Testigo directo

Española en Dubái: “Tenemos la mochila en la puerta por si hay que salir corriendo a un refugio”

Isabel Lallemand, española residente en Dubái, describe la situación en la ciudad bajo los ataques iraníes: "De noche ya no era solo el sonido de las explosiones. Se veían claramente los misiles siendo interceptados"

Se ven chispas y humo de una aparente intercepción de misiles en el cielo de Dubai.
EFE/EPA/STRINGER

Dubái se ha convertido en uno de los focos más importantes en el conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel desde la muerte este sábado del líder ayatolá Alí Jameneí, en la bautizada operación ‘Furia épica’. La ciudad alberga el puerto de Jebel, el cual, aunque no es una base militar oficial, es el puerto de escala más ​grande de la Armada de los Estados Unidos en Oriente Medio, ‌ca portaaviones y otros buques estadounidenses. A esto hay que añadir que se encuentra a solo 150 kilómetros de la costa sur de Irán, al alcance de los misiles y drones kamikaze con los que el régimen está atacando los enclaves estadounidenses en la zona.

El sábado amaneció como un día cualquiera a las orillas del Golfo Pérsico. Un día soleado, perfecto para hacer deporte en la playa y juntarse con amigos. Ese era el plan de Isabel Lallemand, española residente en Dubái. “Estábamos en la playa Marina de Dubái [a pocos kilómetros del puerto de Jebel] y sobre la 1 de la tarde oímos la primera explosión“, explica a través de una videollamada. “Nosotros estábamos en el agua pero al escuchar la explosión salimos y ahí fue cuando nos enteramos mirando el móvil que Irán había empezado a bombardear las bases de Estados Unidos”. La respuesta del gobierno emiratí, según destaca, fue inmediata. “Recibimos tanto por redes sociales como por alertas en los móviles: ‘todo el mundo a casa, refugiados y lejos de las ventanas’“.

En las horas posteriores, la situación fue caldeándose a fuego lento. “De noche ya no era solo el sonido de las explosiones. Se veían claramente los misiles siendo interceptados. Esa noche, desde donde estaba yo vi por lo menos unos diez, además de mucho que oí pero no pude ver”, describe. “Hubo un momento crítico sobre las dos de la mañana, que el intervalo con el que oíamos las explosiones, que era más o menos de medía hora, se redujo a cinco minutos o menos. ‘Pum, pum, pum’. Entonces empezaron a sonar todos los móviles, alarmas, y con las explosiones de fondo. Nuestra reacción fue preparar una mochila de urgencia, preparar el transportín de la gata y llenar bidones y jarras de agua por si la cortaban”. A la psicosis sonora producida por las alarmas y las explosiones hay que añadir la mediática, con las redes sociales alertando de explosiones, incendios… “Estaba bloqueada, no sabía si salir corriendo a un refugio. Pero más que por lo que estaba viendo, por lo que estaba leyendo. A las tres de la mañana, el gobierno mandó un comunicado avisando que multaría la difusión de bulos. Fueron momentos de tensión porque no sabía que estaba ocurriendo”. A pesar de la incertidumbre, Lallemand, que trabaja como profesora en un colegio, destaca la rápida actuación de las autoridades. “Ese mismo sábado, cuando apenas habían empezado los ataques mandaron un comunicado diciendo que se cancelaban las clases hasta el jueves, antes de saber si esto iba a durar dos horas o dos semanas”.

Dormir la noche del sábado fue prácticamente imposible, y al alba se produjo otra oleada de ataques que le sacó de la cama cuando apenas había conseguido conciliar el sueño. “El domingo fue un día de mucha incertidumbre. Dubái es una ciudad con mucho ruido, mucho tráfico, pero había un ambiente parecido a la pandemia. Por el momento, sin desabastecimiento en los supermercados pero si se notaba que había mucha menos gente por la calle”, describe.

Tras horas escuchando explosiones, la situación parecía controlada a última hora del domingo. “El último misil que escuchamos fue por la tarde-noche y la gente empezó a hablar, en grupos de whatsapp, de viajes, aviones, familia… Pero este lunes nos hemos despertado las ocho de la mañana, no con un misil interceptado, sino con una traca, uno tras otro. Y ya otra vez en tensión”. Lallemand explica que la zona en la que ella reside no ha sido objetivo de los ataques iraníes, pero señala que la situación en los barrios cercanos al puerto de Jebel si fue más dura. “Me llamó una alumna llorando, con la casa temblando por las explosiones, que parecía que se iba a venir abajo”.

Después de un despertar tan traumático, Lallemand señala que la banda sonora de explosiones y alarmas ha dado paso al rugir de los cazas surcando el cielo de la ciudad a todas horas. “No hemos escuchado explosiones en todo el día, pero sí que vemos los aviones pasando todo el rato”. Durante unos momentos, uno de esos cazas interrumpió la entrevista con su sonido atronador al pasar cerca del edificio en el que se encuentra. “Da más tranquilidad ver cazas que misiles”.

Sin embargo, hablar de tranquilidad en estos momentos puede ser exagerado. Especialmente para sus familiares. “Mi madre, como es normal, me ha dicho que vuelva a España. Me llama cada quince minutos para ver si estoy bien”. Muchos de sus vecinos, sobre todo aquellos que pueden teletrabajar, han tomado la decisión de irse a Omán, que se encuentra a unas pocas horas en coche y no tiene bases militares estadounidenses. Lallemand prefiere esperar a ver si la situación se calma en unos días antes de tomar una decisión. Eso sí, la mochila de emergencia sigue preparada al lado de la puerta.