Significa haber sido fiel a una identidad sofisticada y detallista. En estos casi 20 años, el desafío no ha sido solo hacer un buen vino, sino embotellar un paisaje vitícola gallego. Consolidar el estilo de Mar de Frades es haber logrado que, al abrir una botella, se sienta el granito, la salinidad y la frescura vibrante del Atlántico. Para mí, es un orgullo ver cómo el carácter indomable de las Rías Baixas se ha convertido en un referente de elegancia global.
La técnica es muy útil para la consecución de una uva y vino excelente, los enólogos somos artistas que interpretamos el paisaje. Este oficio tiene mucho de escucha activa: hay que entender qué dice el suelo de cada parcela y cómo el clima de ese año ha modelado la uva. Mi labor es traducir todo lo que la naturaleza aporta a un vino lleno de emociones. No hacemos vino sin razón ni motivo, lo hacemos en una geografía emocional.
Me ha enseñado versatilidad y agilidad. En Galicia, la naturaleza siempre tiene la última palabra. Trabajar aquí te obliga a deshacerte de las certezas y a abrazar la resiliencia. Cada vendimia es un folio en blanco que te exige agilidad mental y respeto. He aprendido que la incertidumbre no es un obstáculo, sino el motor que nos empuja a buscar la excelencia cada año, sin dar nada por asumido.
El equilibrio está en la coherencia. La innovación no debe ser un apoyo, sino una herramienta para expresar mejor el origen. Para mí, la sofisticación hoy es la pureza: eliminar lo superfluo para que brille la tipicidad de la Albariño. Innovamos en técnicas de crianza o en viticultura de precisión, pero siempre con el objetivo de que el vino con más origen que el año anterior.
Mi camino ha sido desde el conocimiento, la formación y la aptitud, de una persona que ama lo que hace. El mundo de hombres del que hablamos esta en trasformación, cada día somos más las representantes del sector. Hoy, las barreras más difíciles son las invisibles: el acceso a los grandes foros de decisión y la conciliación real. Aún queda camino para que el liderazgo técnico femenino no sea la excepción, sino la norma, basada únicamente en el talento.
Absolutamente. El feminismo también es meritocracia y referentes. Dar visibilidad a mujeres en puestos técnicos y de dirección es fundamental para que las próximas generaciones de enólogas sepan que no hay techos de cristal que el conocimiento y la constancia no puedan romper. Liderar desde la excelencia es una forma silenciosa pero poderosa de activismo.
Es mi forma de entender la responsabildiad: la que emana del respeto al producto y al equipo. Ocupar espacio no siempre significa elevar la voz, sino tener una voz propia y sólida. En un sector tradicional, demostrar que los resultados y la calidad son los que marcan el paso es una manera muy firme de reivindicar nuestro lugar y nuestro liderazgo
Representa mi ‘regreso al futuro’. Es el desafío de confiar plenamente en la naturaleza y en mi experiencia acumulada para intervenir solo lo imprescindible. A nivel profesional, es un ejercicio de precisión técnica extrema; a nivel personal, es una búsqueda de libertad. Es trabajar para demostrar que en Rías Baixas podemos hacer vinos que sean, al mismo tiempo, sofisticados y eternos.
