Una nueva oleada de amenazas de bomba ha puesto este jueves en alerta a las autoridades aeroportuarias de buena parte de Europa. Más de una quincena de vuelos y aeropuertos de distintos países han tenido que activar protocolos de emergencia, con desvíos de aeronaves, evacuaciones de pasajeros y despliegues de cazas militares. Los incidentes se han registrado apenas dos días después de que otras alertas similares provocaran importantes dispositivos de seguridad en el continente.
Francia, Italia, Bélgica, Bulgaria, República Checa, Austria, Polonia, Dinamarca y Grecia figuran entre los países afectados por esta sucesión de avisos que, hasta el momento, no han derivado en el hallazgo de artefactos explosivos. La magnitud de los incidentes ha llevado a la Comisión Europea a intervenir para facilitar el intercambio de información entre los Estados miembros.
Uno de los episodios más llamativos se ha producido en Francia, donde dos cazas militares han tenido que interceptar un avión de Aer Lingus que viajaba de Dublín a Roma. El comandante, de nacionalidad irlandesa, se había negado inicialmente a aterrizar en la base militar de Évreux, como le habían ordenado las autoridades tras recibir una amenaza de bomba.
Según ha informado la cadena France 3, el piloto solicitó dirigirse a un aeropuerto civil, pero el primer ministro francés, Sébastien Lecornu, autorizó el despliegue de un Mirage 2000-5 y un Rafale para garantizar el aterrizaje. Los 151 pasajeros y seis tripulantes desembarcaron sin incidentes. La Fiscalía ha abierto tres investigaciones para esclarecer la actuación del comandante.

Aviones escoltados y aeropuertos en alerta
Bulgaria ha sido otro de los principales escenarios de esta jornada de amenazas. Tres vuelos de Ryanair procedentes de Madrid, Londres y Copenhague recibieron avisos sobre la posible presencia de explosivos. Los aparatos fueron escoltados por aeronaves militares y, una vez en tierra, sus pasajeros tuvieron que abandonar los aviones mientras los equipos especializados inspeccionaban las cabinas y el equipaje.
Los vuelos procedentes de Madrid y Copenhague llegaron a Sofía, mientras que el de Londres fue desviado a Plovdiv. Las autoridades búlgaras confirmaron posteriormente que ninguna de las amenazas era real.
En Italia, un vuelo de Finnair procedente de Helsinki aterrizó en Roma acompañado por cazas italianos. A bordo viajaban 144 personas y las inspecciones tampoco encontraron objetos sospechosos. Otra conexión de la compañía hacia Viena recibió una alerta similar, al igual que un avión de Ryanair que cubría la ruta entre Oporto y Milán.
Las incidencias se extendieron también a República Checa, Rumanía, Bélgica y Grecia. Cuatro aeronaves con destino a Praga fueron inspeccionadas tras recibir amenazas, mientras que en Bucarest se activó un dispositivo de seguridad por un vuelo de Wizz Air procedente de Milán con 189 personas a bordo.
En Bruselas, un avión de LOT aterrizó bajo medidas especiales de seguridad. Por su parte, dos vuelos de la aerolínea griega Aegean tuvieron que someterse a revisiones antes de continuar sus trayectos.
La actividad aeroportuaria también se vio alterada en Varsovia, donde una pista permaneció cerrada temporalmente, y en Copenhague, donde se movilizaron efectivos policiales y especialistas militares en explosivos.
La Comisión Europea interviene
Ante la acumulación de incidentes, Bruselas ha activado un mecanismo de coordinación para compartir información sobre seguridad aérea entre los países de la Unión Europea.
El comisario europeo de Transporte, Apostolos Tzitzikostas, ha confirmado que mantiene contactos con las autoridades nacionales y con la Agencia de la Unión Europea para la Seguridad Aérea.
No obstante, ha advertido de que todavía es pronto para determinar si las amenazas están relacionadas entre sí. Mientras continúan las investigaciones, las autoridades europeas buscan esclarecer el origen de unas alertas que han obligado a movilizar importantes recursos de seguridad en numerosos aeropuertos del continente.

