El 15 de agosto se cumplirán cinco años desde que Afganistán cayó bajo el velo talibán. Desde entonces, se han escrito ríos de tinta para intentar explicar la situación que viven las más de 20 millones de mujeres en su país. La efeméride se publica en todos los medios, que desde 2021 intentan arrojar luz sobre uno de los regímenes más herméticos del mundo.
A las detenciones arbitrarias, las desapariciones forzosas o las torturas, se suma ahora una nueva medida. Aunque ya estaba ampliamente extendida dentro del país y muy normalizada, ahora cuenta también con el aval talibán: desde este jueves, el régimen fundamentalista ha autorizado el matrimonio infantil. Según la ley del Ministerio de Justicia afgano, si “un pariente distinto del padre o del abuelo concertara el contrato matrimonial de un niño o una niña menores de edad (…) con una pareja compatible y con una dote adecuada”, el matrimonio “se considerará válido”.
Los menores -sólo los varones- tendrán derecho, a solicitar la nulidad del matrimonio, pero sólo cuando sean adolescentes y mediante una resolución judicial que casi siempre les será desfavorable. Las niñas tendrán mucha menos suerte. Las mujeres, a las que el régimen talibán prohíbe hablar en público llegada la pubertad, no podrán solicitar su disconformidad precisamente por el silencio que están obligadas a mantener. Y tal y como indica el texto, “la opción de una joven virgen queda invalidada por el silencio”. En el caso de que sean violadas, las niñas tendrán que aguantarlo sin poder denunciar hasta que, como mínimo, alcancen la adolescencia, pudiendo denunciar sólo cuando esas violaciones o abusos sexuales se hayan dado de parientes cercanos.

La represión sobre las mujeres afganas
El texto, que a ojos de cualquier país democrático parece marciano, se combina con la maquinaria de represión que desde 2021 han diseñado los talibanes. En Afganistán las mujeres no pueden trabajar, está prohibido por ley. Tampoco ir al instituto o acudir a la Universidad. La enseñanza para ellas está vetada y sólo se mantiene la educación primaria.
El cierre total de las aulas para las mujeres fue una de las primeras medidas que tomaron los talibanes aquel año, apartándolas de la educación cuando apenas han aprendido a leer y escribir. Tal es la represión sobre las mujeres, que la protesta femenina apenas se ve ya en las calles. Según el equipo de investigación Afghan Witness, el 94% de las manifestaciones se realizan en interiores, lejos de las patrullas y de la policía de la moral. La nueva norma ya ha provocado el shock y la denuncia, que en cadena y a goteo, expresan a través de sus redes sociales algunas ONG’s que hacen activismo desde el exilio.

El borrado de las mujeres del espacio público
La ley no es sólo una de tantas medidas opresoras, sino que por primera vez reduce a las niñas a una propiedad controlada, intercambiada y violada bajo la complicidad del Estado. “Y el silencio de la comunidad internacional se ha convertido en parte de la tragedia”, denuncia este jueves a través de X la asociación Mujeres Independientes.
Según UNICEF, antes incluso de esta ley, el 28% de las mujeres afganas entre 18 y 49 años se casaron antes de los 18. Nada queda del Afganistán previo, tremendamente machista pero con pequeños contrapesos ideados para proteger a las mujeres. Los talibanes han desmontado aquel sistema y han eliminado desde el Ministerio de la Mujer, hasta las unidades judiciales dedicadas a ayudarlas en caso de que fueran víctimas de violencia.

La UE se acerca a Afganistán
Y en medio del horror, atronador en todo el mundo, la Unión Europea prefiere hacer oídos sordos. Con el objetivo de aumentar las deportaciones y diseñar alguna receta que funcione en materia de migración, la UE ha invitado una delegación de talibanes para hablar sobre cómo aumentar las deportaciones.
En los pasillos comunitarios hay quién se pregunta qué precio está dispuesto a pagar la Comisión Europea con tal de cumplir sus objetivos, y varios eurodiputados ya han advertido de lo peligroso que es este movimiento, que legitima un régimen dictatorial y opresor a cambio de aumentar deportaciones.
La UE se escuda en que no reconoce al Gobierno talibán, pero recibirá a una delegación encabezada por el portavoz del ministerio de Exteriores, Abdul Qahar Balkhi, en junio. La cita, de la que se conocen pocos detalles, servirá para que la UE pueda trasladar a Afganistán una de sus principales preocupaciones: los afganos son uno de los grupos que más peticiones de asilo piden al Ejecutivo Comunitario.
Las prisas de la UE, critican algunos eurodiputados, se debe principalmente al giro en política migratoria cada vez hacia posiciones más conservadoras. Y para poder cumplir con la agenda que reclama la Eurocámara, la UE se acercará al régimen talibán. Fuentes de la Comisión Europea guardan silencio cuando este periódico les pregunta sobre la reunión y los recelos que despierta. Y aclaran que “ni la fecha ni los detalles están concretados” hoy por hoy.

