La gala de los 29º Premios Max se celebra esta noche en el Teatro Romano de Mérida, pero parte de su conversación ya pasó la semana pasada por Madrid. La Fundación SGAE reunió a varios de los finalistas madrileños de una edición en la que la capital concentra 13 de los 34 espectáculos seleccionados. El dato confirma el peso de Madrid en la escena española y permite leer otro movimiento: la presencia cada vez más visible de directoras, dramaturgas y creadoras al frente de proyectos de gran formato.
Entre los nombres destacados figuran Lucía Carballal, autora y directora de Los nuestros, una de las producciones con cinco nominaciones. La obra, producida por el Centro Dramático Nacional, compite en las categorías de Mejor espectáculo de teatro, Mejor dirección de escena y Mejor autoría teatral.
Carballal puso palabras a uno de los cambios que atraviesan esta edición. Para ella, la presencia de mujeres dirigiendo en salas grandes empieza a vivirse con “cierta naturalidad”, después de años de trabajo colectivo. “Estamos con nuestros compañeros compartiendo los espacios y creo que forma parte de un esfuerzo por parte de todo el mundo en los últimos años”, señaló durante el encuentro.
La dramaturga celebró esa “normalidad”, aunque advirtió de que no conviene darla por garantizada. El reto, explicó, pasa ahora por sostener esa presencia en el tiempo y evitar que el alcance se lea como algo excepcional o ligado a una edición concreta.
Rakel Camacho y la fuerza colectiva de Fuenteovejuna
Otra de las producciones con cinco nominaciones es Fuenteovejuna, de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, dirigida por Rakel Camacho. El montaje opta, entre otros premios, a Mejor espectáculo de teatro y Mejor dirección de escena.
Camacho destacó especialmente la nominación a Mejor elenco, que entiende como una forma de reconocer el espíritu de la obra. Para la directora, ese premio resume bien el sentido de un montaje que reivindica “el valor de la comunidad, de lo colectivo” en un momento en el que esa idea vuelve a tener una lectura muy presente.
Su Fuenteovejuna se suma así a una línea de trabajos recientes que regresan al repertorio para interrogarlo desde el presente. En la categoría de Mejor dirección de escena, Camacho comparte nominación con otras creadoras como Lucía Carballal y Victoria Szpunberg, lo que refuerza esa presencia femenina en el centro de los Max este año.

Ainhoa Amestoy y la recuperación del canon
La influencia de las creadoras también aparece en el terreno de la adaptación. Los cuernos de Don Friolera, de Ainhoa Amestoy, compite por el premio a Mejor adaptación o versión, y Lidia Otón suma también reconocimiento en interpretación.
Amestoy ha definido el proyecto como un punto importante de su carrera y ha insistido en que las nominaciones pertenecen al conjunto del equipo. Su lectura de Valle-Inclán se inscribe en una voluntad más amplia: volver a los clásicos españoles sin tratarlos como piezas inmóviles, sino como textos capaces de seguir dialogando con el presente.
Durante el encuentro, la directora defendió la importancia de “recordar” y “poner en su sitio” a esos autores, pero también de hacerlos circular de nuevo ante el público. En su caso, la adaptación funciona como una forma de recuperar el canon y, al mismo tiempo, discutirlo desde una sensibilidad contemporánea.
Danza y creación multidisciplinar
La presencia de mujeres en los Max no se limita al teatro de texto. En danza, Elisa Forcano compite con Zorra Dorada en tres categorías: Mejor espectáculo revelación, Mejor autoría revelación y Mejor intérprete femenina de danza. El reconocimiento resulta especialmente llamativo si se tiene en cuenta que el proyecto apenas tuvo siete funciones en Madrid antes de llegar a los premios.
Su ayudante de dirección, Leonora Lax, definió a Forcano como una “creadora multidisciplinar” y destacó la precisión de su trabajo escénico. La propia Forcano aprovechó su intervención para pedir más apoyo a las instituciones públicas y reclamó condiciones que permitan trabajar “no desde una precariedad, sino desde una dignidad”.
También figura entre las finalistas Irene Tena, de La Venidera, nominada a Mejor espectáculo de danza y Mejor coreografía por No. Su presencia recuerda que la renovación de la escena no pasa solo por los grandes teatros. También aparece en proyectos independientes, compañías pequeñas y recorridos frágiles que, en ocasiones, encuentran en los premios una visibilidad difícil de conseguir por otras vías.

Madrid como potencia escénica
El peso de Madrid en los Max se explica en parte por la concentración de grandes instituciones, como el Centro Dramático Nacional o la Compañía Nacional de Teatro Clásico, pero también por un tejido escénico que combina centros públicos, compañías independientes y creadoras que llevan años transitando del circuito alternativo a escenarios de mayor formato.
Juan José Solana, presidente de la Fundación SGAE, subrayó el papel de esas instituciones como impulsoras de buena parte de la actividad teatral de la capital. Fernando Delgado, director de producción del CDN, destacó además la “diversidad generacional” de los finalistas, con nombres consolidados y voces que han ido creciendo dentro de la propia escena madrileña.
El CDN llega a esta edición con cuatro títulos nominados: El entusiasmo, 1936, Los nuestros y Orlando. Esa presencia confirma su centralidad en el mapa teatral español, pero también muestra cómo los grandes espacios públicos han empezado a incorporar con mayor frecuencia miradas autorales y direcciones femeninas en producciones de gran escala.
Una gala en Mérida
La gala de los Premios Max se celebra esta noche en el Teatro Romano de Mérida y podrá seguirse a través de RTVE Play y La 2. Antonio Onetti, presidente de la SGAE, recordó durante el encuentro que estos galardones buscan dar visibilidad al trabajo artístico tanto sobre el escenario como detrás de él.
En esta edición, esa visibilidad llega marcada por una presencia madrileña muy notable y por varias creadoras situadas en categorías centrales. Los nuestros, Fuenteovejuna, Los cuernos de Don Friolera, Zorra Dorada o No muestran registros muy distintos, desde la revisión de los clásicos hasta la creación contemporánea y la danza.
Los Max no resuelven por sí solos las desigualdades del sector. Esta edición, sin embargo, deja una imagen significativa: varias de las producciones madrileñas más nominadas están dirigidas, escritas o impulsadas por mujeres y ocupan el centro de la conversación escénica.

