Opinión

Puente dimite entre garrotazos, felpudos y el poema de la morcilla

MADRID, 03/11/2026.- El ministro de Transportes, Óscar Puente (detrás), durante su comparecencia en la Diputación Permanente del Congreso para informar de las causas del accidente ferroviario de Urda. EFE/ Fernando Villar
El ministro de Transportes, Óscar Puente, escucha a Rufián en la Diputación Permanente. EFE/ Fernando Villar
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La comparecencia de Óscar Puente en la Diputación Permanente del Congreso, seis días después del accidente ferroviario de Urda que, mientras escribo, se ha cobrado la vida de 69 personas y ha dejado más de 200 heridos, y rematada con su dimisión, ha sido el prólogo extraoficial y nefario de una campaña electoral que, como tal –y tal–, arranca en una medianoche con nombre de película de terror. Las dos Españas que han de helarle el corazón al españolito que viene al mundo se alzaron en armas –dialécticas, se entiende– para ciscarse, los hunos, en el ya exministro de Transportes y Movilidad Sostenible, o para meterle en el mismo saco del PP, los hotros, porque Angrois y Ana Pastor, porque Isabel Díaz Ayuso y las residencias, y demás villanías de la derechaylaultraderecha.

Los diputados se pasaron la tarde del martes decorando con concertinas el muro que erigió el presidente en su sesión de investidura. Supuraron odio, servilismo, hipocresía. Pepa Millán le dijo a Puente que “no tiene ni dignidad ni vergüenza”. Verónica Barbero, de Sumar, Frente Amplio o como carajo se llame semejante felpudo hecho de retazos de sábanas sucias, le agradeció al exministro “su presencia”. “A mandar, que para eso estamos”, le faltó añadir. El propio compareciente atizó a los diputados de Vox, que se dieron el piro en cuanto la portavoz terminó su discurso, afeándoles que “el Parlamento les sobra por completo”, cuando su jefe, el yerno de Sabiniano, el de las saunas, proclamó campanudo, hace dos años: “Vamos a avanzar con determinación, con o sin apoyo de la oposición, con o sin concurso del poder legislativo”.

Durante su exposición, Puente calcó lo dicho durante la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros. En las réplicas, torearon al alimón genoveses y voxeros, conscientes, a diferencia de lo que sucedió en 2023, de que enemistados no llegan a la vuelta de la esquina. Ester Muñoz, tras acordarse de las víctimas, apuntó a la barriga: “Qué bien se le da explicar por qué muere la gente en los trenes y qué mal se le da evitar que la gente muera en los trenes. Usted no es ministro para explicar accidentes. Es ministro para, precisamente, evitarlos”. Nihil obstat. La portavoz del PP invocó a Ábalos, a sus sobrinas y a Koldo. “Es evidente que usted”, continuó, “carece de toda virtud”. Millán le echó más arroz a la paella: “Su proyecto político está matando a la gente”. La portavoz de Vox le aseguró al titular de la cartera de Transportes que su partido “va a hacer lo imposible para que usted pague”.

Al otro lado del muro, abundaron los masajes –Toni Valero, de Sumar: “A nadie le importa un ajuste de cuentas político”; Mertxe Aizpurua, de EH Bildu: “La mejor respuesta a las víctimas no es una dimisión”; el breogancito del Benegá, Néstor Rego: “Responsabilidad compartida entre el PSOE y el PP”– y las peticiones de dimisión pequeñas, peludas y suaves, tan blandas por fuera que se dirían todas de algodón –Verónica Barbero, Mikel Legarda, del PNV–. La portavoz de Podemos, Ione Belarra: “Han jugado a la ruleta rusa y la pistola se ha disparado dos veces”. Señaló al periodista Carlos Elordi Cué, “muy cercano a Moncloa”. Gabriel Rufián comenzó a la manera de Alsina, o sea, alabando al exministro: “Usted es un buen político y usted da la cara, que es bastante más que lo que hemos tenido hasta ahora”. Al poco, el portavoz de ERC se puso a repartir galletas, pero con finura: que si está mal culpar al trabajador, que si el sistema ferroviario está hecho unos zorros, y así. La puigdemontonera Miriam Nogueras: “Se trata de buena o mala gestión. Esa diferencia radica en si se dirige desde Madrid o desde Cataluña”. Que el supremacismo no falte. Al final, con el respetable exhausto –la comparecencia arrancó a las 17:11–, Puente cantó su dimisión: “Un ministro de Transportes de un país como España no puede continuar en su cargo con dos accidentes de esta gravedad en menos de un año. (…) Es una cuestión de dignidad política, de coherencia y de empatía con las víctimas”. Mientras, rebrotaban, dolientes y terriblemente oportunísimos, aquellos versos del magnífico Ángel González: “Nada es lo mismo, nada / permanece. / Menos / la Historia y la morcilla de mi tierra: / se hacen las dos con sangre, se repiten”.

Qué oscuro se adivina el horizonte. Lasciate ogne speranza…

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