Ellas cocinan

Lucia Ruiz Lafita: “Me inspiran las mujeres que construyen con identidad”

De las finanzas a los fogones, la chef y empresaria tras Delirium by Lucía entendió que la cocina no sería para ella una pasión pasajera, sino su destino

Cortesía Delirium by Lucía Ruiz Lafita

Siempre se dice que la vocación llega como un fogonazo, pero para Lucía Ruiz Lafita, chef, fundadora de Delirium by Lucía y una de las jóvenes voces más interesantes de la cocina española actual, fue una sensación que se fue haciendo cada vez más urgente hasta convertirse en una verdad innegable. Lo que comenzó como un hobby intenso en su adolescencia acabó definiendo su vida profesional: de estudiar Administración de Empresas en ICADE y trabajar en un banco en París, a formarse en Le Cordon Bleu (en Madrid, México y París) y construir un proyecto propio de alta gastronomía.

Hoy, Delirium by Lucía es un catering de alta cocina con clientes exigentes y eventos exclusivos, pero también la materialización de una intuición que se repitió hasta hacerse innegable. En el corazón de esa elección está un momento clave, uno de varios, en el que Ruiz Lafita entendió que la cocina no era simplemente algo que le gustaba, sino dónde se reconocía, dónde quería estar y a partir de dónde quería contar historias con sabor, técnica y emoción. Hablamos con ella.

Cortesía Delirium by Lucía Ruiz Lafita

P – ¿Cuál fue el momento exacto en el que pensaste: “vale, esto va enserio, me dedico a la cocina”?

R- No fue un solo momento, fue una sensación que se repetía hasta que ya no pude ignorarla. Pero si tengo que elegir uno, fue en París. Trabajaba en un banco y, desde fuera, todo parecía “correcto”. Sin embargo, por dentro, me faltaba algo esencial, tener las manos ocupadas, el ruido de una cocina, la emoción de crear algo para los que me rodeaban… Y recuerdo pensar: “No echo de menos un hobby, echo de menos mi sitio”. Ahí entendí que la cocina no era algo que me gustase, era donde me reconocía. Y cuando te das cuenta de eso, ya no hay vuelta atrás. 

P – Si tuvieras que resumir tu cocina en tres sabores, ¿cuáles serían?

R – Mi cocina tiene tres sabores que me definen como persona. Tradición, porque me gusta partir de lo que tiene memoria: recetas, gestos, maneras de hacer. Viaje, porque todo lo que has vivido fuera te cambia el paladar y la mirada, y al final acaba apareciendo en tus platos aunque no lo busques. Y emoción, porque para mí, la cocina no es solo técnica, es intención. Es conseguir que alguien pruebe algo y, sin saber por qué, se le quede dentro.

Cortesía Delirium by Lucía Ruiz Lafita

P – ¿Qué parte del proceso creativo disfrutas más? ¿Y qué te gustaría que alguien sintiera al probar un menú tuyo por primera vez?

R – Disfruto más el inicio: cuando todavía no existe nada, pero ya lo puedo imaginar todo. El momento en el que piensas qué quieres provocar y traducirlo en un menú, en un ritmo, en un ambiente. Me encanta esa fase porque es pura intuición y porque ahí es donde nace la magia. Y si alguien prueba un menú mío por primera vez, me gustaría que sintiera algo muy concreto: cuidado. Que note que hay intención. Que no está comiendo “platos”, sino entrando en un mundo. Que se sienta sostenido, sorprendido, mimado… como cuando alguien te recibe de verdad, sin prisa.

P – ¿De dónde vienen tus influencias? ¿Y qué ingrediente te obsesionacuando está en temporada?

R – Mis influencias vienen de lo vivido: los viajes, sí, pero también recuerdos, personas, mesas, conversaciones. Me influye un país, pero también un gesto, la luz en una terraza, una flor bien puesta, un plato que alguien te sirve con cariño. Y cuando un ingrediente está en temporada me obsesiona de una manera casi infantil. Me pasa con el tomate en verano: me emociona lo simple cuando es perfecto. Un tomate bueno me recuerda que no hace falta complicarlo todo. A veces la sofisticación está justo en saber parar.

Cortesía Delirium by Lucía Ruiz Lafita

P – Cuando no estás cocinando para otros, ¿qué cocinas para ti? ¿Québocado te salva cuando estás agotada?

