Inspirada por el modelo de seguridad implantado por el presidente salvadoreño Nayib Bukele, la presidente de Costa Rica Laura Fernández anunció esta semana la inauguración de su proyecto estrella, el Centro de Alta Contención contra el Crimen Organizado (CACCO). La cárcel de alta seguridad abrirá sus puertas el próximo 14 de octubre, y su apertura coincide con el giro derechista que está viviendo toda América Latina.
En el vídeo promocional del proyecto, Fernández aparece mirando con desidia a parlamentarios opositores que ponen en cuestión sus intenciones para mejorar la seguridad en el país centroamericano. Caminando entre los pasillos iluminados del centro penitenciario, la presidenta defendió que la apertura del CACCO llega en respuesta al “dolor de las víctimas inocentes, por las familias honestas que viven presas del miedo, por un pueblo que está cansado de la impunidad y pide mano dura contra los delincuentes”.
Para Fernández, la inauguración del centro es cumplir una misión central de su mandato. “Por eso lo prometimos, y hoy podemos decir con orgullo que el CACCO está listo. Porque hoy más que nunca vamos a defender a nuestra patria con toda nuestra fuerza”, vaticinó. Sus críticos, no obstante, le achacaron que el anuncio “suena a puro humo”, y que lo de la “mega cárcel es una mentira, ya que es una cárcel pequeña”.

La presidenta costarricense defiende que su enfoque se centra en aislar a los cabecillas del crimen organizado desde la cárcel, fortalecer operativos policiales y mantener estados de excepción focalizados, mientras insiste en que Costa Rica no replicará las detenciones masivas ni la suspensión generalizada de derechos que caracterizan al modelo de Bukele.
Según el diario El Litoral, en Costa Rica la violencia vinculada al narcotráfico ha crecido en los últimos años, con una tasa de homicidios de 16,7 por cada 100.000 habitantes en 2025, lo que ha alimentado la demanda social de respuestas más duras. En El Salvador, Bukele logró reducir drásticamente los homicidios aplicando un régimen de excepción y la construcción del CECOT, una mega cárcel para recluir a miles de presuntos pandilleros. Los críticos le acusan de campañas de detenciones masivas y restricciones de las libertades civiles.
Así es la megacárcel de Costa Rica
Fernández presume de querer aplicar “mano dura” adaptando algunas de las experiencias puestas en práctica en El Salvador. En el CACCO, habrá plazas para entre 5.000 y 10.000 reclusos. Pretenden así cortar de raíz la actividad criminal, dificultando el vínculo con los cabecillas de mafias en el exterior y evitar que sigan ordenando operaciones desde las prisiones, como ocurrió en el pasado.
La presidenta costarricense propone suspender algunos derechos individuales de forma “temporal y localizada” en zonas calientes para desarticular delincuentes y bandas organizadas, aunque subraya que no serán medidas colectivas como las aplicadas por Bukele. También se establecerá un nuevo centro operativo para coordinar la seguridad, refuerzos policiales y campañas contra el crimen organizado para librar una “guerra total” contra los clanes mafiosos.

La inspiración salvadoreña es clara. En 2025, el ex presidente de Costa Rica Rodrigo Chávez visitó El Salvador, recorrió los pasillos del CECOT y expresó su interés de importar el modelo de Bukele. En enero, el presidente salvadoreño visitó las obras del CACCO en Costa Rica, y participó en el acto inaugural para poner la primera piedra. No obstante, Fernández aclara que no aspira a una “bukelización” plena de su modelo de seguridad.
Fernández presenta su política como prolongación de la estrategia desarrollada por su antecesor Chaves, con reformas profundas pero dentro del marco judicial costarricense, a diferencia del giro más rupturista y concentrador de poder que se ha atribuido a Bukele. La presidenta es consciente de las críticas de organizaciones de derechos humanos, que alertan sobre los riesgos de replicar la mega cárcel de El Salvador, donde se denuncian abusos, hacinamiento y falta de garantías para los presos.

Para quienes defienden la medida de la presidenta, se argumenta que solo la política de “mano dura” logrará reducir la presión que aplican las redes de narcotráfico. Se piden medidas más contundentes, y se pone el modelo de Bukele como referente, que ha logrado reducir drásticamente los homicidios y devuelto la seguridad a las calles. De 6.656 homicidios en 2015, El Salvador registró apenas 30 asesinatos hasta el 10 de julio de este año.

