En el Gobierno y en el PSOE reconocen vivir en una montaña rusa de emociones. El 22 de septiembre, un día antes del desahucio de Maricarmen Abascal, la gestión de la crisis en Ceuta les devoraba; su moral estaba por los suelos. 13 días después, el 5 de noviembre, Pedro Sánchez convocaba elecciones generales y empezaban a fraguar un estado de ánimo que un par de semanas después rayaría en la euforia.
Hasta las 9 de la mañana del miércoles se veían ganando los comicios, aún con pocas opciones de gobernar. Después llegó el choque de trenes de Urda. La vida de 69 personas se extinguió. La política quedó congelada.
Por ahora, dada la magnitud de la catástrofe, los socialistas insisten en que no toca hablar de la campaña electoral al 29-N. En privado, con tristeza, reconocen que el golpe es enorme. “Un torpedo en la línea de flotación” de su campaña, en palabras de un veterano dirigente y cargo público.
“Estábamos consiguiendo establecer el marco de la campaña en emociones positivas frente al odio…y obviamente este golpe te devuelve a la tristeza y al debate sobre la gestión”, asume.
Los socialistas, como la mayoría de fuerzas políticas -menos Vox- no celebrarán actos políticos, al menos, hasta la próxima semana, ya concluido el periodo de luto decretado por el Ejecutivo. “Hay que parar en seco estos primeros días”, asume una líder territorial. “No hay campaña más importante que la de ayudar a las familias y explicar y aclarar por qué ha pasado lo que ha pasado”, prioriza. “Es muy difícil estos días tener cabeza para pensar cómo afrontarla [la campaña]”, apostilla.
Esta reflexión es compartida por otros tantos compañeros de filas, que aún no saben concretar cuánto debe extenderse este particular luto. “Al menos, hasta la identificación de fallecidos”, el correspondiente “homenaje”… “Y luego va a ser difícil volver a actuar en la misma línea”, apunta el primer dirigente.
En una campaña en la que previsiblemente no contarán con la presencia del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, dados los frentes judiciales que le acechan, hay dirigentes que ya dudan de que el ministro de Transportes, Óscar Puente, vaya a seguir siendo uno de los primeros espadas del presidente. Fuentes de su entorno deslizan que no es “esencial” que el político vallisoletano participe en mítines.
Puente, que el viernes rechazó dimitir y que previsiblemente dará explicaciones ante la Diputación Permanente del Congreso el martes, ha sido hasta hoy uno de los grandes apoyos de Sánchez en la precampaña. Tras el segundo accidente ferroviario con decenas de muertos en sólo 10 meses, en el PSOE ven difícil que el ministro pueda subir a los escenarios a arengar a sus potenciales votantes.

La reunión del Centro de Coordinación Operativa Integrado (CECOPI) del jueves, en Toledo.
“El tono de la campaña no puede ser el mismo”
“Evidentemente el tono de la campaña no puede ser el mismo”, confirma un dirigente territorial con escaño. De una campaña marcada por el fin de la incertidumbre para los socialistas, habían transitado hasta una certeza: el 29-N podrían aspirar a revalidar la confianza de los ciudadanos.
Hoy, entre las convicciones que manejan, está la seguridad de que Vox y el PP utilizarán esta catástrofe para apuntalar su diagnóstico sobre su mala gestión. Para desgastarles.
No enfrentan una instrucción judicial que consideren parcial o cargada de omisiones, ni tampoco un escándalo periodístico que puedan intentar matizar. Se trata de un accidente con 69 fallecidos, y su impacto se extenderá hasta más allá del 29-N.

La campaña, explica uno de estos interlocutores, tendrán que afrontarla con exquisito “respeto”. Para “explicar lo que se quiere hacer”, olvidando “el ambiente festivo”. Habrá que “darle forma a otro de rigurosidad, seriedad, buen gobierno y buenas propuestas”. Con mucha menos épica o margen para apelar al elemento emocional que les estaba generando buenas perspectivas.
De las entrevistas en programas de entretenimiento, más personales y menos periodísticas que estaba ensayando Sánchez, tocará pasar a otro registro. Como prevén hacerlo con los bailes y abrazos, así como con los besos de Sánchez y su esposa, Begoña Gómez. La kisscam que habían introducido, una costumbre exportada de los estadios deportivos de EEUU, difícilmente tendrá cabida en sus actos escasas semanas después de esta tragedia.

Cuatro semanas, una eternidad en política
Otro de los interlocutores pide aguardar unos días para tomar una fotografía de situación más exacta, y recuerda que aún quedan cuatro semanas hasta la cita con las urnas: “En política es mucho tiempo”. Cuando hay urnas en el horizonte, como reconoce otro socialista, esas cuatro semanas pueden percibirse como meses.
“Dudo que a los votantes de Pedro esto les haga cambiar el voto”. “Ha quedado patente que ha habido un fallo humano terrible. Que el Gobierno lleva cuatro años multiplicando la inversión en esa vía”, apostilla. Otros compañeros de filas no son tan optimistas.
El miércoles, cuando no había transcurrido una hora de la colisión ferroviaria, parte de la comitiva presidencial abandonaba un acto al que tenía previsto acudir Sánchez, para replegarse a Moncloa. Horas después desembarcarían en Urda, junto al lugar del siniestro. Los dirigentes que esa jornada tenían previstas sesiones de trabajo interno en Ferraz también vieron saltar por los aires sus planes. De nuevo, de vuelta a la incertidumbre y la tristeza.

