Una nueva oleada de amenazas de bomba ha alterado este viernes el tráfico aéreo en distintos puntos de Europa, apenas 24 horas después de que cerca de una treintena de aviones se vieran afectados por avisos similares. La sucesión de incidentes, que también ha alcanzado a España durante esta semana, abre interrogantes sobre su origen y sobre la posibilidad de que se trate de una campaña coordinada de desestabilización.
Copenhague, Varsovia, Lisboa, Venecia, París y Praga figuran entre las ciudades que han tenido que activar nuevamente sus protocolos de seguridad. Aunque las alertas investigadas hasta ahora han resultado falsas, sus consecuencias van desde retrasos y evacuaciones hasta desvíos de aeronaves y movilizaciones de unidades especializadas.
En Italia donde un avión de Wizz Air que viajaba entre Praga y Roma ha tenido que aterrizar de emergencia en Venecia. La amenaza ha obligado a interrumpir temporalmente las operaciones aeroportuarias y a desembarcar a los pasajeros para efectuar las inspecciones correspondientes.
En Portugal, un vuelo de Ryanair con destino Roma ha despegado con más de dos horas de retraso después de que las autoridades recibieran una alerta internacional. En Francia, otros cuatro aparatos han sido objeto de amenazas, mientras que la Policía checa ha tenido que inspeccionar nueve aviones vinculados al aeropuerto de Praga.

¿Una estrategia de guerra híbrida?
La acumulación de avisos en tan pocos días ha alimentado las sospechas sobre una posible actuación organizada. Algunas amenazas han sido reivindicadas por Estado Masculino, un grupo ruso de extrema derecha, aunque las autoridades todavía no han acreditado su autoría ni han confirmado que todos los episodios estén relacionados.
El patrón plantea interrogantes sobre una posible operación de guerra híbrida, una modalidad de confrontación que puede recurrir a la intimidación, la desinformación y la perturbación de infraestructuras estratégicas sin necesidad de un ataque militar convencional.
Sin embargo, no existen por ahora pruebas suficientes para atribuir estas amenazas a una operación de guerra híbrida ni para vincularlas con el Gobierno ruso.
La jornada del jueves ya había dejado imágenes poco habituales en el espacio aéreo europeo. Dos cazas franceses interceptaron un avión de Aer Lingus que viajaba de Dublín a Roma y lo obligaron a aterrizar en una base militar después de que su piloto rechazara inicialmente hacerlo.
La Comisión Europea ha reforzado el intercambio de información entre los Estados miembros, mientras las autoridades nacionales tratan de identificar a los responsables. Entretanto, la sucesión de falsas alarmas evidencia cómo una amenaza sin explosivos puede bastar para movilizar recursos militares y policiales, interrumpir conexiones internacionales y generar incertidumbre entre miles de pasajeros.

