La reunión se celebró a puerta cerrada. La Comisión Europea quiso mantener todos los detalles bajo llave. En Bruselas eran conscientes de los recelos que levantaba este encuentro, que por primera vez abría las puertas de la Unión Europea a una delegación de talibanes de Afganistán para intentar llegar a un acuerdo sobre el retorno de nacionales afganos. La Comisión, que desde hace tiempo se quita todos los corsés que tanto le apretaban en materia de migración, no quiso desvelar ningún detalle. El secretismo fue absoluto hasta que, una vez terminada, reconocieron que el encuentro ya se había celebrado.
De la reunión se saben pocas cosas. El Ministerio de Asuntos Exteriores de Bélgica fue el único organismo que, a cuentagotas, fue informando a los periodistas sobre algunos detalles de la reunión antes de que se produjera. En la Comisión, silencio absoluto. Mutismo en torno a un encuentro que ya ha provocado la reacción en contra de decenas de ONG’s que critican el doble rasero de la UE, que no reconoce formalmente el gobierno talibán por sus violaciones de derechos humanos, pero es capaz de recibirles en Bruselas para poner fin al asilo que cada año solicitan cientos de afganos.
Cinco talibanes en Bruselas
Este martes fue la primera vez que el gobierno fundamentalista pisó suelo europeo desde que en agosto de 2021 los talibanes tomaran el poder. La reunión se dio a conocer hace ya un mes, justo el mismo día que el Ministerio de Justicia afgano blindaba el matrimonio infantil en el país. A las detenciones arbitrarias, las desapariciones forzosas o las torturas que perpetra el régimen fundamentalista desde el año 2021, se sumaba una nueva medida: la que permitía dar cobertura legal a los enlaces forzosos de menores.

Un encuentro incómodo para el Gobierno de Bélgica
Según aseguran desde el Ministerio de Asuntos Exteriores de Bélgica, las cinco personas que visitaron Bruselas en nombre de Afganistán fueron cinco hombres cuyos visados “se expidieron el lunes a última hora de la tarde, después de que el análisis de seguridad realizado por el servicio de inteligencia militar concluyera que no se disponía de ninguna información que permitiera deducir que las personas en cuestión constituyeran una amenaza para el territorio belga”.
Los visados, aclaran desde la capital comunitaria, sólo sirvieron para ayer y para la entrada en Bélgica. “Se trata de visados de validez territorial limitada y de duración limitada: únicamente para Bélgica y para un solo día”, aclaran fuentes de exteriores del país a Artículo14.
También desde aquí reconocían el secretismo en torno a más detalles de la reunión y, conscientes de las ampollas que ha levantado este encuentro, Bruselas se limitaba a echar balones fuera y a defender su papel como capital comunitaria. “Algunas de estas reuniones pueden contar con la presencia de regímenes que Bélgica no reconoce”, admiten, para añadir inmediatamente después: “Si Bélgica empezara a juzgar la conveniencia de las invitaciones formuladas por las instituciones europeas, eso debilitaría el papel de Bruselas como capital diplomática”. Según el Gobierno belga, pocas opciones le quedaban: “Nuestra política como Estado anfitrión nos obliga a facilitar estas reuniones y no a obstaculizarlas”, reconocen.

Los malabares de la Comisión
Desde la Comisión Europea los comentarios no llegaron hasta por la tarde, una vez celebrado el encuentro. Desde el Ejecutivo europeo han hecho auténticos malabares para intentar justificar la cita y aseguran que se trató simplemente de una reunión “a nivel técnico con representantes técnicos de las autoridades de Afganistán responsables del retorno y la readmisión”.
Este es el principal argumento que esgrime la Comisión, que se esmera en dejar claro que lo del martes no fue un encuentro político, sino técnico, y que éste no cambia la postura de la UE. De hecho, ya hace un mes este periódico contaba la postura de fuentes cercanas a Ursula von der Leyen, que respondían a las críticas escudándose en que la UE sigue y seguirá sin reconocer al Gobierno de los talibanes.

Apartheid de género
De momento, organizaciones como Amnistía Internacional ya ha pedido a las instituciones europeas que abandonen los planes de deportación a Afganistán ya que “no puede considerarse un lugar seguro para los retornados, y este enfoque pondrá en riesgo la vida de quienes regresen”.
Según UNICEF, el 28% de las mujeres afganas entre 18 y 49 años se casaron antes de los 18. Nada queda del Afganistán previo, tremendamente machista pero con pequeños contrapesos ideados para proteger a las mujeres. Los talibanes han desmontado aquel sistema y han eliminado desde el Ministerio de la Mujer, hasta las unidades judiciales dedicadas a ayudarlas en caso de que fueran víctimas de violencia.
En Teherán no pueden estudiar, conducir, hablar o reírse en público. Sus cuerpos son tapados íntegramente de pies a cabeza con el chadari, la túnica de una sola pieza que cubre el cuerpo completo, el rostro y los ojos, también ocultos mediante una rejilla tejida para permitir la visión. Mientras tanto, en los pasillos comunitarios ya hay quien se pregunta qué precio está dispuesta a pagar la UE, que desde hace meses pisa el acelerador para cumplir su particular agenda de migración.

