Venezuela

La foto que Margarita Assenza, presa política de Maduro en El Helicoide, nunca pudo hacerse

En El Helicoide, lo primero que le quitaron a Margarita Assenza fueron los cordones de los zapatos. Salió 327 días después sin haber visto nunca su expediente y sin haber hablado con un abogado. Ahora mira las fotografías que Maduro difunde desde una cárcel de Brooklyn y hace el inventario de todo lo que a ella le negaron

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Lo que ha sentido Margarita Assenza al ver las imágenes de Maduro desde la cárcel
KiloyCuarto

A finales de agosto, la cuenta de X de Nicolás Maduro publicó sus primeras imágenes desde el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, donde está recluido con su esposa y cómplice, Cilia Flores desde los primeros días de enero, a la espera del juicio por conspiración narcoterrorista que un tribunal de Nueva York fijó para 2027. Aparece sonriente, en chándal gris, con un mensaje breve, «Estamos firmes». Al día siguiente llegó una segunda tanda, presentada como «un pequeño regalo de amor y esperanza». La discusión venezolana se fue de inmediato hacia la autenticidad de las imágenes. El Pitazo se preguntó si eran reales o hechas con inteligencia artificial y otros medios recogieron los tres detalles del vestuario que los usuarios de redes señalaron como inverosímiles. Nadie lo ha establecido.

Margarita Assenza no entró por ahí. «Lo primero que vi fue los cordones de sus zapatos», dice. «En las cárceles venezolanas, apenas tú pisas ese lugar, lo primero que te quitan son los cordones». Después reparó en el reloj. «A nosotras nunca nos dejaron usar un reloj. Ni pulseras ni pendiente. No teníamos acceso absolutamente a nada». Y, por último, la sonrisa. «Una persona que está presa nunca está sonriente. Al menos los primeros meses es imposible».

Maduro
La imagen de Nicolás Maduro desde la cárcel de Nueva York
@nicmaduroguerra

Assenza tiene 42 años, nació en Maracaibo y es abogada. Cuando el opositor Rafael Ramírez Colina ganó la alcaldía de la ciudad, en noviembre de 2021, la llamó para que fuera su secretaria privada, un cargo de confianza personal. «Yo no era parte de su equipo político», dice, «era parte de su equipo personal». El martes 1 de octubre de 2024, funcionarios del Sebin detuvieron al alcalde en la sede de la alcaldía y ese mismo día se la llevaron a ella, junto con Betty Ramos y David Barroso. Diosdado Cabello anunció después un desfalco de 2,7 millones de dólares en el aseo urbano de Maracaibo. Assenza sostiene que nunca manejó dinero del municipio ni agenda pública y que jamás tuvo acceso al expediente. «Ni siquiera sabíamos cuáles eran los cargos que nos estaban imputando».

Como en las series de narcotraficantes

—Tumbaron la puerta y me llevaron delante de las niñas, que son menores de edad -dice.

presa política
Durante seis meses su familia no supo nada de Margarita Assenza
Cortesía Margarita Assenza

Dejaron que su esposo siguiera a las patrullas con las dos niñas dentro del carro. El 7 de octubre la trasladaron a Caracas en avioneta, «como en las series de narcotraficantes», y entró en El Helicoide junto a Diana Patricia Berrío, la directora de talento humano de la alcaldía, detenida dos días después que ella.

«Nunca tuvimos acceso a expediente ni a abogado privado, mucho menos a un bufete de letrados pagados por erario público venezolano, como tienen Maduro y Flores. Es que ni siquiera teníamos defensor público porque, aunque nombran uno, no puede darte ningún tipo de información sobre tu caso, baste saber que nos hicieron un juicio de tres días donde los “testigos·” eran los mismos funcionaron del Sebin que nos secuestraron. Entramos en un estado de incertidumbre que se prolonga hasta el sol de hoy».

Durante seis meses su familia no supo nada de Margarita. Su hija tenía doce años. Su padre, siciliano, tiene noventa y dos. A los cuatro meses de encierro sus padres grabaron un video pidiendo su liberación, y ella se enteró mucho más tarde.

