En un momento en el que la moda se debate entre la inmediatez del fast fashion y la necesidad de construir modelos más sostenibles, Julia Manchón ha decidido intervenir directamente en el corazón del sistema, la producción. La adquisición de Fashion Factory Atelier responde una visión que busca reforzar la confección local y devolver valor a los procesos que sostienen la industria desde dentro.
Manchón plantea este movimiento como una oportunidad para construir estructura, conectar los distintos eslabones de la cadena y acompañar a nuevas marcas en su desarrollo. Su propuesta introduce una idea clara: la moda no se transforma solo desde el diseño, sino desde cómo y dónde se produce. Charlamos con ella.
Pregunta – En un contexto dominado por la presión del fast fashion, ¿por qué crees que apostar por producción local y de calidad sigue siendo no solo viable, sino necesario?
Respuesta – Creo que es necesario precisamente porque el modelo dominante ha llevado la industria a ciertos límites, especialmente en España donde el consumidor es muy sensible al precio. Aunque también es más consciente de lo que compra y valora cada vez más la calidad, la coherencia y la trazabilidad. Producir en España implica asumir mayores costes y márgenes más ajustados, pero también ofrece algo muy valioso: control sobre el proceso, cercanía con los proveedores y la posibilidad de construir productos con más identidad y más durabilidad. Para mí no es solo una decisión económica, sino una forma de construir marca alineada con unos valores.
P – ¿Qué significa para ti dar el paso de adquirir Fashion Factory Atelier, un taller que ha sido clave en la producción de Julise Magon desde el principio?
R – Para mí tiene un significado muy especial, tanto desde el punto de vista empresarial como humano. Fashion Factory Atelier fue el primer taller que confeccionó para Julise Magon de forma directa y nuestra marca fue también una de las primeras para las que el atelier empezó a producir. Entre ambos proyectos existía ya una relación de confianza, de estándares compartidos y de forma de entender el trabajo. Cuando surgió la oportunidad de adquirir una participación mayoritaria no fue el resultado de una búsqueda estratégica previa, sino la respuesta a un momento delicado para el taller. Sentí que podía ser una forma de proteger un proyecto con mucho talento y, al mismo tiempo, contribuir a fortalecer la confección local en España. No es solo una inversión en un taller; es una apuesta por el futuro de una forma de hacer moda más consciente y más cercana.

P – ¿Qué tipo de marcas te gustaría sumar a este proyecto y qué valores tendrían que compartir?
R – Nos gustaría trabajar con marcas que entiendan la moda como un proyecto a largo plazo, con una visión y una misión clara. Marcas que valoren la calidad del producto, el cuidado en el patronaje y la confección, y que entiendan la importancia de los tiempos y de los procesos bien hechos. Me ilusiona especialmente colaborar con firmas emergentes que necesiten no solo confección, sino acompañamiento, alguien que entienda sus retos y les ayude a profesionalizar su estructura productiva. En definitiva, marcas que apuesten por la moda lenta, la producción local y la coherencia en toda la cadena de valor.
P – Hoy se habla mucho de trazabilidad y sostenibilidad, pero no siempre se traducen en cambios reales. ¿Cómo entiendes tú esos conceptos en la práctica cotidiana de un taller y de una marca?
R – Para mí la sostenibilidad empieza por decisiones muy concretas y cotidianas. Tiene que ver con producir cantidades razonables en linea con tus ventas, evitar sobreproducciones, trabajar con proveedores cercanos y construir relaciones estables con ellos. Ser consciente de qué tejidos estás utilizando para que dentro de lo posible sean sostenibles. También implica respetar los tiempos de producción, cuidar las condiciones de trabajo del equipo y apostar por prendas bien hechas que tengan una vida larga. La trazabilidad, en ese sentido, significa saber quién hace cada parte del proceso y poder contarlo con transparencia. Cuando producción y marca están cerca, todo eso se vuelve mucho más real y menos teórico.

P – ¿Crees que en la moda española falta una estructura industrial más sólida para apoyar a las firmas que quieren producir de forma responsable dentro del país?
R – Sí, creo que es uno de los grandes retos del sector. España tiene un enorme talento creativo y también una gran tradición en confección, pero muchas veces los distintos eslabones de la cadena de valor funcionan de forma aislada pensando únicamente en si mismos. Las marcas necesitan talleres que entiendan sus tiempos y sus necesidades, y los talleres necesitan clientes que comprendan la complejidad del proceso de producción. Si conseguimos reforzar esa conexión y profesionalizar más las estructuras industriales, podremos construir un ecosistema mucho más sólido para la moda hecha en España. Y trabajaré para que Fashion factory atelier lo consiga.
P – Desde tu experiencia como empresaria y diseñadora, ¿cuáles son hoy las mayores contradicciones de la industria de la moda cuando intenta conciliar creatividad, rentabilidad y coherencia productiva?
R – Bajo mi punto de vista, una de las mayores contradicciones es la inmediatez y precios muy ajustados a una industria que, para funcionar bien, necesita tiempo, planificación y calidad en los procesos. La creatividad necesita espacio y la producción responsable también. Cuando todo se acelera, aparecen tensiones entre diseño, rentabilidad y coherencia. Creo que el reto está en encontrar modelos de negocio que permitan crecer sin perder esa coherencia, entendiendo que la moda no es solo tendencia, sino también estructura industrial.

P – La compra de un taller propio puede leerse también como una forma de ganar independencia. ¿Buscabas sobre todo control de calidad, estabilidad productiva o una visión más amplia de futuro?
R – Sobre todo hay una visión de futuro. Evidentemente, contar con un socio industrial cercano con el que ya hay una relación de confianza, facilita la comunicación, el control de calidad y la estabilidad productiva para Julise Magon. Pero la ambición es convertir Fashion Factory Atelier en un partner industrial de referencia para marcas que también quieran producir enEspaña y que compartan nuestros valores. Me interesa mucho la idea de construir estructura y ecosistema, no solo producto.
P – En un sector tan feminizado en muchos de sus oficios y, al mismo tiempo, tan desigual en visibilidad y poder, ¿cómo incorporas una mirada feminista a tu forma de liderar y de hacer empresa?
R – En España, aproximadamente el 65 % del empleo del sector de la moda está ocupado por mujeres, y en áreas como la confección, la producción textil o el retail ese porcentaje es aún mayor. Sin embargo, como ocurre en muchos otros sectores, cuando miramos a los puestos de alta dirección la proporción se invierte: alrededor del 70 % siguen estando ocupados por hombres. A mí me interesa especialmente poner en valor el trabajo de tantas mujeres que sostienen esta industria desde la sombra, con un oficio precioso que muchas han aprendido de sus madres y abuelas, con un conocimiento muy valioso que hay que proteger y una dedicación enorme.
En nuestro caso, creemos en construir equipos donde el talento y el esfuerzo tengan un reconocimiento real, donde existan oportunidades de desarrollo profesional y donde el respeto por el trabajo bien hecho sea algo central. También creo mucho en el liderazgo colaborativo y en crear proyectos donde otras mujeres puedan crecer, aportar y emprender. Es algo que yo misma viví al inicio de Julise Magon, cuando Fashion Factory confió en el proyecto y me permitió empezar a construir.
La moda es una industria con un talento femenino extraordinario, y creo que tenemos la responsabilidad de seguir generando estructuras que lo visibilicen, lo reconozcan y lo fortalezcan.
