En Sin gluten, Mapi abre una cuenta de OnlyFans en la que aparece comiendo. Es el único personaje gordo de la serie, según el Observatorio de la Diversidad en los Medios Audiovisuales (ODA), que señala esta trama como ejemplo de una asociación persistente: cuando la ficción incorpora un cuerpo que se aleja del canon, la comida vuelve a definirlo. El personaje tiene una presencia excepcional dentro del reparto y una historia que subraya precisamente aquello que lo diferencia.
El caso forma parte del cuarto Informe ODA contra la gordofobia, presentado esta semana, que analiza 2.015 personajes de 125 películas y 91 temporadas de 89 series españolas estrenadas en 2025. Sus resultados muestran un retroceso de la diversidad corporal y una desigualdad especialmente marcada entre hombres y mujeres. En las series, el 4,11% de los personajes femeninos son gordos, frente al 7,73% de los masculinos. En las películas, los porcentajes son del 5,12% y el 6,62%, respectivamente.
Las cifras permiten precisar el problema. El porcentaje de personajes con cualquier corporalidad considerada no normativa alcanza el 8,86% en cine y el 8,15% en series. Dentro de ese conjunto, los personajes gordos representan alrededor del 6% del total. Ambas categorías no son equivalentes: la diversidad corporal que estudia ODA incluye otras características físicas, además de la gordura.
Tampoco se trata de un diagnóstico sobre el peso o la salud de los intérpretes. El análisis examina cómo la ficción presenta los cuerpos y cuáles señala como diferentes. En esa lectura, el género importa. “La normatividad corporal masculina es más flexible”, advierte el Observatorio. A las mujeres se las sitúa antes fuera del canon, especialmente cuando son jóvenes.
El descenso resulta más acusado en la ficción seriada. Los personajes gordos pasan del 7,04% en 2024 al 5,97% en 2025: una caída de 1,07 puntos porcentuales. En las películas, bajan del 6,17% al 5,94%. La evolución impide dar por consolidada una apertura que algunos protagonistas muy visibles podrían hacer parecer más extendida de lo que es.

La posición que ocupan dentro de las historias también limita esa presencia. Solo el 40% de los personajes con diversidad corporal del cine tiene trama propia. En las series, la proporción mejora hasta el 56,97%. Este último dato introduce un matiz relevante: en televisión sí superan la mitad, aunque disponer de una trama no garantiza que esta escape a los estereotipos.
El informe identifica incluso tres personajes a los que su entorno llama simplemente “Gordo”, sin nombre propio. La apariencia sustituye así a la identidad. La reiteración de estos recursos —el apodo, el apetito, la torpeza— reduce las posibilidades narrativas de unos personajes que ya parten de una presencia minoritaria.
Furia ofrece otro ejemplo señalado por ODA. Un crítico gastronómico gordo muere de un ataque al corazón durante un secuestro, pero su fallecimiento no provoca inicialmente sospechas porque los demás personajes consideran normal que alguien con su cuerpo sufra un infarto. La objeción del Observatorio se dirige al uso de esa asociación como explicación automática dentro del relato.

La comedia concentra una parte importante de la representación: una cuarta parte de los personajes con cuerpos diversos del cine y más de la mitad de los de las series aparecen en producciones de ese género. La cuestión es qué oportunidades quedan fuera de ese reparto. Protagonizar una investigación, conducir una historia de aventuras o ser el centro de un romance siguen siendo posibilidades menos habituales para estos personajes que participar en una trama cómica.
Durante la presentación del estudio, el actor y coreógrafo Alberto Velasco ironizó sobre ese encasillamiento: “Basta ya de hacer reír y de comedia, yo quiero ya terrorismo”. Su intervención reclamaba también acceso a los puestos de decisión de la industria, donde se determina qué historias se escriben y quién puede protagonizarlas.
Frente a los ejemplos negativos, el informe destaca Ruido, de Ingride Santos, una película española de 2025 cuya protagonista es una joven gorda y racializada con una identidad que desborda ambas características. Lati encuentra refugio en el rap después de la muerte de su padre y quiere abrirse camino en las batallas de freestyle. Para hacerlo, entrena a escondidas con Judy, una antigua promesa de ese circuito, mientras afronta la oposición familiar.
En su historia hay duelo, aprendizaje, ambición artística y relaciones entre mujeres. El objetivo de Lati organiza la película y le concede decisiones, conflictos y un espacio propio. Su caso sirve para concretar lo que significa ampliar la representación: permitir que una protagonista tenga intereses y problemas que no queden absorbidos por la explicación de su cuerpo.
El contraste es especialmente relevante en los personajes racializados. ODA detecta una tendencia a asociar a las mujeres con cuerpos no normativos a funciones maternales y a los hombres a roles protectores. Ruido ofrece otra posibilidad al situar en el centro las aspiraciones de una joven artista.

Fuera de la muestra española de 2025, Penelope Featherington, interpretada por Nicola Coughlan en la tercera temporada de Los Bridgerton, permite observar cómo cambia un personaje cuando recibe el protagonismo romántico. Su deseo, su relación con Colin y su actividad como Lady Whistledown sostienen la temporada. El vestuario y el peinado acompañan su transformación, pero la responsable de la serie, Jess Brownell, explicó que el cambio esencial tenía que ver con la confianza y con asumir sus propias decisiones.
El interés de ese ejemplo está también en sus contradicciones. Penelope continúa dentro de una ficción que concede enorme importancia a la apariencia y al reconocimiento social. Sin embargo, ocupa el lugar de la mujer deseada y participa de una historia sentimental y sexual desarrollada, con conflictos que van más allá de su imagen.
En España, Cerdita (2022), de Carlota Pereda, constituye un antecedente relevante, aunque tampoco pertenece al periodo estudiado ahora. Laura Galán interpreta a una adolescente acosada por su cuerpo en una película de terror que sitúa su experiencia en el centro. El relato convierte a Sara en un personaje capaz de sentir deseo, rabia y contradicciones, y de tomar decisiones moralmente difíciles. La gordofobia es el conflicto que la película examina.

Estos títulos plantean posibilidades distintas: contar la discriminación, como en Cerdita; desarrollar una aspiración artística, como en Ruido; o conceder protagonismo romántico, como en Los Bridgerton. Reunirlas ayuda a evitar que la diversidad corporal quede restringida a un único tipo de historia.
La edad y la orientación sexual añaden otras limitaciones. Según ODA, las corporalidades diversas se concentran en personajes adultos, mientras niños y adolescentes encuentran pocos referentes. El informe también contabiliza 15 personajes LGBTIQA+ con diversidad corporal, frente a los 11 del año anterior, pero diez son gays y solo identifica un personaje lésbico gordo. La mejora del conjunto apenas corrige la ausencia de mujeres sáficas alejadas del canon.
Para evaluar algo más que la presencia, el Observatorio utiliza el Test Divine: valora que la diversidad corporal sea identificable, que el personaje tenga relevancia y que su físico no constituya su único rasgo de personalidad. La herramienta permite distinguir entre incluir un cuerpo en el reparto y darle una existencia narrativa.
El balance cualitativo sigue siendo desfavorable. ODA clasifica el 31,82% de las películas y el 28,26% de las series como producciones que perpetúan imaginarios negativos, frente al 7,58% y el 7,61%, respectivamente, que aportan una representación positiva. Las diferencias muestran por qué un protagonista destacado no basta para describir al conjunto de la industria: junto a las excepciones continúan las tramas en las que el cuerpo determina el chiste, la enfermedad o el papel secundario.

