Respuesta – Creo que hemos sido muy coherentes. Desde el primer día tuvimos claro qué queríamos ser y, sobre todo, qué no queríamos ser. No hemos intentado seguir tendencias ni disfrazar el concepto: somos un asador, defendemos el producto y el fuego, y lo hacemos con rigor. También hemos entendido algo importante: hoy el cliente no solo busca comer bien, busca sentirse cuidado. Hemos trabajado mucho la hospitalidad, el ritmo del servicio y la experiencia completa. El crecimiento ha sido una consecuencia de esa coherencia y de un equipo muy alineado con el proyecto, además del premio de Maestro Parrillero 2024 de nuestro Chef Guillermo Martínez de Marigorta. Sabíamos que lo teníamos difícil ya que el negocio anterior era un concepto completamente opuesto, pero teníamos muy claro el objetivo y creo que hemos conseguido atraer a la ciudad de Burgos y a los viajeros de la Nacional I.
Respuesta – Reivindicamos el restaurante de carretera porque forma parte de nuestra memoria gastronómica. España también se ha construido alrededor de esas paradas en las que se comía extraordinariamente bien. En nuestro caso, además, tiene mucho sentido porque nuestra empresa madre, Villarce, lleva décadas dedicada a la carretera a través de sus estaciones de servicio. Queremos demostrar que estar en la carretera no significa ser un lugar de paso sin alma. Al contrario: puede ser un destino en sí mismo. Cuando alguien se detiene en la A-1 queremos que sienta que ha descubierto algo auténtico, que merece la pena parar, que hay verdad en el plato y calidez en el trato.
Respuesta – La hotelería de lujo me enseñó que la excelencia está en los detalles invisibles. Aprendí a anticiparme a las necesidades del cliente y a leer sus expectativas, entendiendo que cada mesa es única. En Abadesa, aplicamos esta filosofía con un control del tiempo, atención al gesto y formación constante del equipo. Aunque nuestro asador tiene un ambiente distintivo, lo que realmente nos define es la combinación de atención al detalle y un servicio de calidad, lo que garantiza una experiencia excepcional para nuestros clientes.
Pregunta – En un proyecto donde el fuego y la figura del parrillero tienen tanto peso, ¿cómo construyes un discurso propio desde la dirección, la hospitalidad y la cultura de equipo?
Respuesta – El fuego es protagonista, pero un restaurante es mucho más que su parrilla. Mi trabajo es construir cultura: cómo nos hablamos, cómo recibimos, cómo resolvemos los conflictos, cómo entendemos la exigencia. Intento que la hospitalidad tenga el mismo peso que la técnica. El cliente puede olvidar un punto exacto de cocción, pero no olvida cómo se le hizo sentir. Ahí está mi discurso: en el liderazgo silencioso, en la cohesión del equipo y en la coherencia diaria.
Respuesta – Se presupone que el conocimiento técnico del fuego pertenece más al hombre que a la mujer. Es un prejuicio cultural, no profesional. He aprendido a no combatirlo desde la confrontación, sino desde la solvencia. Cuando hay criterio, consistencia y resultados, el prejuicio pierde fuerza.
Respuesta – Sí, creo que muchas mujeres lo hemos sentido en algún momento. Existe una exigencia extra, más silenciosa, pero real. La forma de gestionarlo ha sido preparándome mucho y no dudando en tomar decisiones. El liderazgo no se impone; se construye con seguridad y coherencia y ejemplo. Con el tiempo, el respeto deja de ser una conquista y se convierte en algo natural.
Respuesta – La gastronomía necesita ampliar el foco. Un restaurante no es solo quien está frente al fuego o frente a la cámara. Es estrategia, números, personas, cultura empresarial. El reconocimiento llega cuando entendemos que dirigir también es crear. Crear equipos, experiencias y sostenibilidad económica. Yo no compito por visibilidad; trabajo para que el proyecto sea sólido. El reconocimiento es consecuencia.
Respuesta – El sector necesita seguir profesionalizándose: horarios más racionales, una conciliación real y estructuras de trabajo más sostenibles para los equipos. También es importante dar visibilidad a los referentes que ya existen. Hoy hay muchas mujeres liderando proyectos de hostelería con enorme talento y personalidad. Cuanto más visibles sean esos liderazgos, más natural será que las nuevas generaciones entiendan que la gastronomía también es un espacio para ellas.
Respuesta – Es un sector exigente, sí, pero también profundamente creativo y transformador. No hay que romantizar la dureza, pero tampoco temerle. Le diría que se forme bien, que elija con cuidado dónde trabajar. La gastronomía necesita miradas nuevas y más liderazgo femenino. De hecho, en mi propio caso lo veo muy claro: mi hija, que tiene 11 años, quiere dedicarse a lo mismo que su madre. Y no es porque vea solo el esfuerzo, sino porque también percibe lo satisfactorio y apasionante que puede ser este trabajo. Para mí es el mejor ejemplo de que, a pesar de la exigencia, es una profesión que inspira.
Respuesta – Quiero que Abadesa se consolide como un destino gastronómico de referencia, sin perder su esencia. Crecer, sí, pero siempre con sentido. De hecho, ya estamos trabajando en un proyecto de ampliación muy ambicioso que nos permitirá prácticamente duplicar el número de comensales. Mi ambición no es abrir por abrir, sino fortalecer lo que somos: un asador con identidad, con una cultura de equipo sólida y una forma muy clara de entender la hospitalidad. Si dentro de unos años seguimos siendo coherentes, relevantes y fieles a nuestra manera de hacer las cosas, sabremos que hemos hecho bien el trabajo.
