El abrazo llegó cargado de meses. Más de dos años sin verse en persona. Nueve meses arrestada en “El Helicoide“. Otros tantos de clandestinidad. Y una vida entera compartida en la misma causa. Cuando María Corina Machado y Catalina Ramos se reencontraron este fin de semana en Madrid, la emoción las desbordó en pleno directo. “Nos conocemos desde hace mucho tiempo y venimos trabajando en un país diferente desde hace más de 16 años”, recuerda Ramos a Artículo14.
“No nos habíamos visto todavía y nos sobrepasó a ambas, no pudimos evitar emocionarnos”, admite la hispanovenezolana, quien describe a Machado como “la amiga, la líder, la dirigente, la compañera de trabajo” y reivindica su cercanía: “Ella como ser humano es muy leal, muy cercana”.
Bióloga formada en la Universidad Simón Bolívar es también dirigente de Vente Venezuela, el partido de Machado, donde es responsable de organización ciudadana. Es precisamente esa labor la que pudo originar su detención. “Estaba encargada de dar talleres de protesta no violenta, y de cómo organizarse”, explica sobre los llamados “comanditos”, pequeños grupos de ciudadanos que articulaban demandas básicas. “Y supuestamente por esa tarea es que yo estaba allí”.
En la peor cárcel de Venezuela
El 26 de mayo de 2025, un día después de las elecciones regionales y parlamentarias, fue arrestada por el régimen de Nicolás Maduro. Terminó en “El Helicoide”, donde pasó nueve meses. “Lo peor de estar encerrada fue la incomunicación”. No entra en detalles sobre la falta de higiene o el hacinamiento. A toro pasado, lo peor son los cinco meses que no pudo hablar ni establecer contacto con su familia. Estaba aislada, en “la tumba”, privada de su libertad pero le frustraba causar preocupación a sus familiares, muchos de ellos residentes en Tenerife. “Mi mamá tiene 91 años… yo lo que quería es que ella viera que yo estaba bien a pesar de estar allí”, recuerda sobre su primera llamada con su progenitora, que vive en España. “Nada más mi madre verme, yo le vi la cara que iba a llorar, entonces yo empecé a hacerle chistes“, cuenta quien en cada conversación intentó proteger a su familia. “Hablábamos de películas, de música, de cualquier cosa, menos de donde estaba yo”, rememora.

Y es que Ramos, con nacionalidad española, estaba encerrada en la cárcel más temida de Venezuela. El arresto también dejó huellas físicas y emocionales. “Las primeras noches sí me angustió mucho”, admite sobre el sótano sin ventanas en el que estaba recluida. “Pensaba que sin aire, no estamos respirando bien”. Con el tiempo, decidió que “no me iba a atormentar con eso, ya bastante era estar allí”. Buscó refugio en lo mínimo, en la belleza que lograba brillar entre tanta oscuridad. “Aprovechaba cuando podíamos salir al patio… estar un rato al sol”. Como bióloga, mirar el cielo se convirtió en una forma de resistencia: “Trataba de buscar cosas que me limpiaran esa imagen… sobre todo espiritualmente”, revela, mientras describe lo que sintió al observar dos pájaros que eran “canarios, como mi familia”.
Sobre las otras reclusas, la dirigente de Vente Venezuela explica que conoció “gente estupenda, gente maravillosa, que no tiene por qué estar presa tampoco”, asevera Ramos. Habla especialmente de mujeres que siguen encarceladas, pero que son invisibles. “No hay nadie afuera con un cartelito… son como las personas invisibles”, denuncia. “Mujeres como yo, madres como yo, y que están presas injustamente. Esas personas tienen que salir… no merecen estar allí”, demanda, al tiempo que recuerda que otros presos políticos, compañeros de filas, siguen detenidos, en un duro arresto domiciliario o al no tener otra nacionalidad, prohibido salir del país.
