Los peligros de ver la delgadez extrema en los medios

Los trastornos de la alimentación pueden afectar a personas con cualquier tipo de antecedentes

Extrema delgadez
Extrema delgadez

Los trastornos de alimentación o trastornos de la conducta alimentaria son enfermedades que afectan la salud física y mental e incluso ponen en riesgo la vida de quien los padece, según los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH, por sus siglas en inglés).

Según los institutos, los trastornos de la alimentación pueden afectar a personas de cualquier edad, origen racial y étnico, peso corporal y sexo.

La restricción alimentaria, ejercicio físico compulsivo aumenta la vulnerabilidad al desarrollo de un trastorno de conducta alimentaria, según advierte Paula Villapalos, psicóloga de la Unidad de Trastornos de Conducta Alimentaria del Hospital Universitario Quirónsalud Pozuelo. “La exposición repetida a ideales corporales muy delgados puede contribuir a aumentar la insatisfacción corporal, la comparación social y la internalización de un ideal de delgadez, especialmente en adolescentes y personas vulnerables”, agrega.

Los trastornos de la conducta alimentaria tienen un origen multifactorial en el que intervienen factores biológicos, psicológicos, familiares y socioculturales. Por ello, la especialista señala que el problema aparece especialmente cuando un determinado tipo de cuerpo se muestra de manera reiterada como sinónimo de éxito, belleza, salud y aceptación social.

La más reciente tendencia

La asociación entre delgadez extrema y éxito o belleza no es nueva. Sin embargo, en los últimos años la aparición pública de determinadas figuras con cuerpos extremadamente delgados ha vuelto a situar este ideal en el centro de la conversación. A ello se suma que algunas celebridades han hablado públicamente del uso de agonistas del receptor GLP-1 para conseguir una reducción de peso.

Fotografía: EFE

Estos medicamentos fueron desarrollados inicialmente para el tratamiento de la diabetes tipo 2 y también se utilizan, en determinados casos, para el manejo de personas con obesidad que cumplen criterios clínicos. “Su utilización debe responder siempre a una valoración médica individualizada y teniendo en cuenta el estado de salud, los beneficios esperados y los posibles riesgos”, señala Villapalos.

La especialista recuerda que el uso de estos fármacos no debe convertirse en una herramienta destinada únicamente a modificar la apariencia física. “Fuera de estas indicaciones, la evidencia científica actual no respalda su utilización con fines exclusivamente estéticos”, afirma.

Más allá del método empleado para conseguir una determinada apariencia, el problema surge cuando la delgadez extrema se convierte en un modelo que otras personas sienten que deben imitar. “Aumenta la presión por alcanzar un tipo de cuerpo que no es realista ni saludable para la mayoría de las personas”, explica la psicóloga.

Esta presión puede traducirse en conductas de riesgo, como restringir la alimentación, realizar ejercicio físico de manera compulsiva o recurrir a estrategias poco saludables para perder peso. Según Villapalos, estas conductas pueden aumentar la vulnerabilidad al desarrollo de un trastorno de conducta alimentaria.

Los adolescentes constituyen uno de los grupos especialmente vulnerables. También existe un mayor riesgo entre las personas con antecedentes de TCA, elevada insatisfacción corporal, baja autoestima, perfeccionismo relacionado con la imagen o una preocupación excesiva por el peso y la apariencia física.

Hablar de lo que aparece en redes

Las redes sociales han multiplicado la exposición a imágenes de cuerpos que pueden funcionar como referentes para los más jóvenes. Frente a esta realidad, Villapalos considera importante enseñar a los adolescentes a interpretar estos contenidos de manera crítica. “Es importante explicarles que esos cuerpos no son representativos de la diversidad corporal que existe en la población”, apunta. La especialista recuerda que cada persona tiene unas características diferentes. “Es por esta razón que no existe un único cuerpo saludable al que aspirar”.

Una de las herramientas para reducir el impacto de estas imágenes consiste precisamente en cuestionar lo que se ve en pantalla. Muchas fotografías están seleccionadas, retocadas o presentan únicamente una parte de la realidad de una persona. Además, la apariencia física no permite determinar por sí sola cuál es el estado de salud de alguien. “El objetivo, no es convencer a los adolescentes de que determinados cuerpos no existen, sino evitar que los conviertan automáticamente en un modelo con el que compararse. “El objetivo no es convencerles de que esos cuerpos no existen, sino de que no tienen por qué convertirse en un modelo con el que compararse”, señala Villapalos.

Ser delgado no es lo mismo que estar sano

La delgadez extrema tampoco debe interpretarse como un indicador de buena salud. Cuando el organismo recibe una cantidad insuficiente de energía, pueden aparecer consecuencias que van mucho más allá de los cambios físicos visibles.

Entre las posibles complicaciones, Villapalos menciona “la pérdida de masa muscular, alteraciones hormonales, disminución de la densidad ósea, problemas gastrointestinales” y alteraciones en la capacidad del organismo para regular la temperatura.

Estas consecuencias pueden afectar al funcionamiento de diferentes órganos y, en los casos más graves, llegar a comprometer la vida. Por ello, asociar automáticamente delgadez con salud puede transmitir un mensaje especialmente perjudicial.

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