La de hoy es una crónica parlamentaria distinta. Es muy difícil escribir de política cuando las familias de las víctimas del terrible accidente de Urda acaban de recibir los restos de sus seres queridos. Es muy difícil respetar su dolor y, al mismo tiempo, contar lo que ha sucedido en la comparecencia del ministro Óscar Puente, a petición propia, en la Diputación Permanente del Congreso. En Urda fue la tremenda dureza de la vida lo que nos conmocionó a los españoles; en la Carrera de San Jerónimo fue la crudeza y la volatilidad de la vida política lo que nos sorprendió a todos.
Estamos a menos de un mes de las elecciones generales más decisivas y tensas en medio siglo de democracia española y, aunque me da mucha pena decirlo, en la histórica tarde en el Congreso de ayer quedó claro que ya nadie piensa en las víctimas y que todos piensan en los votos. La sesión transcurrió, sin embargo, con mucho más respeto, orden y silencio del que ha sido habitual en el hemiciclo durante toda la legislatura.
El ministro compareció solo y su dimisión fue solicitada por todos los grupos parlamentarios, a excepción de Bildu y los socialistas. La Diputación Permanente se convirtió, de súbito, en el teatro romano de Mérida, pero nadie se percató de la tragedia griega que iba a representar con maestría el antiguo actor universitario. El Danton de Pucela fue la estrella absoluta de una tarde en la que solo Vox rompió el guion de este Edipo Rey a la inversa con que se despidió de la escena política (de momento) el antiguo alcalde de la ciudad de Miguel Delibes.
El show de Vox
Tras el 29-N solo hay dos gobiernos posibles: el de Feijóo con Vox, o el de Sánchez con otro Frankenstein. Lo he escrito muchas veces y lo vuelvo a repetir. El comportamiento de Vox negándose a interrumpir la campaña electoral en señal de duelo (como han hecho todos los demás partidos) y despreciando los “minutitos de silencio” y su abandono de la Diputación Permanente tras la intervención de su “moderada” portavoz me vuelve a convencer de que Abascal lo que quiere es que Feijóo fracase en la conquista de La Moncloa y así tener más cerca su sueño del sorpasso al PP y de la lepenización de la derecha española.
No voy a comentar las palabras que Abascal y sus huestes han dedicado estos días a las santas madres de Sánchez y Puente, ni las gravísimas descalificaciones que les han dedicado a ellos; solo diré que el esperpéntico y vergonzoso show que han montado con su inopinada y preparada salida de la Sala Constitucional del Congreso es una grave falta de respeto a las víctimas y otra descarada politización del accidente que en nada ayuda a sus aspiraciones de victoria electoral. Vox va de trumpada en trumpada, precisamente el día en que, como diría Churchill, ha empezado el fin del principio del trumpismo o, tal vez, el principio del fin. Una noticia gloriosa para la humanidad, que Alexis de Tocqueville no cesará de celebrar en los cielos de la democracia.
Edipo Rey y el adivino ciego
Y lo peor para el PP es que esto ocurre cuando su portavoz, Ester Muñoz, volvió a realizar una gran intervención parlamentaria y fue realmente la única que puso en dificultades a Óscar Puente. La diputada leonesa le espetó al diputado por Valladolid: “Es ministro para evitar accidentes, no para explicarlos”.
Ester Muñoz fue dura, contundente, pero empleó el tono que la tarde requería y en la réplica (que no leyó) desmontó con éxito varias afirmaciones del ministro, recriminándole que se hubiese negado a realizar debates serios y rigurosos sobre el estado del ferrocarril en nuestro país durante esta legislatura. En mi humilde opinión, si el PP quiere llegar a La Moncloa, tiene que prestar más atención al “fuego amigo” que al de sus adversarios socialistas.
Pero volvamos a Sófocles, volvamos a la tragedia del rey de Tebas que hoy Óscar Puente ha reinventado. En Edipo Rey, el monarca ignora su terrible destino que, en cambio, Tiresias, el adivino ciego, sí conoce. Nadie apostaba ayer un euro por la dimisión de Puente, ni en el Congreso ni el pueblo más remoto de la isla de El Hierro ni en ningún otro rincón de España. Solo Óscar Puente conocía su dimisión (que dio la impresión de comunicar por mensaje de móvil a Sánchez, poco antes de anunciarla a la Cámara).
En su intervención de cierre de la sesión asumió sus responsabilidades políticas (que, por lo demás, eran inexcusables y habría sido un auténtico suicidio político para el PSOE tratar de evitar) con una dignidad y una emoción muy difíciles de igualar. Puente dirigió sus palabras al corazón de todos los socialistas españoles y ofreció su dimisión a toda la izquierda de nuestro país con un discurso espectacular. En una nación en que nadie dimite por nada, su gesto renunciando en directo, en la sede de la soberanía nacional, nos dejó a todos los presentes pasmados, incluidos los diputados del PP.
La nueva línea de la responsabilidad
Óscar Puente dijo que su dolor por las víctimas era enorme y sincero, y yo le creo. Muchos acusan, con razón, al sanchismo de haber cruzado muchas líneas rojas que nadie había osado traspasar antes. La dimisión del ministro de Transportes es, sin embargo, la nueva línea que marcará la asunción de las responsabilidades políticas en España y que nadie va a poder obviar en el futuro. El acto final de esta tragedia política (las tragedias reales y terribles son las de Urda, Adamuz y Angrois) confirmó al Danton de Pucela como un visionario Tiresias, lleno de lucidez política, y a los demás como ciegos Edipos que nos enteramos de muy poco.
No tengo ni idea de lo que va a pasar en las elecciones, porque la política española se ha convertido en los últimos meses en una frenética montaña rusa que gira sorprendentemente cada día, y aún nos quedan varias semanas de campaña. Estaré a lo que diga Andrés Medina, el oráculo de Delfos de la demoscopia española, en Artículo14. Solo apuntaré que su dimisión resucita a su partido y les vuelve a dar esperanzas, ganas, ilusión y, sobre todo, relato: ya verán como en lo que queda de campaña no se hablará de otra cosa que de comparaciones. Como son odiosas, no les mentaré ninguna a mis lectores.
¡Volverá!
No soy Tiresias, ni siquiera Tezanos, pero créanme cuando les digo que la carrera política de Óscar Puente no se ha acabado; estoy seguro de que, como el general Douglas MacArthur, ¡volverá! El PSOE no se puede permitir el lujo de prescindir de él mucho tiempo, ni las redes sociales tampoco.
Yo solo sé que ayer asistí en directo a la histórica despedida de un grande de la escena, de un formidable animal político que dedicó sus últimas palabras a su abuelo, a su hermana y a su madre. Asistí a un adiós que honra a las víctimas, a los socialistas y a la política. Asistí al adiós de un hombre bueno.
Sé también que Óscar Puente me ha demostrado que Jorge Luis Borges, siempre Borges, además de escribir a una altura que en la lengua española solo ha hollado Miguel de Cervantes, encima, acierta: “ Entre las cosas hay una / de la que no se arrepiente / nadie en la tierra. Esa cosa / es haber sido valiente”

