Hay una palabra que atraviesa todo el Informe antiterrorista de la Unión Europea: la misoginia. Europol la incluye, negro sobre blanco, entre las motivaciones que empujan a los miembros de The Com, un ecosistema digital descentralizado “que promueve o participa en comportamientos desviados o extremadamente violentos”. No hay una ideología que domine ese espacio. Lo que mueve a sus miembros es una mezcla de “nihilismo, misantropía, satanismo, misoginia” y elementos tomados del yihadismo o de la ultraderecha.
Lo más inquietante es a quién eligen como presa. Los grupos de sextorsión de esa red, precisa el informe, “captan y extorsionan a víctimas femeninas mayoritariamente menores de edad” para obtener los llamados “bloodsigns”, “cutsigns” y actos sexuales. Todo queda grabado, y esas grabaciones sirven para seguir presionando a las víctimas y obligarlas a cometer actos cada vez más violentos o humillantes. Algunos subgrupos vinculados a ‘The Com’ ya han sido declarados organizaciones terroristas fuera de la UE, y varios Estados miembros han clasificado algunos de estos episodios como delitos de terrorismo.

El componente de género asoma también en la ultraderecha. Europol constata que los relatos clásicos -neonazismo, supremacismo blanco, antisemitismo, discurso antimigración- aparecen ahora contaminados por otras subculturas violentas, entre ellas “la manosfera o el celibato involuntario”, es decir, el universo incel (acrónimo en ingles de “involuntary celibate”): un movimiento virtual formado por hombres jóvenes heterosexuales incapaces de tener relaciones románticas o sexuales con mujeres y a las que culpan de todos sus males.

Ellas, minoría entre los detenidos
En el reverso de la moneda, los datos confirman que el terrorismo europeo sigue siendo un fenómeno abrumadoramente masculino. De los 486 detenidos en 2025, 436 fueron hombres. Solo 47 mujeres fueron arrestadas, y el informe precisa que lo fueron “principalmente por delitos yihadistas”: 43 de las 47. En la ultraderecha, la fotografía es aún más rotunda, ya que todos los implicados en tramas de atentado o detenidos por delitos de esta índole fueron varones. Entre los arrestados por terrorismo de izquierda y anarquista, 12 de 13 eran hombres; la única mujer tenía 39 años.
Uno de los casos que Europol destaca ocurrió en España. El 16 de noviembre de 2025 fue detenida una mujer de 31 años sospechosa de consumir, editar y difundir material radical y violento procedente de la propaganda yihadista oficial, incorporándolo a sus propias producciones para distribuirlo. Mantenía vínculos con varios yihadistas condenados y desarrollaba una intensa actividad en redes sociales orientada a captar y adoctrinar a otras personas. En Francia, otra mujer de 35 años fue arrestada en abril por financiar a un amigo que combatía en Siria.

España, a la cabeza de las detenciones
El grueso del informe dibuja un panorama continuista pero nada esperanzador. En 2025 se registraron 45 atentados (22 consumados, 20 frustrados y 3 fallidos) con seis muertos, frente a los 58 del año anterior. Las detenciones, en cambio, siguen subiendo: 486 en 21 Estados miembros, por 449 en 2024. El yihadismo continúa siendo la principal amenaza, con 24 atentados y 347 arrestos.
España encabeza la lista de detenciones, con 117 en total, cien de ellas por yihadismo, la cifra más alta de la UE. También sufrió uno de los nueve atentados yihadistas consumados en el continente. Y en su territorio se practicaron, el 25 de noviembre, tres detenciones de miembros de ‘The Base’, la red neonazi paramilitar que es “el primer y único grupo de ultraderecha incluido en la lista de sanciones terroristas de la UE”.

Jóvenes de menos de 30 años
A lo largo del informe se habla también de la edad. La media de los detenidos fue de 27 años, pero 130 tenían 18 o menos. El más joven, un niño de 12 años, vinculado al terrorismo de ultraderecha. Europol lo achaca al peso creciente del entorno digital, donde jóvenes radicalizados “a menudo mostraban solo una comprensión superficial de las ideologías establecidas”, lo que les hace vulnerables a una mezcla inestable y fragmentada de ideas.
La conclusión de la agencia es que la amenaza “sigue siendo alta” y cada vez más difícil de etiquetar. Las viejas categorías se solapan, la violencia por la violencia se normaliza y el odio (también el que se mueve hacia las mujeres sólo por ser mujeres) se ha convertido en otro combustible más.

