Opinión

La bondad y el asco padre

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Hace más de cuarenta años de la entrevista, estamos en los ochenta, y Gloria fuertes está en televisión.  Le preguntan qué es lo que le gusta de las personas, ella responde sin dudar: «Pues mira, a mí desde hace un tiempo lo que más me erotiza de las personas es la bondad.  Porque he visto gente muy maja, tíos muy majos, y señoras muy guapas […], y luego por dentro eran la anti elegancia y el asco padre», contesta.  Y yo, que no sé cuántas veces he oído esta expresión desde la primera vez que la escuché, asco padre, sigo pensando que es una forma estupenda de adjetivar a tantas personas que uno se va encontrando por la vida, a veces en la cercanía, a veces, con más suerte, a lo lejos.  Personas que son el asco padre.

Y es que uno se va topando con todo tipo de gente en la vida: gente guapa, personas con poder, elegantes, listos, más listos, ladinos, super inteligentes, aún más sabios, artistas, pero somos muchos los que por encima de todo esto valoramos la bondad.  Yo, por encima de todo, valoro la bondad en las personas.  Dicen algunos que la bondad es la cúspide de la inteligencia, lo dicen pensadores y filósofos.  A mí me encanta la frase de Unamuno que dice que todo acto de bondad es un acto de poderío.  La suscribo completamente.  La bondad es un acto de poderío.

Ser buena persona es, por encima de todo, un acto de voluntad, una opción que uno elige, y no tiene que ver (o sí, pero no es obligatorio) con ser una persona religiosa.  Hay que estar lleno de coraje para querer seguir siendo una buena persona cuando uno vive o es testigo de determinadas cosas.  Y lo mismo pienso de la dignidad.  Cuánto no cuesta mantener la dignidad en determinadas ocasiones.  Y a mí me encanta ver ejemplos cada día, por pequeños que sean.   Porque cada día también vemos todo lo contrario.

Parece que nos acostumbramos a ver cosas que a mí me recuerdan la frase de Roy, el replicante de Blade Runner, cuando instantes antes de morir bajo la lluvia confesaba que había visto cosas que los humanos no creeríamos.  Nosotros, los humanos, también hemos llegado a un punto en que cada día vemos cosas que hace tiempo no creeríamos que podríamos llegar a ver.   Sin embargo, suceden.

Pienso en el accidente de la semana pasada y en todo lo que estamos viendo cada día, y parece que los malos tiempos para la lírica han llegado para quedarse.  Pero quiero pensar que en el fondo no da todo igual, no a todo el mundo, incluso aunque esas personas no salgan a la calle a destrozar nada.  No da igual lo que pasó la semana pasada cuando chocaron dos trenes, ni todo lo que vino a continuación.  No da igual.

Puede que suene un poco ñoño, pero en el fondo creo que no me equivoco al reivindicar a las buenas personas ahora que se hacen tan visibles tantas personas que son un asco padre.  Creo que somos la mayoría los que queremos personas dignas y decentes en nuestras vidas, cerca de nosotros, y en los estamentos públicos, gobernándonos, que en estos últimos debería ser obligatorio, aunque una mira la Historia y no sabe si en el fondo hay algo que hacer.   De bueno es tonto, escuchamos de tantas personas mientras se elogia a los ladinos, a los estrategas, a los que han sabido llegar donde otros eligieron no estar.  Y así por los siglos de los siglos.

Supongo que esa es nuestra sociedad, y puede que no seamos capaz de cambiarla, o sí aunque yo no lo vea (o sí, quién sabe), mientras tanto creo que nos conformaríamos con un poco de bondad encarnada en respeto y dignidad, y un poco de silencio antes que hablar por no callar, sobre todo cuando viene de personas que Gloria Fuertes calificaría de asco padre.

Pues eso, con todo lo que vemos, con todo lo que hemos visto, a todos los que siguen empeñándose en no dejarse envilecer, que en estos tiempos es mucho decir: mis respetos por seguir demostrando poderío en medio de tanto asco padre.