staud, en rayas; y Faithfull the Brand, en esa zona intermedia entre escapada y ciudad que domina especialmente bien.
Después de varias temporadas obsesionadas con el armario perfecto, los básicos impecables y la idea de que una buena compra debía tener una función muy definida, la moda vuelve a disfrutar de prendas cuya utilidad depende de cómo se manipulan. Un pañuelo puede ser top. Un camisón, vestido. Un broche puede cerrar una camisa. Y un pareo puede convertirse en falda, cinturón o segunda capa.
Cómo llevar el pareo a la ciudad y cuáles comprar este verano
La primera regla es bastante sencilla: no vestirlo como si estuviéramos en la playa. Si el pareo lleva un estampado tropical, conviene alejar de él el capazo, las conchas, el crochet y las chanclas. Una camisa masculina blanca o azul, un bolso de piel negro y una sandalia mínima lo trasladan inmediatamente a otro lugar.
Para trabajar, la fórmula más interesante es probablemente pareo sobre pantalón. Puede sonar excesiva, pero visualmente funciona porque rompe las líneas verticales de un pantalón ancho y aporta movimiento. Un pareo liso o con estampado discreto sobre un pantalón recto, camiseta blanca y blazer produce un look mucho más sofisticado de lo que su origen playero permite imaginar.
Para quien no quiera probar dos capas inferiores a treinta grados, existe la versión más sencilla, que es convertirlo directamente en falda midi. Un modelo de seda o algodón con una buena caída funciona con una camiseta de tirantes blanca o negra y una sandalia de piel. Añadir un cinturón no siempre es buena idea; el nudo, el pliegue o la asimetría deberían seguir siendo visibles. Esa pequeña imperfección es precisamente lo que lo diferencia de una falda convencional.
Por la noche, un pareo estampado puede combinarse con un top lencero de encaje y una sandalia de tacón. También funciona la operación contraria: pareo muy sofisticado, camiseta muy básica. Uno de seda de Loewe o un modelo estampado de Dries Van Noten no necesita más que una camiseta blanca, unas sandalias negras y un buen bolso.

Para precios más razonables, la tendencia ha llegado también a Zara, Parfois y H&M. Pero probablemente la mejor noticia de esta tendencia sea que es posible no comprar absolutamente nada. Un pañuelo grande de seda olvidado en un cajón puede anudarse sobre un pantalón. Un pareo que lleva diez años viajando a Formentera puede funcionar con una camisa de rayas y mocasines. Incluso una pieza que siempre hemos considerado exclusivamente ropa de playa puede adquirir una vida completamente distinta si se elimina todo aquello que la hacía parecer playera.
Ese es, precisamente, el nuevo lujo de la temporada: no estrenar una prenda, sino estrenar una manera de llevarla.
El veredicto: IN el pareo sobre pantalones, con blazer, camisa masculina, camiseta básica o tacón. IN los estampados gráficos y las versiones de seda o popelín. OUT combinarlo automáticamente con bikini, capazo, conchas y sombrero de rafia.
Este verano, el pareo puede seguir yendo a la playa. Lo verdaderamente nuevo es que el lunes también pueda ir a la oficina.

