La escalada entre Pakistán y Afganistán ha alcanzado esta semana uno de sus momentos más graves desde el regreso de los talibanes al poder. Islamabad confirmó bombardeos sobre Kabul, Paktia y Kandahar y habló abiertamente de “guerra” tras varios días de enfrentamientos en la frontera. Aunque las autoridades paquistaníes aseguran haber atacado objetivos militares, desde Kabul denuncian víctimas civiles. El caso ya se encuentra ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
A miles de kilómetros ambos países, Nadia Ghulam sigue la noticia con el teléfono en la mano. Afgana, residente en Badalona desde hace años, educadora social y fundadora de la asociación Ponts per la Pau, su familia continúa en Kabul. “Estoy sufriendo mucho por lo que está pasando ahora mismo en Afganistán”, explica en conversación con Artículo14.

La ofensiva se produce tras varios días de incursiones aéreas y acusaciones cruzadas. También de tuits en los que mandatarios y ministros se acusan mutuamente de no ser capaces de mantener la cordialidad en una relación deteriorada desde hace años. La tensión a lo largo de la Línea Durand -la frontera de más de 2.000 kilómetros entre ambos países- ha acabado con una declaración de “guerra abierta” y con un levantamiento sin precedentes desde que los talibanes llegaron al poder.
Para Nadia, sin embargo, importan poco los comunicados oficiales o los tuits en redes sociales. “Mi ciudad, Kabul, ha sido atacada en un punto que está a 5 minutos de mi casa”, explica. “Llevo todo el día llorando. Siento mucha impotencia y dolor”.

Ocho provincias en la frontera
Ponts per la Pau mantiene proyectos activos en ocho provincias afganas, varias de ellas próximas a la frontera con Pakistán. La asociación trabaja con mujeres y niñas en programas de formación y apoyo económico que operan bajo las restricciones impuestas por el régimen talibán.
“Mi asociación, Ponts per le Pau, está trabajando hasta en 8 provincias de Afganistán. La mayoría están situadas alrededor de la frontera con Paquistán”, señala. El impacto de los bombardeos ha sido inmediato. “Están sufriendo mucho las niñas y las mujeres. Han sido bombardeos muy fuertes. La gente está perdiendo sus familias, es gente inocente”.
Nadia creció en guerra y tuvo que hacerse pasar por hombre durante años para poder sobrevivir bajo el primer régimen talibán. Su historia, que ya ha sido relatada en este mismo diario en noviembre, vuelve a resonar ahora: “Toda mi vida viví en guerra y toda mi familia sigue allí”, recuerda.

Ramadán bajo las bombas
La ofensiva coincide además con el mes de Ramadán, un periodo que para millones de musulmanes simboliza recogimiento y comunidad. “No entiendo en este mes de donde todos los musulmanes deben cuidarse y quererse por qué se bombardean”, afirma. “Está muriendo gente inocente. Gente que no tiene nada que ver con la guerra”.
Desde España, Nadia intenta mantener el contacto con su familia y con las mujeres que participan en los proyectos de su asociación, pero es complicado. “Yo personalmente estoy sufriendo mucho”, insiste.
El conflicto se mezcla con el bombardeo que Israel ha lanzado sobre Líbano este mismo viernes y sobre los tambores de guerra -que cada vez suenan con más fuerza- entre Estados Unidos e Irán.
“Yo como agente de paz cada día veo más guerras y bombardeos”, explica Nadia “No entiendo cómo puede ser que a estas alturas no nos entendamos entre nosotros”, termina diciendo.
