Ella Devi se ha convertido en una de las figuras más virales de la intersección entre moda y política en Estados Unidos. A sus 18 años, la influencer neoyorquina —conocida en redes por mezclar referencias de lujo y activismo de izquierdas— desató una tormenta mediática tras señalar que Jennifer Rauchet, esposa del secretario de Defensa Pete Hegseth, había acudido a la cena de corresponsales de la Casa Blanca con un vestido presuntamente comprado en Temu o Shein. Lo que comenzó como una observación estética terminó derivando en una discusión nacional sobre “America First”, fast fashion, misoginia, racismo y cultura online.
pete hegeseth's wife wore a dress from temu to the white house correspondents dinner (i'm not joking) pic.twitter.com/oCDM2v8rvQ
— ella devi (@ellad3vi) April 27, 2026
Ella, a la que definen en los medios estadounidenses como “socialist socialite”, defiende que la moda y la política son inseparables. En conversación con este medio, asegura que el lujo no contradice necesariamente sus ideales políticos porque, en su caso, consume moda vintage y de segunda mano. “La gente me pregunta por qué me llamo socialista si me gustan las marcas de lujo”, explica para Artículo14. “Pero compro de segunda mano, y eso en realidad es algo socialista”. Aclara además que no se considera “partidaria de la industria del lujo”, sino que entiende la moda “como una forma de arte”.
La influencer sostiene que el problema está en la relación entre moda y consumismo dentro del capitalismo actual. “Me gustaría vivir en una sociedad en la que la moda no estuviera conectada con el consumismo que vemos hoy”, afirma. “Creo que en una sociedad más socialista crearíamos un arte mucho mejor”.
“Recibo miles de comentarios racistas y misóginos”
Sobre la polémica del vestido de Jennifer Rauchet, Ella admite que esperaba una reacción fuerte desde el momento en que publicó el comentario. “Literalmente escribí a mi grupo de amigos y dije: ‘Alguien tiene que meterme en protección de testigos’”, recuerda entre risas. “Sabía que algo iba a pasar. No esperaba esta escala, pero sabía que no iba a ser bien recibido”.
Para ella, la indignación conservadora tuvo más que ver con el simbolismo político que con la prenda en sí. “El Partido Republicano está intentando redefinirse como el partido de la belleza”, argumenta. “Quieren presentarse como elegantes y cultos, y luego resulta que lleva un vestido importado de China, cuando su marido tiene una política exterior tan anti-China y habla constantemente de apoyar la manufactura estadounidense. Es chocante”.
Ella considera especialmente significativo que una publicación aparentemente trivial generara semejante reacción dentro del universo MAGA. “Yo solo compartí un post muy simple”, dice. “Y el hecho de que esto molestara tanto demuestra que ven esa información como una amenaza”.
La influencer también cree que gran parte del odio que ha recibido está atravesado por el racismo y la misoginia. “No lo digo para hacer un análisis intelectual de la situación”, aclara. “Lo digo porque recibo miles de comentarios racistas y misóginos”. Cuenta que muchas personas le escriben mensajes diciéndole que “vuelva a su país”, pese a haber nacido en Estados Unidos, y asegura que incluso ha recibido comentarios defendiendo que las mujeres “deberían perder el derecho a votar”.
“Aunque parezca que el país se está derrumbando, no puedes dejar de luchar”
Según explica, algunos medios conservadores enfatizan deliberadamente sus raíces sri lankesas para construir una determinada narrativa sobre ella. “Muchos artículos empiezan diciendo ‘influencer sri lankesa-americana’”, comenta. “Pero también soy serbia. Siento que seleccionan cierta información para pintar una imagen concreta de mí”.
Ella reconoce haber recibido amenazas de muerte y mensajes violentos tras la controversia. Sin embargo, asegura que intenta no prestarles demasiada atención. “Si me tomara en serio cada amenaza de muerte o cada comentario violento, ya me habría destruido psicológicamente”, afirma. “Los bloqueo, los reporto y sigo adelante”.
Además de sus comentarios sobre moda, se ha convertido en una figura reconocible dentro de la izquierda joven neoyorquina por su apoyo al alcalde Zohran Mamdani, hasta el punto de que el tabloide New York Post llegó a apodarla “hot girl for Zohran”. Ella se toma la etiqueta con humor. “Es gracioso porque yo nunca me llamé así”, cuenta. “Fue el New York Post quien me puso ese nombre”.
Lejos de incomodarle, reconoce que terminó abrazando el meme. “Es una locura que llamen así a una adolescente y la conviertan en personaje público”, dice. “Pero supongo que ya tengo que aceptarlo”.
Respecto al momento político que vive Estados Unidos, Ella lo describe como un clima “estresante, polarizado, emocionante y nervioso” al mismo tiempo. Aun así, insiste en que la izquierda no puede caer en el derrotismo. “Aunque parezca que el mundo se acaba o que el país se está derrumbando, no puedes dejar de luchar”, sostiene. “No puedes entregarte al pesimismo”.
También se muestra crítica con Joe Biden y cree que su presidencia facilitó el regreso de Donald Trump. “No creo que Biden hiciera un buen trabajo reconstruyendo el país después de Trump”, afirma. “Y creo que tenemos este segundo mandato de Trump precisamente por eso”.