Catalina Ramos: “No quiero que mi familia vuelva a pasar por eso”
Sobre su liberación en febrero, confiesa que fue “arbitrario que me quitaran la libertad y fue arbitrario la forma en la que me la dieron”. La acusaron de “terrorismo, traición a la patria, todo eso”. Luego llegaron nuevas condiciones, gestiones improvisadas… pero ella necesitaba salir de Venezuela. “Yo no quiero que mi familia vuelva a pasar por eso“, declara hoy desde España.
Activistas de Vente Mundo reunidos en Madrid reciben con aplausos a @caramos61 , responsable de organización ciudadana en el partido de @MariaCorinaYA
Ramos, también ciudadana española, estuvo detenida en El Helicoide. pic.twitter.com/RyKhEA6zp3— Mary Elizabeth (@MarytaLeon) April 18, 2026
El pasaporte español fue decisivo en su salida, en medio de un proceso marcado por la incertidumbre y las injusticias. Ramos relata que al ser detenida le retiraron toda la documentación: “Se quedaron con todos mis papeles, todo, pasaporte español, DNI español, pasaporte venezolano, cédula venezolana, hasta mi libro de familia azul“. Al ser excarcelada solo recuperó su cédula venezolana, lo que le impedía viajar, salir de Venezuela, su prioridad. La solución llegó a través de la vía diplomática, le hicieron un pasaporte temporal español… “y con ese fue que yo viajé”. Agradece la labor del consulado y de la embajada española durante los momentos de tantas incertezas tras la arbitraria amnistía. “El embajador español hizo la diligencia para que me dejaran salir y me acompañó al aeropuerto para asegurarse de que yo me montaba en ese avión”, cuenta Ramos.
Que no vuelva a suceder
“Estar con mi familia es lo que yo más valoro ahora”, reconoce la bióloga hispano venezolana. Durante años pensó que siempre habría un “después” para volver a verlos, pero su tiempo en la cárcel cambió esa percepción. “Te das cuenta que el después no sabes cuándo va a ser”. El tiempo compartido “no tiene precio y no lo cambio por nada”.
A pesar de estar libre y en España, Ramos insiste en que “no se nos puede olvidar todo esto… porque si se nos olvida, puede volver a suceder”. Menciona el profundo “dolor, la angustia y la tristeza que ha causado este régimen en muchísimos millones de venezolanos”, dentro y fuera del país. “Esto no lo merece vivir nadie, absolutamente”, lamenta.
“Nosotros tenemos que lograr que todo eso cambie”
Cuando se le pregunta por el futuro, responde sin titubeos: “Va a ser un futuro hermosísimo, un futuro de luz, de prosperidad, de sueños cumplidos”. Para Ramos, “toda Venezuela está convencida de que se pueden hacer las cosas de forma diferente”. En su nuevo proyecto, Venezuela Tierra de Gracia, en el que sigue completamente comprometida aunque desde la distancia, “cada venezolano podrá lograr convertir su sueño de vida en realidad”.
Pero sin duda el horizonte pasa por elecciones libres. Aunque no da una fecha exacta, calcula que “podrían ser este mismo año”. Pero siempre bajo las condiciones necesarias: “Un CNE (Consejo Nacional Electoral) diferente, autoridades que respeten las normas, que permitan que la diáspora vote… que los jóvenes se puedan inscribir”. Y es que en las del 28 de julio de 2024 -“que ya ganamos”-, millones de venezolanos se quedaron excluidos tanto dentro como fuera de Venezuela. A pesar de las tropelías, “demostramos que sí sabemos hacer el trabajo para cubrir unas elecciones y garantizar que los resultados se evidencien”.
Ramos percibe movimientos dentro de la oposición venezolana. “Ya hay gente que ha empezado a salir de la clandestinidad… grupos de ciudadanos que se están empezando a organizar de nuevo”. Esa reactivación, “da mucha energía y fuerza”, concluye.
