Primero cayó José Luis Ábalos. Luego, Santos Cerdán. El siguiente fue Paco Salazar. Y el último en saltar, sin contar a José Luis Rodríguez Zapatero, ha sido Óscar Puente.
El núcleo duro que ha acompañado a Pedro Sánchez desde que accedió a la presidencia del Gobierno en 2018 quedó ayer prácticamente desintegrado después de una legislatura con demasiadas curvas, algunas por corrupción (Ábalos, Cerdán), otras por escándalos de acoso (Salazar) y una última por el quebranto que ha causado el catastrófico accidente ferroviario en Urda (Toledo) con Puente a los mandos del Ministerio de Transportes.
La salida de Puente del Consejo de Ministros es un duro golpe para Sánchez, que tendrá que remar hasta la orilla de las elecciones del 29 de noviembre con un núcleo duro reducido a la mínima expresión. A su lado solo quedan el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños; el de Transformación Digital y Función Pública, Óscar López; y en menor medida el de Exteriores, José Manuel Albares.
Los inamovibles
Otras figuras que le han acompañado desde el primer día de Gobierno hasta hoy como el titular de Interior, Fernando Grande-Marlaska, y la de Defensa, Margarita Robles, nunca han tenido el peso específico de otros dirigentes en cuyas manos se concentraron grandes poderes e influencias por delegación de Sánchez.
Los caídos han desaparecido de la primera línea dejando a su paso titulares de gran escándalo que, inevitablemente, ha llevado a hacerse la pregunta de cuánto sabía el presidente. No solo fueron estrechos colaboradores, sino que fueron los muñidores del sanchismo, sus estrategas y sus piezas claves para articular alianzas y trazar el rumbo.
Las manos derechas
Ábalos fue decisivo en el alumbramiento de Sánchez como líder del PSOE y en su acceso a la Moncloa negociando los apoyos para la moción de censura que venció en 2018. También fue quien se encargó de cerrar el primer gobierno de coalición con Unidas Podemos. Fue el todopoderoso secretario de Organización del PSOE y, a la vez, el ministro de Transportes. Tuvo que dejar ambas responsabilidades cuando comenzaron a aparecer pruebas de que se había corrompido.
Cerdán no fue menos importante. Tomó el relevo en la secretaría de Organización del PSOE y asumió la dirección de las conversaciones con Carles Puigdemont en Waterloo y con la dirección de Junts a nivel doméstico para impulsar la ley de Amnistía. Fue esencial para articular la investidura de Sánchez tras las generales de 2023, puesto que también sobre sus espaldas recayó el peso de las negociaciones con PNV y Bildu.
Acoso en Moncloa
La corrupción también se llevó por delante a Cerdán, que pensó en Paco Salazar como el hombre ideal para la Secretaría de Organización adjunta del PSOE. Desde esta posición se convertiría en el nuevo interlocutor y mediador principal con Junts, pero las denuncias de acoso sexual precipitaron su dimisión en bloque antes de que el nombramiento se hiciera oficial.
Salazar ya era clave dentro del Gabinete de la Presidencia del Gobierno como secretario general de Coordinación Institucional, una posición esencial para engrasar el funcionamiento de los ministerios, y también era una pieza importante en la estrategia electoral. Después de ser apartado por acoso sexual, Artículo14 reveló unas imágenes donde se le veía almorzando con la entonces portavoz del Gobierno, Pilar Alegría, con quien compartió comida y confidencias después de ser cesado por acosar a subordinadas.
Todas estas caídas, a las que en realidad hay que añadir la de Zapatero (un recurso político de primer orden para Sánchez en cuanto a la relación con Junts, por ejemplo), habían elevado el peso político de Óscar Puente en el entorno del presidente del Gobierno. Su dimisión certifica la maldición del núcleo duro de Sánchez en el que solo han sobrevivido los cercanos hasta cierto punto.

