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Giorgia Meloni, la naturalidad como ventaja política

La primera ministra italiana, la única mujer del G7, es un caso de estudio sobre liderazgo femenino. No imita los códigos masculinos, pero tampoco se deja eclipsar por su feminidad

Georgia Meloni
Georgia Meloni

Seis hombres vestidos con la sobriedad casi uniforme del poder y una única mujer, Giorgia Meloni. Es la fotografía oficial del G7 de 2026, aunque podría ser la de cualquier otra reunión diplomática tradicionalmente concebida por y para hombres. Lo importante es que la primera ministra italiana ha resuelto por fin uno de los dilemas de las mujeres que alcanzan el poder.

Evian-les-Bains (FRA), 16/06/2026.- Italian Prime Minister Giorgia Meloni arrives for a working session at the G7 summit in Evian-les-Bains, France, 16 June 2026. The 52nd G7 Summit takes place in Evian-les-Bains from 15 to 17 June 2026. (Francia) EFE/EPA/THIBAULT CAMUS / POOL MAXPPP OUT
Giorgia Meloni llega a una sesión de trabajo en la cumbre del G7 en Evian-les-Bains, Francia, el 16 de junio de 2026.
EFE/EPA/THIBAULT CAMUS / POOL MAXPPP OUT

Si adoptaban los códigos tradicionales del liderazgo masculino, con trajes oscuros, la expresión adusta y una firmeza casi militar, se las acusaba de perder feminidad. Si, por el contrario, mantenían una imagen más femenina, surgían dudas sobre su autoridad. Era el conocido double bind descrito por la psicología social: una mujer podía ser competente o resultar agradable, pero le costaba ser percibida como ambas cosas al mismo tiempo.

Rome (Italy), 20/06/2025.- Italian Prime Minister Giorgia Meloni (R) and European Commission President Ursula von der Leyen speak during the summit 'The Mattei Plan for Africa and the Global Gateway: A common effort with the African Continent' at Villa Doria Pamphilj in Rome, Italy, 20 June 2025. (Italia, Roma) EFE/EPA/GIUSEPPE LAMI
Giorgia Meloni junto a Ursula von der Leyen.
EFE/EPA/GIUSEPPE LAMI

Meloni ha encontrado su propia vía. No intenta parecer un hombre, pero tampoco convierte su feminidad en una herramienta política. Como en cualquier otro dirigente, la estética comunica, pero no del modo con el que acostumbramos a analizar el perfil de las mujeres políticas. De hecho, su armario, uno de los más disciplinados de la política internacional, daría poco juego. Predominan los trajes de chaqueta perfectamente estructurados, las líneas limpias, las camisas blancas, los pantalones rectos y una paleta de colores dominada por el negro, el azul marino, el gris, el blanco y los tonos tierra.

En el G7 celebrado en Évian sorprendió con un traje beige combinado con camisa blanca y una corbata en el mismo tono. La elección resumía a la perfección su forma de entender el poder y de reinterpretar unos códigos históricamente reservados a la autoridad masculina. Meloni tiene elementos muy personales. Su larga melena rubia, muy diferente a los cortes de pelo funcionales de otras dirigentes, sigue siendo una de sus señas de identidad y la ha integrado a una imagen de absoluto control.

Giorgia Meloni en el funeral de Domenico Caliendo.
EFE/EPA/CIRO FUSCO

Pasa algo parecido con el maquillaje. Es prácticamente invisible. Bases naturales, ojos discretamente definidos y labios que oscilan entre tonos neutros y el clásico rojo cuando desea reforzar la presencia institucional. No necesita logotipos visibles, joyas espectaculares ni cambios constantes de diseñador para proyectar estatus. La idea que transmite es que está demasiado ocupada gobernando para preocuparse por llamar la atención.

Posee una voz grave, una dicción rápida y una enorme capacidad para modular el ritmo del discurso. Cree en lo que dice y, por eso, no intenta suavizar artificialmente el tono para resultar más amable o endurecerlo para parecer más autoritaria. Su estilo recuerda más a la tradición de la gran oratoria italiana que al lenguaje tecnocrático de las instituciones europeas.

Sentido del humor

En plena cumbre del G7, mientras se debatían asuntos relacionados con la guerra de Ucrania, Oriente Próximo o la economía internacional, un micrófono captó una conversación en la que Meloni comentaba entre risas que llevaba un mes sin fumar y que necesitaba tres cafés para mantenerse despierta. En un momento de enorme desafección hacia la política, las redes sociales aplaudieron ese instante de cercanía. Algo parecido ocurrió con el primer ministro de la India, Narendra Modi. Ambos bromearon sobre el fenómeno viral “Melodi”, nacido de la combinación de sus apellidos y convertido en un inesperado éxito en redes sociales. Meloni respondió con humor.

Cumbre g7
Antonio Costa, Donald Trump, Lee Jae Myung, Giorgia Meloni y Abdel Fattah el Sisi en la foto de familia del G7 en Evian
Efe

En las fotografías oficiales mantiene siempre una postura muy similar. Espalda recta, barbilla ligeramente elevada, brazos relajados y muy pocos movimientos innecesarios. Rara vez invade el espacio de los demás, pero tampoco permite que invadan el suyo.

Dicta sus propias reglas

También resulta interesante la manera en que ha incorporado la maternidad a su identidad política. Sin ir más lejos, durante esta cumbre la presencia puntual de su hija permitió zanjar el debate sobre compatibilidad entre liderazgo y mantener una vida familiar. Las generaciones anteriores de mujeres en el poder tuvieron que demostrar que podían jugar con las reglas diseñadas por los hombres. Meloni las ha cambiado.

Definitivamente, resulta difícil compararla con otras dirigentes. Angela Merkel desarrolló una autoridad basada en la racionalidad casi científica. Margaret Thatcher convirtió la firmeza en su principal seña de identidad. Ursula von der Leyen ha desarrollado una imagen marcadamente institucional. Meloni, en cambio, ha apostado por la autenticidad consiguiendo que su condición femenina sea parte natural de su figura política.

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