La intimidad que a ellas le privaron

El resto de la conversación describe el encierro. «Maduro, el sonriente, está solo en una celda. Tiene intimidad. Nosotras éramos seis en una celda con un baño y tres de las seis menstruamos. Con mucha frecuencia no teníamos acceso a agua y una vez estuvimos 40 días encerradas en ese espacio de dos por dos metros. Sin razón alguna; al menos, que supiéramos. Por suerte, jamás hubo entre nosotras la más mínima tensión. Al contrario, nos convertimos en hermanas, ellas fueron luz en la oscuridad. Conversábamos, nos contábamos la vida, cantábamos, rezábamos, nos reíamos y, a veces, llorábamos».

Los primeros seis meses salían al sol a las siete de la mañana, cuando se lo permitían, y si esbozaban un movimiento deportivo aparecía una cámara grabándolas. “Yo entreno desde adolescente y luego de esta tragedia me he refugiado aún más en el ejercicio. Prefiero entrenar que ir al psicólogo».

Vivir con miedo

Ninguno de esos detalles es excepcional. La Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos de la ONU documentó en septiembre de 2025 torturas, desapariciones y violencia sexual en los centros de detención venezolanos, y advirtió en marzo de este año que la represión continúa bajo el régimen de Delcy Rodríguez. WOLA ha descrito la violencia sexual contra las mujeres detenidas como una estrategia gubernamental. El 10 de junio de 2026, la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado venezolano y le ordenó cerrar El Helicoide, en la primera sentencia internacional sobre ese edificio.

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Margarita Assenza atiende a Artículo14 desde Venezuela
Cortesía Margarita Assenza

Hay una segunda asimetría, y es la que Assenza tarda en nombrar porque la tiene demasiado cerca. A su jefe lo juzgaron en abril de este año en un proceso de tres días que el político, también maracaibero, Juan Pablo Guanipa calificó de exprés, lo condenaron a cinco años y salió a cumplir la pena bajo régimen de presentación. El alcalde tiene sentencia, tiene nombre en la prensa y tiene un caso que se puede contar. Ella no. Su causa sigue sin decisión, tiene que presentarse cada treinta días en Caracas, un viaje que cuesta dinero y al que va con miedo; también tiene prohibido salir del país. La detuvieron por trabajar para un hombre que sí hacía política, y esa condición derivada, que en el papel debía protegerla, es lo que la volvió invisible.

Ese patrón está medido. Foro Penal contabilizó 328 presos políticos en Venezuela al cierre de agosto, 317 hombres y 11 mujeres. La prensa venezolana viene reportando que las presas políticas son las grandes olvidadas de las excarcelaciones, con menos posibilidades de salir y con una vulnerabilidad añadida dentro. A Assenza la liberaron el 24 de agosto de 2025 y quien lo anunció fue la Farnesina, en Roma, junto con la excarcelación de Americo De Grazia, porque ella tiene pasaporte europeo por su padre. El consulado italiano estuvo pendiente todo el tiempo y nunca logró entrar en El Helicoide. «Nosotros somos fichas de cambio», dice. Adentro se lo repetían con una franqueza que ninguna vocería sostiene en público. «Esto es un caso político, vas a salir cuando haya una negociación».

Las duras consecuencias

Salió en agosto del año pasado y sigue tomando clonazepam para dormir. Empezó a tomarlo adentro, porque se lo daban a una de sus compañeras y ella lo compartía. «Perdí amistades. Perdí la confianza en mí misma. Le falté casi un año a mi hija y a mi hijastra, la hija de mi marido».

Queda la fotografía. Si es verdadera, prueba que a un hombre preso se le permite ser visto, sonreír, conservar el reloj y los cordones, hablarle al país a través de su hijo y contratar abogados privados. Si es falsa, prueba que alguien consideró indispensable fabricar esa escena. Las seis mujeres de aquella celda no tuvieron ninguna de las dos cosas. No hubo fotografía. No hubo mensaje. No hubo abogado. Hubo dos llamadas por semana, cuando las hubo, y una visita cada quince días que la familia de Assenza, desde Maracaibo, solo pudo cumplir cinco veces en 327 días. Iban su madre y su hija. Y queda la aprensión, «el miedo de que vuelva a ocurrir, que me vuelvan a llevar».