R – Cuando cocino para mí no me emociona tanto así que voy a lo esencial. Después de estar todo el día pensando, decidiendo, creando, mi cuerpo me pide lo contrario: sencillez. Y si estoy agotada, me salva el bocado más humilde y más poderoso como una tortilla francesa jugosa, hecha con atención. A veces cuidarte empieza en un plato mínimo.

P – ¿Qué mujeres han sido referentes para ti dentro de la cocina? ¿Y fuera?

R – Me inspiran mujeres que han sabido construir algo con identidad, sin copiar a nadie. Mujeres que cocinan, pero también cuentan: una manera de recibir, de mirar, de sostener un proyecto con coherencia. Admiro a mujeres como Martha Stewart, por convertir la cocina en un universo: estética, casa, detalle, intención. ¡Me obsesiona! Pero mis referentes más profundos están fuera: son las mujeres de mi familia. De ellas aprendí lo que para mí es el lujo de verdad: cuidar, reunir, dar importancia a lo pequeño. Mi forma de cocinar nace de ahí, en mi casa.

Cortesía Delirium by Lucía Ruiz Lafita

P – La alta cocina ha sido terreno masculino, ¿cómo lo has vivido ? ¿Has sentido que tenías que demostrar más por ser mujer?

R – Sí. Lo he sentido, sobre todo al principio. A  me gusta liderar desde donde soy fuerte: el detalle, la sensibilidad, la exigencia bien entendida, el respeto. Creo que la forma más radical de ocupar un espacio es hacerlo sin perder tu manera de estar en el mundo.

P – Si pudieras cambiar una sola cosa del sector gastronómico mañana, ¿cuál sería?

R – Cambiaría el ritmo, y sobre todo la inmediatez. Ya no se permiten esperar ni un mínimo, ¡la gente quiere todo ya! Me gustaría un sector que siguiera siendo exigente, sí, pero también humano. Donde el equipo no se rompa para que el plato salga perfecto. Porque al final, un servicio memorable también depende de cómo se vive por dentro.

Cortesía Delirium by Lucía Ruiz Lafita

P – ¿Una canción o playlist que te acompañe siempre? ¿Y el último libro, serie o película que te haya enganchado?

R – La música es parte de mi cocina y de mi vida, me ordena por dentro. Vuelvo mucho a playlists tipo French Café, Italian Classics o Jazz Chill. Me crean atmósfera sin invadirme.

Y una película que me tocó mucho fue Little Women (Mujercitas), porque habla de familia, de mujeres sosteniéndose, de crecer sin perder el centro. Tiene una ternura fuerte, de la que se queda.

P – ¿Qué te hace sentir en casa, estés donde estés?

R – Una mesa de verdad. Una conversación que no se finge. Olores que te reconocen. Un plato caliente compartido. Para mí “casa” no es un lugar, es una sensación de cuidado. Si hay eso, estoy en casa aunque esté a miles de kilómetros. Cuando vivía en México recuerdo que me trajeron aceite de oliva y literalmente me transportó de inmediato a España. ¡Nunca me olvidaré de ese momento, me impactó!

Cortesía Delirium by Lucía Ruiz Lafita

P – ¿Cómo desconectas?

R – Me desconecto cuando vuelvo a lo real: campo, familia, amigas, viajes… Reírme mucho. Caminar. Respirar. Cambiar de escenario. Necesito momentos donde no tenga que sostener nada para volver a sostenerlo todo con más calma. ¡A  me cambia mucho irme de Madrid!

P – ¿Qué prenda o accesorio sientes que es tufirma” y por qué?

R – Los zapatos. Siempre. Para mí dicen más de lo que parece: cómo estás, cómo te mueves, qué energía llevas. Vivo de pie y en movimiento, así que necesito comodidad, pero también estética.

P – ¿Un viaje que recomiendes?

R – Austria. Y no solo por los paisajes, que son una locura, sino por lo que te enseña sobre el tiempo: el respeto por sentarse a la mesa, por lo simple bien hecho, por la tradición sin artificio. Es un país que te baja el volumen por dentro. ¡Y a mí eso me parece un lujo enorme!

P – ¿Eres más de planes en casa o de salir? ¿Qué te recarga?

R – Según el momento pero diría que de salir. Aunque también me hace muy feliz estar en casa, ¡pero siempre estoy fuera! Me recarga sentirme acompañada y presente.

P – ¿Qué te da paz últimamente?

R – Últimamente me da paz un día en el campo. Caminar sin prisa, respirar aire limpio, comer algo sencillo al sol y no mirar el reloj. Me da paz lo que no exige nada.

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