Iconos

Kylie, la eterna princesa pop de la moda

Corsés, shorts, minivestidos y hasta trajes espaciales… La de Kylie es una imagen poliédrica y estrechamente unida a la creatividad desde la moda. Con un reciente documental en plataformas, repasamos la historia de algunos de los outfits más icónicos de su carrera y (también de la historia) del pop mundial

Si bien suele haber muchas personalidades dentro de la estrella de pop al uso, hay una sola Kylie en la industria. Un nombre que la cultura popular ha encumbrado hasta el olimpo del disco-pop, con una sola reina y autora de infecciosos éxitos de baile de los 2000; una belleza menuda de imagen tan camaleónica como incontestable y que, en un primer contacto conceptual, provoca el inevitable tarareo interno de: Lalala la lalala la lalala… 

Esa ‘persona’ en concreto( y en la semántica más artística de la palabra) atiende a la Kylie Minogue de los comienzos a mediados de los 80, pero también a la (esperada gira) Showgirl, a la más experimental (e indie) de los 90 y a la mundialmente alabada por sus vigorizantes temas pop (ya himnos del colectivo LGTBI+ ) hasta la actualidad. Quizá si hay algo que mejor refleja el documental de Netflix homónimo (ya en la plataforma) sobre la estrella de pop australiana es precisamente ese polifacetismo escénico pero también argumental; desde la puesta en escena y el baile, al concepto más pulido de los temas y el control artístico de los mismos en todo su proceso.

Kylie en el referenciado vídeo de Come Into My Life (Pinterest)

En todo este viaje, su imagen ha sido una herramienta más, primero al servicio de los sellos que la descubrieron y auparon hasta sus primeros hits, y después, una mera evolución de su carácter dentro y fuera del escenario. Primeramente, con un control creativo que vino de la mano de su debut como autora en las letras de sus temas (por sugerencia directa de su gran amigo y colaborador Nick Cave), con sus más y sus menos iniciales tanto a nivel de crítica como de ventas. Sin embargo, esta exploración artística le permitió conectar con algunos de los nombres que más le influirían y con quienes mejor moldearía conjuntamente su carrera; desde (su íntima amiga) la fotógrafa Kat Jebb hasta el diseñador John Galliano (ambos, eso sí, mencionados muy de paso en el filme).

No en vano, la del gibraltareño fue una colaboración que contribuyó decisivamente a transformar su imagen en una de las más sofisticadas de la cultura popular contemporánea. Mucho antes de convertirse en una de las figuras más influyentes de la moda internacional (e incluso de de dirigir las colecciones de Christian Dior), Galliano ya era reconocido por su capacidad para construir narrativas visuales complejas, teatrales y profundamente románticas. Parelamente, Kylie se encontraba en un momento crucial; eran principios de los 90 y, tras el enorme éxito de sus primeros años bajo la producción de Stock, Aitken y Waterman, buscaba desprenderse de esa imagen de “chica de al lado” que había definido sus inicios.

Kylie en la promoción londinense de su sexto álbum Impossible Princess (1997)

Como consecuencia, Galliano fue para Kylie más que una inspiración: un artífice en el proceso de su identidad (la popular, la que se ha consolidado en la retina colectiva para la posteridad). Solo hay que repasar algunos de los diseños que el diseñador creó para la cantante durante la gira de 1991 Let’s Get to It Tour o su esperado tour de Homecoming (tras su enfermedad) que han marcado un antes y un después para Kylie como icónica estrella del pop. 

A continuación, algunos de estos momentos a través de los looks más icónicos de la artista que dejan claro que, aunque todas las Kylies son del público, nadie podrá reemplazar nunca a la original.

Kylie en una imagen de Katherine Jebb, fundamental en la transición estética entre la época experimental de Impossible Princess y la de posterior superestella global de Light Years y Fever

Brit Fever

Si Galliano representa uno de los capítulos más teatrales y espectaculares en la evolución estética de Kylie, la influencia de Vivienne Westwood pertenece a una dimensión diferente: más cultural que colaborativa, más identitaria que escénica, fue una pieza importante en su estilo definitorio para dar forma a la estrella de culto europea en la que se estaba convirtiendo.

Una imagen de Kylie con total look de Vivienne Westwood (Pinterest)

La propia cantante ha recordado en varias ocasiones su fascinación por la firma durante los años noventa y su vínculo con la icónica boutique World’s End de Londres, como se explica en la exposición donde el V&A rindió tributo a la diseñadora: “Westwood representaba una feminidad rebelde, intelectual y profundamente británica; una visión que encajaba perfectamente con la transformación de Kylie desde estrella pop convencional hacia figura de culto de la cultura pop europea. No es casualidad que muchas de las imágenes más sofisticadas de Kylie dialoguen con códigos característicos de Westwood: corsetería, referencias históricas, sensualidad irónica y una mezcla de romanticismo y provocación. Incluso algunos de sus colaboradores más cercanos, como el propio Baker, llegaron a ella tras trabajar en el entorno creativo de Westwood” dicen desde la institución londinense.

