El presidente de Estados Unidos ha llegado bien flanqueado. Donald Trump ha aterrizado en China rodeado de empresarios y magnates tecnológicos para reunirse con Xi Jinping. La de esta semana es una cumbre histórica, no sólo por el tiempo que ha pasado desde que Trump visitó el gigante asiático -la última vez en 2017, durante su primer mandato- sino por el contexto geopolítico en el que se produce esta reunión entre los dos países más poderosos del mundo.
Los presidentes de China se reunieron este jueves en el Gran Palacio del Pueblo, la primera de sus reuniones en Pekín, que duró en torno a dos horas y cuarto y tuvo formato ampliado, con las delegaciones de ambos países presentes, entre ellas los empresarios tecnológicos de EE UU.

Después de este primer contacto, en el que además de los saludos protocolarios tradicionales estuvo sobre la mesa la cuestión de Taiwán, los mandatarios partieron hacia el Templo del Cielo, uno de los principales lugares históricos de la capital china.
Según informa la agencia EFE, Xi pidió a Estados Unidos “ser socios y no rivales” porque los intereses de sus países “superan sus diferencias”, mientras que el mandatario estadounidense confió que ambos gigantes tendrán un “futuro fantástico juntos”, alabó a su anfitrión como “un gran líder” y vaticinó que esta será la mayor cumbre de la historia.
Además, el gobernante chino sacó a colación Taiwán, para China la principal “línea roja” en su relación con EE UU y sobre la que advirtió a Trump del riesgo de “una mala gestión“, la cual dijo que podría llevar al “choque e incluso el conflicto”, a la vez que defendió que “no hay ganadores en una guerra comercial”, una frase que Pekín ha reiterado desde que comenzó este nuevo enfrentamiento.
The arrival everyone has waited for. 🇺🇸🇨🇳 pic.twitter.com/B1DTgI9HKR
— The White House (@WhiteHouse) May 13, 2026
Tanto desde China como desde Estados Unidos son conscientes que lo suyo es un divorcio mal avenido. La relación entre ambos países no será nunca positiva, pero ambos son conscientes de que deben coexistir sin colisionar con los intereses del contrario. De empezar una guerra, no habría vencedores ni vencidos, ambos saldrían perdiendo. Consciente de esto, Trump también quiso empezar con buena sintonía y justo antes de subirse al avión hacía alarde de su relación con el presidente Xi Jinping. “Es un amigo”, dijo este martes Trump del mandatario que dirige el mismo país con el que Estados Unidos mantiene desde la Guerra Fría un pulso por la hegemonía global.

Donald Trump, recibido con honores
El Air Force One del presidente estadounidense aterrizó el miércoles en Pekín pasadas las 20:00 horas, nuestro mediodía en España. En el aeropuerto le esperaba una gran alfombra roja y cientos de jóvenes chinos, que ondeaban banderas nacionales y estadounidenses para recibir al magnate. Donald Trump hizo su mítico saludo con el puño en alto y se desplazó hasta la limusina de máxima seguridad ya preparada para su llegada.
A la cita, Trump llega debilitado. A su amenaza expansionista con Groenlandia, sus idas y venidas con los socios de la OTAN, o su polémica intervención en Venezuela, Donald Trump tendrá que justificar -entre otras cosas- su enredo con la guerra de Irán. Lo que iba a ser una operación milimétrica, casi quirúrgica que apenas duraría “cuatro o cinco semanas” se ha prolongado durante más de dos meses y las consecuencias han sido (y seguirán siéndolo) devastadoras para la economía mundial.

La primera visita de Trump
Cuando en 2017 Trump visitó China los roles eran bastante invertidos. Ahora llega a un país y se deshace en elogios hacia el, pero en Pekín ya no se fían del magante. China, que le agasajó la última vez con actos y cenas nunca vistos hacia presidentes estadounidenses, no está nada contenta con el mandatario que quiso empezar una guerra comercial, ahora en pausa.
De momento, la relación entre ambos países está marcada por esa tregua tras la ofensiva arancelaria de Estados Unidos y ambos parecen dispuestos a mantenerla. Ambos se apuntan con pistola, pero ninguno, de momento, aprieta el gatillo. Pero más allá de los aranceles, en esta reunión se habla de lo que muchos expertos consideran un canje explícito: Irán a cambio de Taiwán.
Wheels down in Beijing!
President Donald J. Trump lands for a landmark summit with China, greeted by Vice President Han Zheng during a welcome ceremony. pic.twitter.com/4q2mATZrn4
— The White House (@WhiteHouse) May 13, 2026
Muchos expertos apuntan a que Trump, más allá de pedir a China que se abra a empresas estadounidenses, pedirá también que no intervenga en Irán. En este sentido cabe recordar que Xi Jinping es fiel aliado de la república de los ayatolás y China es, desde hace tiempo, su principal comprador de crudo.
Con el estrecho de Ormuz doblemente bloqueado, Estados Unidos es, con diferencia, quien está perdiendo más con la guerra. Aunque a China es evidente que también le duele el bloqueo, puede sobrevivir durante más tiempo con Ormuz cerrado y sus buenas relaciones con Irán podrían asegurar el suministro de petróleo por otras vías.
