Detectan por primera vez en la historia un planeta con una atmósfera similar a la Tierra

Los astrónomos identifican helio escapando de LHS 1140 b, una supertierra templada situada a unos 49 años luz del Sistema Solar

Exoplaneta Orbita LHS 1140 - Internacional
Una recreación hecha por IA de un planeta similar al nuestro.
Artículo14/Grok

Un planeta situado a unos 49 años luz del Sistema Solar (denominado exoplaneta Orbita LHS 1140) acaba de proporcionar una de las señales más prometedoras en la búsqueda de mundos potencialmente habitables. Un equipo internacional de astrónomos ha detectado helio escapando de LHS 1140 b, una supertierra templada que orbita dentro de la zona habitable de una pequeña estrella enana roja.

El descubrimiento, publicado en la revista científica Science, representa la evidencia más sólida obtenida hasta ahora de una atmósfera alrededor de un exoplaneta pequeño, templado y con características físicas relativamente próximas a las de la Tierra. Hasta el momento, las atmósferas detectadas con claridad pertenecían principalmente a gigantes gaseosos o a planetas similares a Neptuno.

La investigación no demuestra todavía que la composición atmosférica sea igual a la terrestre ni confirma la existencia de vida. Sí establece, sin embargo, que LHS 1140 b conserva una envoltura gaseosa de la que está escapando helio. Esa supervivencia resulta especialmente importante porque muchos planetas que giran alrededor de enanas rojas pierden sus atmósferas por la intensa radiación de sus estrellas.

Una supertierra situada en la zona habitable

El planeta fue descubierto en 2017 y se ha convertido desde entonces en uno de los principales objetivos de la astronomía moderna. El exoplaneta Orbita LHS 1140, una estrella pequeña, fría y antigua situada en la constelación de Cetus, a una distancia relativamente cercana en términos cósmicos.

LHS 1140 b posee aproximadamente 5,6 veces la masa de la Tierra y un radio 1,73 veces mayor. Completa una vuelta alrededor de su estrella cada 24,7 días, aunque esa órbita tan rápida no significa que soporte temperaturas abrasadoras. La enana roja emite mucha menos energía que el Sol y el planeta recibe alrededor del 43% de la radiación que llega a nuestro mundo.

Esta combinación lo coloca en la denominada zona habitable, la región en la que las temperaturas podrían permitir la presencia de agua líquida si existe una atmósfera adecuada. Estar en esa zona no garantiza que un planeta sea habitable, pero constituye uno de los primeros requisitos para que pueda mantener océanos o condiciones compatibles con formas de vida conocidas.

El helio revela una atmósfera que se está escapando

Los investigadores utilizaron el espectrógrafo instalado en el telescopio Magellan Clay, ubicado en el Observatorio Las Campanas de Chile. Durante el tránsito de LHS 1140 b frente a su estrella, analizaron la luz estelar que atravesaba las capas exteriores del planeta.

Cada elemento químico absorbe unas longitudes de onda determinadas. Al descomponer la luz como si atravesara un prisma, los científicos encontraron la huella característica del helio. La señal aparecía extendida alrededor del planeta, lo que indica que parte del gas está escapando al espacio.

La detección permite concluir que LHS 1140 b posee una atmósfera o que, al menos, mantiene restos abundantes de ella. El helio podría formar parte de una envoltura primordial compuesta también por hidrógeno, adquirida durante el nacimiento del planeta. Otra posibilidad es que los gases procedan parcialmente de su interior y estén siendo renovados mediante procesos geológicos.

La atmósfera detectada no puede describirse todavía como una copia de la terrestre. La Tierra contiene principalmente nitrógeno y oxígeno, mientras que el estudio actual identifica helio en las regiones superiores del exoplaneta. Serán necesarias nuevas observaciones para determinar qué gases dominan las capas más profundas.

Entre un mundo oceánico y un pequeño gigante helado

La naturaleza de LHS 1140 b lleva años generando debate. Su masa y su tamaño permiten imaginar dos escenarios principales. Podría tratarse de un pequeño planeta semejante a Neptuno, con una extensa envoltura de hidrógeno, o de un mundo rico en agua cubierto por océanos de enorme profundidad.

Las observaciones realizadas anteriormente con el telescopio espacial James Webb descartaron con bastante fuerza algunas atmósferas densas ricas en hidrógeno. También ofrecieron indicios, todavía provisionales, de una envoltura más pesada que podría estar dominada por nitrógeno, uno de los componentes esenciales de la atmósfera terrestre.

Los modelos climáticos plantean incluso la posibilidad de que el planeta tenga forma de “ojo”: una superficie mayoritariamente helada con una región circular de océano líquido orientada permanentemente hacia su estrella. Esto podría ocurrir porque LHS 1140 b probablemente muestra siempre la misma cara a la enana roja, como la Luna hace con la Tierra.

Un primer paso para encontrar otros mundos

La importancia del hallazgo va más allá de un único planeta. Detectar una atmósfera en un mundo templado y relativamente pequeño demuestra que los instrumentos actuales ya pueden estudiar envolturas gaseosas mucho más difíciles que las de los gigantes del Sistema Solar.

El astrofísico José Antonio Caballero ha comparado este avance con el histórico España-Malta de 1983: costó marcar el primer gol, pero después llegaron muchos más. Su previsión es que esta primera detección facilite el descubrimiento de nuevas atmósferas en planetas rocosos durante los próximos años.

LHS 1140 b no es todavía una segunda Tierra ni existe ninguna prueba de actividad biológica. Pero se ha convertido en uno de los mejores laboratorios disponibles para investigar si un planeta templado puede conservar aire y agua durante miles de millones de años. El siguiente desafío será descubrir de qué está hecha realmente su atmósfera y qué clase de mundo se oculta bajo ella.

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