Un short para dominarlos a todos

Un momento del vídeo de Spinning Around (Light Years, 2000)

Si hay una prenda de moda en la historia del pop con significado mediático, los shorts de Kylie probablemente están en el top. Símbolo del inicio de la era Light Years de la cantante, esta pieza fue la primera de muchas no solo en su nueva imagen sino también en el símbolo de regreso al pop internacional por la puerta grande. Su estilista, un entonces jovencísimo e incipiente William Baker, adquirió de una charirty shop unos micro-shorts dorados que entusiasmaron a la directora del clip. 50 céntimos de entonces que ayudaron no solo al éxito del mismo sino también a construir la imagen de la nueva Kylie: más segura, más glamurosa y abiertamente vinculada a la cultura disco y al espectáculo. Él mismo explicó posteriormente que el objetivo del vídeo era precisamente ese, “destacar la sensualidad y la confianza de la artista, convirtiendo su imagen en el centro de la narrativa visual”. Como consecuencia, la colaboración entre ambos duró más de dos décadas.

La Kylie High Couture

Kylie con uno de los looks de su vídeo Can’t Get You Out Of My Head

Mientras muchas estrellas pop de la época seguían estrategias visuales relativamente convencionales, Kylie comenzó a acercarse al lenguaje de la alta costura. Bajo este efecto, su imagen se empapó de referencias históricas, siluetas más sofisticadas y una dimensión editorial que la aproximó al mundo de las grandes casas de moda. La transformación quizá fue gradual, pero evidente; como prueba, a finales de los 90 ya estaba la semilla que resultaría en la sensual y sofisticada Kylie del disco-pop, asidua a eventos de moda y desfiles como los de Versace y Balenciaga, con el (entonces director creativo) Nicolas Guèsquiere haciendo algunas prendas custom para la artista. Un claro ejemplo es el imaginario que rodeó a su exitoso álbum Fever (2001), con el níveo vestido en cuestión como una de sus prendas más representativas.

All that jazz

El atuendo inaugural de su gira Showgirl, diseñada íntegramente por Galliano (Pinterest)

En 2005 y tras su recuperación del primer cáncer de mama que sufrió, llegó la cúspide creativa entre Minogue y Galliano con la gira de Showgirl. Comenzando en su Australia Natal, la artista sorprendió con un vestuario inspirado en el cabaret parisino y el glamour hollywoodense, donde Galliano diseñó algunas de las piezas más espectaculares que Kylie ha llevado sobre un escenario. Inspirándose en la tradición del music hall, durante el concierto lucía corsés bordados, estructuras esculturales, cristales, plumas y referencias al vestuario histórico se combinaron para crear una estética más allá del uso. Aunque ese concepto de fantasía ha perdurado hasta hoy, vinculando a la australiana con un gran talento para contar historias más allá de la pura interpretación de los temas.

La conversión al minimal chic

La portada de Body Language, de Mert & Marcus (Pinterest)

Si la era Showgirl se construyó sobre el exceso controlado de la alta costura, la era Tension introduce una imagen futurista de Kylie donde predominan las siluetas limpias, los tejidos tecnológicos, las transparencias y una estética claramente orientada al lujo moderno sin perder un ápice de sensualidad. Con su actuación en Glastonbury en 2019 como uno de los hitos en su carrera la australiana demostró que también puede abrazar el minimalismo sin prescindir de su identidad. Como una nueva extensión de su relación con la moda, Kylie ha trabajado con diseñadores independientes y desde códigos más actuales como los de Glenn Martens (en Diesel), Gaultier, Valentino, Saint Laurent o Dolce & Gabanna, quienes diseñaron el vestuario de su gira Aphrodite: Les Folies. 

Kylie forever

La última década ha supuesto una reinversión de Kylie en los escenarios, con hitos como o una gira mundial con presencia en festivales (como el Bilbao BBK Live hace un par de años). La camiseta que lució Madonna en su última gira es solo uno de los indicativos de que la australiana ya es (como dijo Jacob Elordi) no solo “un tesoro nacional” sino un icono mundial de la música y, en concreto, del pop más efervescente. En el proceso de cerrar el círculo que que la conecta con su imagen más dosmilera y retro chic, su cara de la moneda más famosa a nivel fama mundial, la cantante ha vuelto a trabajar con Michael Gondry para una reciente filme de Chanel, donde el director emula el videoclip de Come Into My World, esta vez con Margot Robbie como protagonista. No en vano, hace apenas un mes que JW Anderson la presentó como imagen principal de su campaña de O/I26. 

Lejos de la fantasía histórica y el espectáculo barroco de las décadas anteriores, la Kylie actual condensa todas las eras y momentos icónicos sobre el escenario en su mejor versión; una renovada imagen de confianza, serenidad y sensualidad que es tan inherente a su estilo como no solo quien permanece fiel a una estética, sino quien sabe evolucionar sin perder su esencia.

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